El secreto de Ted Lasso

En la premiada serie de Apple TV que trata sobre un equipo de fútbol de la Premier League inglesa, se aprecian los cambios en los paradigmas sociales, cuando le asigna un carácter trascendente a la participación de la presidenta del club, interpretada por Hannah Waddingham.

Por J.C. Maraddón

Analizar cómo se reflejan en la industria cultural los cambios sociales que experimenta la humanidad puede ser un ejercicio muy instructivo acerca de cuán profundas son esas modificaciones. La producción audiovisual, como emblema de la última centuria en las distintas variantes del entretenimiento, ofrece un mirador privilegiado para estos procesos en los que todos nos estamos viendo involucrados, cualquiera sea nuestra postura (de rechazo, de aceptación o de indiferencia) hacia ellos. Podemos encontrar un indicador sensible de esas alteraciones en algo tan obvio como los personajes protagónicos de las historias, que hoy se focalizan en segmentos de la población antes marginados.

Por supuesto, se ha incrementado el número de actrices en roles estelares en el devenir de los argumentos. Y dentro de ese grupo, en la factoría estadounidense ha habido un notorio crecimiento de personajes centrales asumidos por colectivos antes invisibilizados o relegados a papeles secundarios, como mujeres de origen asiático, afroamericano, hispano o de otras etnias. Este cimbronazo no sólo no ha afectado el atractivo de esas ficciones, sino que ha obligado a desarrollar una óptica distinta en las narraciones que sacude el status quo y pone en crisis los esquemas tradicionales que ya estaban al borde de caer en el anquilosamiento.

Pero el riesgo de establecer una nueva normativa que reemplace a la anterior y que sea igualmente coercitiva, ha motivado a los guionistas para iniciar una ampliación de horizontes cuya proyección es por ahora inconmensurable. De aquellas heroínas que eran capaces de darlo todo por el amor de su hombre y que sólo a través de él le otorgaban sentido a su existencia, se está arribando a prototipos femeninos inesperados para lo que eran los antiguos paradigmas, aunque coherentes con lo que se observa actualmente, a través de la emergencia de feminidades que no estábamos acostumbrados a ver en primer plano.

Entre esas personalidades que emergen de las zonas silenciadas y ocupan posiciones inéditas se cuentan las mujeres de más de 40 que en otros tiempos debían resignarse a aparecer como madres o abuelas de los protagonistas y que casi siempre eran mostradas como amas de casa sin otra inquietud que no fuera su tarea maternal. Sumisas y resignadas, soportaban maltratos, engaños y humillaciones porque respetaban los mandatos que las condenaban. De manera reciente, las actrices de ese rango etario son requeridas para encabezar repartos y para cargar con el peso del relato sobre sus espaldas.

Hasta en “Ted Lasso”, una serie de Apple TV que trata sobre un equipo de fútbol de la Premier League inglesa, se aprecia ese recurso cuando le asigna un carácter trascendente a la participación de la presidenta del club, interpretada por Hannah Waddingham. Aunque se cuentan las peripecias deportivas de una formación masculina y hasta el nombre de la tira hace referencia al DT de fútbol americano que es contratado para dirigir a una escuadra profesional británica, la presencia de Rebecca como mandamás del AFC Richmond adquiere una trascendencia creciente a lo largo de la primera y de la segunda temporada, que acaba de finalizar.

En realidad, quizás el secreto de “Ted Lasso” consista justamente en eso: hacernos creer que nos habla de cómo un novato se hace cargo de la conducción (en una disciplina que no conoce) de un team de primera división. Con el transcurrir de los capítulos, se advierte que, como espejo de ese hilo narrativo, se nos expone cómo una esposa despechada en busca de venganza cobra dimensión de sus verdaderas fortalezas y se lanza a la aventura de vivir su propia vida, antes de que sea tarde. Algo queda claro desde un principio: no hubiese habido Ted Lasso sin una Rebecca empoderada.