La simulación del barco se fue a pique

En su afán de mostrar gestión terminaron en un papelón revelado rápidamente por inaugurar, como tantas otras veces, algo que no estaba terminado.

Por Javier Boher

Sobran historias sobre las puestas en escena y los engaños al servicio de una causa política. Algunas veces se planeaban para fines nobles como vencer a los nazis. Otras veces, un tanto menos glamorosas, para hacer parecer que había asistido más gente a una marcha.

Siempre se ha buscado influir en la opinión pública de muchas maneras, lo que se hacía más fácil en los tiempos previos a la comunicación moderna o en la etapa inmediatamente posterior reconocida por la comunicación de masas unidireccional. Todas esas certezas desaparecieron con las redes sociales y la inmediatez de los teléfonos inteligentes con conexión permanente a internet.

Algo así es lo que enterró, casi en tiempo récord, todo lo que el oficialismo esperaba lograr al simular el bautismo de un barco botado por Astilleros Río Santiago.

Hubo discursos emotivos sobre el rol del Estado para promover la industria, sobre el rol estratégico de la marina para los intereses de la patria y la forma en la que se había recuperado el orgullo que el neoliberalismo había querido hundir. Esa puesta en escena para tocar las fibras sensibles de los acríticos consumidores de las gacetillas oficiales fue rápidamente deschavada como la farsa que fue. En menos de un día se supo que el barco, una lancha de la Armada, no está en condiciones operativas.

La nave en cuestión carece de timón, ejes de hélice y hélices. Quizás sirve para hacer un casino flotante o un hotel con ambientación náutica, porque definitivamente no sirve para custodiar nuestros mares, salvo que quieran ponerle una garita de vigilancia en la cubierta para la gente que sale a andar en hidropedal por la ribera porteña.

La historia, por supuesto, tiene que ver con lo mismo de siempre. Sin recursos para terminar a tiempo, pero apremiados por unas elecciones para las que la ciudadanía les pidió gestión, quisieron simular un poco de esta última con uno de los caprichos estatistas que tanto rédito les dio en otro momento.

No sorprende a nadie que gente comprometida con la obra pública y la inauguración de canillas y rotondas simule algo como lo que montó. Sí sorprende que aún no se hayan dado cuenta de lo rápido que corre esa información, en un contexto de muchísima debilidad política. Hoy es más difícil de esconder que en los tiempos de la central eléctrica que para los actos se iluminaba con electrogeneradores.

Este tipo de situaciones recuerdan a “Buenas noticias”, aquel sketch de Todo por Dos Pesos en donde se reían de la nostalgia por la industria nacional. Con ganas de simular poderío industrial en esa línea de recuperar obsoletas piezas de nuestra historia bien podrían seguir con algunos otros ejemplos exitosos de ingeniería argentina.

Con el fin de movilizar a los trabajadores de la economía popular podrían mostrar alguno de los vehículos para la electromovilidad que anunció el ministro Kulfas en su plan de reactivación. Seguro hay por allí una linda carrocería a la espera del cobre y el litio argentinos que completarían el vehículo en condiciones de prestarse a un pomposo acto sobre la soberanía en utilitarios eléctricos.

Otra cosa que podrían hacer es presentar alguno de los aviones Pucará para los que anunciaron una vuelta al ruedo. Un avión de 50 años con el genérico “refuncionalización”. Orgullo argentino para reconquistar los cielos, aunque capaz cueste hacerlos arrancar con el calentador de bujías de Rastrojero que le deben haber puesto por estar a mano. Un detalle que seguramente no le importe a Jorge Taiana, el ministro de defensa.

Este tipo de situaciones, que despiertan sospechas por parte de los que no ven reactivación ni mejora en los indicadores a pesar de los anuncios, se siguen repitiendo aunque se sepan engaños. La mala gestión y el haberse acostumbrando a ello hacen que no se den cuenta de los papelones que hacen en público al celebrar cosas sobre las que otros no se enorgullecerían.

Habría que ver con qué frecuencia podrían seguir inaugurando obras o anunciando logros militares o industriales en estos menos de 30 días que quedan hasta las elecciones. Seguramente veríamos que se repiten anuncios que nunca se concretaron en los hechos, con muchos actores contribuyendo a la causa de la simulación.

Sin embargo, lo que es seguro es que las farsas cada vez se revelarán antes. Apenas un puñado de acólitos y entongados decide seguir con las mismas, porque no parece haber mucho para ganar en sostener tales embustes. En ese deterioro y descalabro sostenido harían bien en empezar a abandonar esas prácticas, porque a ese ritmo de simulación no debe faltar mucho para que boten un barco y se les vaya a pique.