Fassi, en silencio, por la re-reelección

El presidente de Talleres logró cambiar algunos descontentos de los socios en base a resultados de la campaña actual y con gestión. El equipo es protagonista en dos frentes y no asoman opositores. En diciembre, sin elecciones, recibirá la venia para un nuevo mandato más.

Federico Jelic

No hay banderas de campañas ni cadenas nacionales en barrio Jardín. Ni frases proselitistas ni algún slogan político para cautivar masas (societarias) ni discursos endulzadores de oídos. Mientras Talleres pelea en dos frentes con pura ilusión (Liga Profesional y Copa Argentina) y desata la ilusión de todos los hinchas, de poder romper la sequía sin títulos profesionales, el presidente Andrés Fassi camina con total parsimonia y libertad por la senda de la re-reelección. Y sin fantasmas que deambulen buscando desestabilizar porque la propia temporada deportiva se encargó de callarlos. Y eso es bueno y malo a la vez para la vida institucional, no obstante, nada parece detener el paso del ex hombre fuerte de Pachuca de México a que siga siendo conductor del club albiazul hasta 2025.

Este año, seguramente cerca de diciembre, el estatuto indica la obligación de celebrar elecciones y renovación de autoridades, no obstante, no asoman otros candidatos que puedan discutirle el trono a Fassi en este contexto. ¿Habrá comicios o apenas una Asamblea General Ordinaria donde el mandato se prolongará de hecho, ante la ausencia de candidatos en las urnas? Todo indica que la segunda opción es la más potable.

Fassi, por el tercer mandato

Luego de la modernización del estatuto en 2016, en aquella Asamblea donde Fassi amagó con abandonar el proyecto si no recibía el apoyo de los socios (fue fuertemente cuestionado, vale la pena decirlo), todo cambió para siempre. Se había impuesto con comodidad en los escrutinios de 2014 ante el contendiente Gustavo Lawson (del grupo “Talleres es de gente”), necesitaba afianzar su proceso con el tratamiento del nuevo estatuto, y luego de conseguirlo nunca más tuvo oposición real. Daniel Quinteros junto al “Núcleo Centenario” esbozaron un intento de armar un grupo político aunque chocaron con la negativa de la Junta Electoral (conformada en su mayoría por miembros del ex fideicomiso y la comisión), que no les aceptó los avales económicos. Y a decir verdad, difícil es volver a involucrarse en la vida política de Talleres si el oficialismo mantiene la totalidad plenaria del parlamento albiazul, con 100 asambleístas que responden al oficialismo. Pero ese es otro asunto que deberá ser abordado en otro momento. Sin dejar de ser al menos, polémico.

La cuestión es que una vez lograda la modernización del estatuto, fue como empezar de cero. Es decir el mandato de 2014 a 2018 no cuenta más ya que representaba a otro escenario reglamentario y logró acomodar las normativas para que pueda obtener otra reelección. Es decir, ahora en diciembre en vez de una re-reelección como puede convalidarse de manera natural, es una reelección luego de la modernización. Suena controvertido y lo es, no obstante no hubo impugnaciones en su momento por lo que aquel que tenga aspiraciones de ser gobierno en Talleres tendrá que ajustarse a las reglamentaciones internas del club.

Pero para pasar en claro, Fassi hoy luce casi intocable. Y eso que a principio de temporada luego de que fueran vendidos el ecuatoriano Piero Hincapié a Alemania y Franco Fragapane a Estados Unidos, hubo algunos descontentos fuertes. Y también de parte del DT Alexander Medina, pilar fundamental del proyecto, tras enterarse de la transferencia intempestiva de Federico Navarro al Chicago Fire de la Major League Soccer. Desde ese partido ante Banfield, el “Cacique” no volvió a dialogar con la prensa. Estaba enojado, es cierto, pero no como para dar un paso al costado, aunque su contrato finaliza en diciembre y esa será otra novela.

Sin embargo cuando comenzaron a aparecer los resultados deportivos, no hubo más críticas. Antes existían cuestionamientos sobre algunos detalles de las operaciones de jugadores, de la venta de pilares del equipo y otros aspectos como la continuidad del volante Diego García (investigado por la justicia por supuesto abuso sexual) pero dicho fervor inconformista fue desactivado a medida que Carlos Auzqui llegaba a la red o que Michael Santos definía algún partido, sostenido en un gran rendimiento colectivo, sin apellidos de renombre pero con un estilo que potencia a todo el equipo. El fuego popular se fue apagando, contrastando con las ilusiones de campeonato y ya nadie volvió a levantar la voz o el tweet ofensivo contra Fassi o algún comentario en otras redes sociales. Así de simple. Campaña buena calla twittero.

¿Y Ahora? Talleres ya figura en semifinales de la Copa Argentina y estuvo seis fechas consecutivas en el primer puesto en Primera División. Y el próximo lunes ante Atlético Tucumán tendrá su reencuentro con el hincha luego de año y medio, en un estadio Mario Kempes vestido de fiesta.

Histórico. Y en esa atmósfera Fassi transita su paso tranquilo hacia su reelección. Como para agregarle otro anabólico a su gestión, a fin de año hay promesa de inauguración de las obras en el predio de las 24 hectáreas, con nuevas canchas, inmuebles equipados e iluminados, salas de prensa, consultorios y más, que quedarán como patrimonio para la institución. Un centro de alto rendimiento que podrá servir para mitigar los sueños frustrados del “Mundo Talleres” que nunca se logró a cristalizar del todo, por diferentes razones, y que sigue siendo motivo de estudio de factibilidad. Pero en infraestructura, el predio “Amadeo Nuccetelli” crecerá exponencialmente.

Con estos argumentos nadie osa animarse a competirle el sillón presidencial a Fassi. Por eso es que si IPJ lo convalida como parece asunto inminente, el proceso del “Zorro” en Talleres será de 11 años en Talleres. Y sin necesidad de elecciones, a pesar de que hay más de 30 mil socios inscriptos en la secretaría del club albiazul. Unanimidad o mayoría, Fassi es el líder y hoy no asoman posibles contrincantes políticos en la palestra.