Un sonido que hizo historia

Detrás de sus arrugas y sus canas, los integrantes del dúo inglés Tears For Fears arremeten con un flamante single titulado “The Tipping Point”, que salió la semana pasada como anticipo de un álbum de igual nombre cuya fecha de publicación está prevista para el próximo 25 de febrero.

Por J.C. Maraddón

Hay canciones, bandas y solistas que representan como nadie su época, el momento en que emergieron del anonimato y obtuvieron un grado de popularidad suficiente para hacerse escuchar y dejar huella. El gran mérito allí es haber detectado ese pulso particular de un periodo determinado y trasponerlo a su producción, de manera que el público no deba hacer mayor esfuerzo para identificarse con ella, porque allí se encuentran plasmados los ideales, las inquietudes y sobre todo el sonido de una época. No son muchos los que consiguen ese objetivo, a contrapelo de una industria discográfica que intenta modelar las tendencias de acuerdo a sus propios intereses.

Una cosa es que un determinado tema musical sea certero en su propósito de llegarnos al alma cuando justo lo estábamos necesitando. Y otra muy distinta es que consiga impactar a millones de personas de forma simultánea en todo el mundo, tal como lo hicieron en su momento los grandes éxitos de Elvis Presley o los Beatles. Para lograr eso se requiere una conjunción de factores no muy habitual, que incluyen un componente de azar y una sensibilidad especial de los artistas para interpretar las coordenadas de su tiempo y desgranarlas en una grabación de entre tres y cinco minutos.

Así como los años ochenta constituyen una etapa clave con la amenaza nuclear, el Sida y el neoconservadurismo como fantasmas acechantes, también en la música fue una década de enorme trascendencia, porque condujo a la consagración del pop como género predominante. Y, a pesar de la trivialidad que siempre se le adjudicó a ese estilo, desde ese núcleo saltaron a la fama propuestas que exhibían tremendos méritos artísticos, a los que se tomaban el trabajo de envolver en un packaging atractivo para las masas, pero sin que las concesiones ocultaran su valor esencial.

En esa oleada ochentosa, el dúo inglés Tears For Fears fue quizás uno de los que mejor encarnó el (buen) gusto de las mayorías, que adoptaron su repertorio como propio y lo atesoraron en su corazón. Además de sonar con insistencia en las radios de aquel entonces, se asimilaron al paisaje emocional de sus coetáneos y acompañaron a aquellos jóvenes en su proceso de madurez, a través de composiciones que a primera oída se toman por simples, pero que esconden en su trasfondo una complejidad notable, demostrativa del talento de la dupla conformada por Roland Orzabal y Curt Smith.

Tan profunda es la huella que han dejado esos hits, que ahora, en este nuevo milenio, se han animado a regresar al ruedo. Detrás de sus arrugas y sus canas, arremeten con un flamante single titulado “The Tipping Point”, que salió la semana pasada como anticipo de un álbum de igual nombre cuya fecha de publicación está prevista para el próximo 25 de febrero. La prensa especializada no ha podido sino saludar con admiración este regreso al disco de un grupo que llevaba ya 17 años sin dar a conocer ninguna novedad discográfica, por lo que se creía extinguida su llama creativa.

En “The Tipping Point”, ellos alumbran el milagro de ofrecerse en un estado de frescura tan juvenil, que es como si las décadas no hubieran pasado. La canción encaja sin forzamientos en la misma línea de sus clásicos, asentada visualmente en un videoclip que no les disimula el envejecimiento pero que los recupera como impulsores de una estética que hizo historia. Y aunque esta iniciativa suya carezca de la contemporaneidad que supieron tener en sus inicios, el retorno de Tears For Fears sirve como referencia para mensurar cuánto han cambiado (mucho o poco) las preferencias musicales de moda.