El FdT busca refugio en las tribus K

Los dirigentes del espacio adivinan un escenario muy complejo para las Generales. Desde Buenos Aires piden mantener los votos de las PASO, y para conseguir ese objetivo (de minima) los conductores del frente en Córdoba salen a trabar con las agrupaciones K que no acompañaron en septiembre.

Por Felipe Osman

El último fin de semana, Cristina Fernández habló en el Encuentro Nacional de Jóvenes de la Cámpora, y su discurso dejó varias frases que fueron retomadas por la prensa. Con una de ellas, recordó las palabras de Néstor Kirchner cuando éste apuntó “Nos dicen kirchneristas para bajarnos el precio. Somos y seremos peronistas”. Una sentencia que, al menos en esta provincia, bien puede ser sometida a revisión.
Es que el Frente de Todos, pretendida transmutación de Córdoba Ciudadana, no solo fracasó en el intento de quedarse con un segmento del PJ cordobés, sino que jamás consiguió obrar la alquimia que la vice presidenta anhelaba entre el kirchnerismo duro y una porción del electorado peronista. De hecho, si algo puede ser definido por su esencia, el núcleo del kirchnerismo cordobés siempre apareció como una federación (bastante desordenada) de agrupaciones mucho más íntimamente vinculadas, desde lo ideológico, con la izquierda y la progresía que con la ortodoxia peronista: las tribus K.
Ésta naturaleza choca de frente con una boleta de la que participan dos peronistas indigestos para el kirchnerismo duro como Carlos Caserio y Olga Riutort, a quienes -por dar sólo un ejemplo ilustrativo de la reactividad que generan en estos sectores- el Consejo de Organizaciones de Unidad Ciudadana calificó de “neoliberales”.
En otro pasaje de aquel comunicado publicado algunas semanas antes de las primarias, estos grupúsculos apuntaban: “Esta boleta del Frente de Todos aleja a la militancia organizada y adherentes del Frente de Todos, aleja a miles a lo largo de toda la provincia, a los que militamos desde siempre, constantemente y de sobre manera desde el 2015 a la fecha estando en la calle, en el territorio y en los distintos frentes defendiendo el proyecto nacional y popular, a Cristina y dando batalla al macrismo durante su gobierno de derecha.”
Ahora bien, este desplante, que en su momento fue tenido como un berrinche sin importancia por los armadores del albertismo cordobés, cobra ahora otra dimensión.
Es que el Frente de Todos construyó toda una retórica que naufragó en el intento de ampliar la base electoral del kirchnerismo, y ahora tiene que volver a refugiarse en las tribus K para salvar la ropa (léase, la banca) en las Generales.
Por estas horas, el espacio que vela por los intereses de la Casa Rosada en la provincia trabaja para lograr una reconciliación con las agrupaciones del kirchnerismo duro que no comprometieron sus esfuerzos en el primer tramo de la campaña, que para volver al ruedo exigen una reconducción del discurso que deje de ocultar a la vice presidenta y, por el contrario, reivindique su figura.
La demanda, que en la previa del 12-S fue esperablemente desatendida por adivinarse reñida con el objetivo de ampliar la base electoral del espacio, no parece ahora tan descabellada. Lo que se reclama, en resumidas cuentas, es dejar de ejercitar un discurso que “no convence a los infieles y desencanta aún a los creyentes”.
Si el achique con estos sectores llega, se habrá hecho lo posible por obturar una probable fuga de votos del Frente de Todos hacia la izquierda. Quedará, transitando por cuerdas separadas, la tarea de hacer lo propio con los desencantados que pudieran drenar sus respaldos hacia Hacemos por Córdoba, quien sin una performance sobresaliente en las PASO conserva aún intacto el título de “peronismo de Córdoba”.