Los planes aportan solo un cuarto del ingreso de los más pobres

Hay una percepción generalizada de que los más pobres viven del asistencialismo; las evidencias demuestran que en su ingreso tres de cada cuatro pesos provienen de trabajos. Por eso, para bajar la pobreza es más importante mejorar la calidad de los empleos y reducir la inflación que expandir los programas sociales, dice la consultora Idesa. Ayer el Gobierno nacional publicó el decreto para transformar planes en empleo para lo que se establece una reducción de cargas patronales.

En el segundo trimestre del 2020, cuando el confinamiento fue más estricto, había 3 millones de ocupados informales menos, considerando como tales a empleados “en negro” y cuentapropistas. Como la informalidad está muy asociada a la pobreza, era previsible que en la primera mitad del año pasado la incidencia de la pobreza superara el 40%.

En el segundo trimestre de este 2021 –con la flexibilización de las restricciones– se recuperó todo el empleo informal que se había perdido pero la pobreza se mantuvo por encima del 40%.

Un análisis de Idesa repasa que en el 2019 la pobreza era de 35%, cuando había muchos menos planes asistenciales. Entonces había 4,2 millones de Asignaciones Universal por Hijo, hoy son 4,4 millones; el Ministerio de Desarrollo Social repartía 625.000 beneficios alimentarios cuando ahora son 1,7 millones las tarjetas alimentarias; se entregaban 775.000 planes a organizaciones piqueteras y ahora son un millón a través del “Potenciar Trabajo”.

Según datos de Indec los ingresos laborales representan el 73% de los ingresos totales de las familias; los no laborales (mayormente asistencia social) son el otro 27%. En el 2019 se observaba una distribución similar ya que los ingresos no laborales representaban 28%.

Solo un cuarto de sus ingresos viene de la asistencia social. El asistencialismo fue transitoriamente importante para los pobres durante el 2020 cuando el confinamiento estricto los privó de salir a trabajar. Pero en el 2021, cuando la población se liberó y volvió al mercado laboral, la fuente principal de ingresos de los pobres vuelve a ser el trabajo.

El informe de la consultora se indica que en el debate sobre la pobreza subyace la idea de que el grueso de los ingresos de los hogares pobres proviene de las ayudas asistenciales. Este es el diagnóstico con el que se sostiene que, para paliar el problema, hay que destinar más fondos a la asistencia social.

“Las evidencias están señalando que el diagnóstico es equivocado. Aun cuando los pobres recibieran mayores ingresos asistenciales, el ingreso total les aumentaría poco porque la mayor parte de sus ingresos proviene del trabajo. En el mismo sentido, esta realidad también relativiza la idea de que el asistencialismo induce a la gente a no trabajar. Los datos sugieren que la mayoría de los pobres que reciben ayudas asistenciales se incorporan al mercado laboral, cuando tienen oportunidades de hacerlo”, agrega.

En esa línea agrega que los datos señalan que la principal herramienta para luchar contra la pobreza es reducir la inflación. A los ingresos generados a través del trabajo informal, que son el principal sustento de los hogares pobres, les cuesta más que al resto de las remuneraciones seguir el ritmo de los precios. Por eso, en un contexto en el que la inflación supera el 50% anual, si el aumento de gasto asistencial es con más emisión monetaria (que exacerba la inflación), lejos de ayudar a los pobres se los termina perjudicando aún más. El aumento de ingresos que llega a través de los planes asistenciales nunca va a compensar la pérdida por licuación que les produce la inflación en los ingresos laborales.

La otra conclusión es que la vía más directa para reducir la pobreza –además de reducir la inflación– es aumentar la cantidad y calidad de los empleos y la empleabilidad de los pobres. Para Idesa es clave “modernizar la legislación laboral y tributaria induciendo más inversión y facilitando la generación de nuevos empleos de calidad”.

“Por el otro, asegurar que los niños y jóvenes de las familias pobres tengan educación pública de calidad y terminen la secundaria. En lugar de seguir insistiendo con el asistencialismo, que no tiene capacidad para bajar la pobreza y menoscaba la dignidad de las personas, es crucial avanzar en modernizar la legislación laboral e impositiva y la educación del Estado”, añade.