Con reservas en picada, la respuesta se limita al cepo del cepo

Por Gabriela Origlia 

La respuesta a las nuevas medidas para controlar los dólares financieros y las importaciones fue mayor presión sobre el paralelo que volvió a subir en el inicio de las operaciones y después bajó y se estabilizó en $185.

El Banco Central cerró setiembre perdiendo unos US$950 millones por intervenciones de contado; el martes uso US$100 millones. Ya varios analistas advirtieron que a ese ritmo era complicado llegar a las legislativas con reservas líquidas. Según la consultora Empiria, se llegaría a noviembre con un stock de apenas US$3600 millones.

En ese contexto, se resolvió restringir la operación del llamado dólar MEP (o Bolsa) -no tenía límite y ahora solo se podrán operar US$50.000 semanales- y avanzó en resoluciones para evitar el “rulo financiero” que se generaba entre los dólares financieros “subsidiados” y los “libres”. Además, introdujo cambios en el pago anticipado de importaciones.

La decisión de poner más restricciones a las operaciones con el dólar Bolsa podría parecer extraña porque cuando se lo compra no se perderían reservas. La decisión, analizan los expertos, para evitar que la brecha cambiaria se dispare más allá del 90% que ya registra. A eso se le agregaron más torniquetes a las importaciones. Los especialistas lo veían venir ya que cuando hay un cepo o se sale o se aprieta más.

Economía superó bien la licitación de deuda del martes y se comprometió a usar el excedente acumulado en octubre para cancelar adelantos transitorios al Banco Central. Lo que pasa es que todo resulta poco en medio del mar de dudas. El propio ministro Martín Guzmán dijo ante los empresarios de la construcción que intentarán que el Estado siga con sus políticas expansivas y, a la vez, afirmó que se debe bajar déficit fiscal para que «el sector público dependa menos del endeudamiento fiscal y la emisión monetaria». Reunió, en una frase, las contradicciones internas del Gobierno.

Los cepos de los cepos con los que avanza el Gobierno afectan la actividad. Restringir al máximo las importaciones pone un techo a la producción. La Argentina necesita ingresar bienes de capital e insumos para importar y exportar. No hay otra. El límite a las expectativas de crecimiento se lo fijan las medidas resueltas.

Además, la suba del dólar paralelo presiona sobre la inflación. Los analistas privados esperan que también en 2022 los precios aumenten en el orden del 50% ya que entienden que a partir de noviembre la devaluación del dólar oficial se acelerará.

El economista Fausto Spotorno en sus redes sociales desmenuzó las razones por las que, a su criterio, la economía argentina no crece: solo seis millones de empleos formales privados entre 24 millones de personas en edad de trabajar; contribuyentes fiscales agotados; todo se quiere arreglar con subsidios (hoy son 9,5% del PIB, Nación más provincias); castigo al exportador por impuestos, cupos o tipos de cambio; a pesar de los altos impuestos, al Estado no le alcanza. Siempre en déficit, pero sin financiamiento; el déficit se financia expropiando vía inflación; se castiga el ahorro vía inflación o impuestos; superposición regulatoria y permisos para todo. Pasamos de la idea de que lo que no está prohibido está permitido a qué lo que no está permitido o no tiene un permiso del Estado, está prohibido.

A esos puntos les agrega: pocos acuerdos comerciales y una economía muy cerrada; restricciones al movimiento de capitales (que se va a dónde no lo restrinjan); restricciones a la tecnología; poco interés en la educación; Estado fuertemente permeable a lobbies sindicales y empresariales; Justicia de mala calidad; pobre seguridad jurídica, cambio de leyes y regulaciones constantes; deterioro de la seguridad personal y física y crecientes restricciones al transporte de mercaderías. En ese mix están varias de las resoluciones que se fueron profundizando en las últimas semanas.