Pensamiento mágico al servicio de la economía

Siguen anuncios de programas, capacitaciones y propuestas de leyes que apuntan a dinamizar la economía. En paralelo sigue la mamushka de cepos, la brecha cambiaria, la emisión monetaria y la inflación.

Por Gabriela Origlia

Desde el Gobierno, de cara a las legislativas de noviembre, se multiplican los anuncios. En la última semana apuntaron a los empresarios, franja a la que buscó acercarse el presidente Alberto Fernández con almuerzo y participación en el Coloquio de Idea, una cita que reúne a los más importantes hombres de negocios.

Más allá de los gestos formales, las críticas empresarias continúan y hacen blanco en los cepos que se apilan cual muñecas rusas y en la renovación de la herramienta del control de precios. Todas son vías que fracasaron, pero que se mantienen y refuerzan.

El secretario de Comercio Interior, Roberto Feletti, advirtió que el Gobierno aplicará la ley de abastecimiento y precios máximos “no consensuados” si no se llega a un acuerdo para congelar los valores de más de 1.200 productos de la canasta básica.  “Evidentemente, si no se llega un acuerdo vamos a tener que aplicar las leyes. Es algo que trato de impedir, porque creo en los acuerdos sociales”, sostuvo. La frase -que es textual- parece una amenaza: las leyes deben aplicarse siempre que sea necesario. ¿Por qué es arbitrario cuándo sí y cuándo no?

Otro “aporte” fue la presentación del programa de Cancillería “Generación de capacidades exportadoras” con la intención de traer dólares a la Argentina y fomentar el comercio exterior de las Pymes. La idea central es “generar capacidades exportadoras” con capacitación y asistencia a empresas para la internacionalización de productos.

Todo muy bien, una pena que esas buenas intenciones convivan con las retenciones a muchas de las operaciones, con restricciones a las importaciones que frenan la entrada de insumos que son claves para producir y con una brecha cambiaria que se mueve en torno al 80% hace varios meses.

El economista y candidato a diputado nacional por la Ciudad de Buenos Aires, Martín Tetaz, graficó una cuestión relacionada a esto que es trasladable. Contó que había empezado a hacer ciclismo y, entusiasmado, fue a comprar una bicicleta más liviana. El vendedor fue claro: “Gastar este monto para bajar 1,5 kilos de la bici cuando podes bajar cuatro o cinco vos es una tontera”. No hay capacitación ni promoción que alcance si compite con impuestos y brecha cambiaria.

Otro economista y candidato, Martín Lousteau estuvo en Córdoba en la Jornada de Infraestructura que organizó la Cámara de la Construcción. Repasó que, desde 1970, el mundo quintuplicó el crecimiento, Chile lo triplicó y la Argentina no se movió. En el último medio siglo el país padece un estancamiento secular, tiene el mismo PBI por habitante que hace 45 años. Este año con el rebote, sube levemente pero a pesar de eso es todavía 4,5% más bajo que antes de la pandemia.

La economía debería crecer 3,4% en 2022 y lo mismo en 2023 para regresar al ingreso por habitante de antes de la pandemia y, para llegar al de 2011, habría que crecer al 10% cada año. Otro punto es que la recuperación es más lenta en la Argentina que del resto de la región; ya se venía creciendo más lento desde antes.

“Es la segunda vez en 45 años que el país se atrapa en ciclos de no crecimiento. Los anteriores fueron entre 1974 y 1990 y entre 2010 y 2021. El 60% del último medio siglo, el país no creció. No crece, lo que pasa es que durante un tiempo rebota”, definió Lousteau.

Y, en esa línea, dijo que si no se discute “diferente” el círculo no se romperá. Ahora las condiciones de base son distintas a las del ’91 o del 2003, cuando se salió de las otras crisis. La inercia inflacionaria es alta; lo mismo el déficit primario (hay mucho gasto social que es más inelástico); la cuenta corriente es superavitaria pero con un país que no crece y tiene control de importaciones y cepo de giros al exterior; hay brecha cambiaria; las reservas internacionales están en mínimos históricos y la deuda remunerada del Banco Central está en niveles altos y los mercados de deuda están absolutamente cerrados.

Con esas condiciones es pensamiento “mágico” pensar que congelar precios, capacitar y promover la internalización tendrán efecto e impulsarán un crecimiento sostenible.