Una gripezinha

Los dichos del ex ministro de salud bonaerense de que el virus que nos tuvo restringidos hasta hace un mes es como la gripe demuestra la cientificidad de sus decisiones.

Por Javier Boher
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Todos podemos recordar cómo encaró el gobierno nacional la amenaza del coronavirus durante el verano de 2020. El ex ministro Ginés González García nos avisó que acá estábamos lejos de China, que en el verano el virus no llegaba y que el dengue era una preocupación mayor. Quién podría olvidar que además dijo que la gripe común era mucho peor.

Todo eso fue, obviamente, antes de que el clima se empiece a enrarecer por las imágenes que llegaban de afuera. La intranquilidad de los tuiteros más intensos pasó a los medios y de ahí saltó a la gente común. La paranoia se apoderó de la gente a la vez que nos enterábamos de que el virus desconocido llegaba al país.

La orden, a partir de entonces, fue cerrar todo. La imagen del presidente Alberto Fernández tocó su techo máximo. Algunos lo consideraban casi como un Winston Churchill liderando la resistencia británica ante el blitz alemán. Eso, obviamente, endulzó a una dirigencia incapaz de conducir con algo de eficiencia la cosa pública. Cerrar se convirtió en la única política posible.

Lo opuesto también pasó en el mundo. Nuestros vecinos brasileros tuvieron a un presidente que tomó la actitud inversa. Para Jair Bolsonaro todo esto era apenas una gripe, un invento de los medios. Desalentaron el uso de barbijos, promovieron el dióxido de cloro o la cloroquina y se negaron a restringir actividades.

La guerra de argentinos contra brasileros se extendió durante meses. Señoras escandalizadas agitaban el fantasma de lo muertos apilados en las calles brasileñas. Militantes de todo tipo de color de pelo advertían sobre la mortífera cepa Manaos, que iba a poner en riesgo la vida en Argentina si cruzaba la frontera.

Durante meses la gente toleró que las escuelas funcionaran a medias, que la policía pidiera permiso para circular entre localidades, que los negocios estuviesen cerrados o cualquier otra anomalía que significaba un atropello para los derechos civiles y políticos de la gente.

En junio, medio país pedía la hoguera para el hereje de Mauricio Macri que, en línea con Bolsonaro, dijo que el covid era como una gripe, pero un poco más fuerte.

De golpe, una foto. Al tiempo, videos. Un mes después, elecciones.

Revuelo ministerial y cambios de gabinete empujaron otro tipo de modificaciones: un decreto le puso fin a la pandemia.

Ayer, el ex ministro de salud bonaerense y actual candidato a diputado del Frente de Todos, Daniel Gollán, aseguró que el gobierno está convirtiendo al virus asesino -que nos tuvo un año y medio mendigando permiso para salir a tomar sol- en algo parecido a la gripe. Mágicamente pasó a argumentar lo que rechazaban.

Se entiende que el ex ministro quiso decir que el manejo que el gobierno hizo de la pandemia redujo la amenaza del virus. Vacunas (que se pusieron entre ellos o de dudosa calidad, como se conoció esta semana respecto a la Sputnik) y restricciones habrían generado las condiciones para que esto sea endémico y en niveles tolerables. Asombroso poder de autoconvencimiento.

Así, casi sin darnos cuenta, discursivamente llegamos a la cálida tierra brasileña, donde el covid es -simplemente- una “gripezinha”.