Campaña: Llaryora insiste con gestión (no se sube al libreto anti-K)

El intendente recorre la ciudad con obras y programas de contención sin hacer propio (de momento) el discurso de confrontación con la Casa Rosada, en una elección que no determina su proyección ni, en rigor, resulta propicia para el peronismo en la capital.

Por Felipe Osman

Decantados los resultados de las PASO y frente a un oficialismo provincial resuelto a endurecer su confrontación con el Gobierno Nacional, el intendente ha decidido subirse también al segundo tramo de la campaña, aunque sin suscribir cada apartado de la línea discursiva que sostiene el Centro Cívico.
Llaryora ha preferido, tras las primarias, sostener el mismo tenor de una campaña anclada en la gestión, y recorre la ciudad presentando distintas iniciativas entre las que destaca un importante plan de bacheo y rehabilitación (más de 650 cuadras y 100 barrios alcanzados) y un programa de contención social llamado “Mujer por mujer” que prevé capacitar a 1.100 referentes sociales y barriales como Promotoras Socio Sanitarias.
Esa elección, a saber, recostarse únicamente en la gestión y tomar distancia de la confrontación directa que por estos días el Centro Cívico plantea con la Casa Rosada, resulta de interés por más de un motivo, y es, en off, respaldada por muchos y cuestionada por otros tantos.
La primer observación que surge es que el intendente no siente la necesidad de adaptar puntillosamente su discurso al practicado por la Provincia. Y más allá de las indudables coincidencias y de un considerable grado de dependencia, vale destacar que el sanfrancisqueño es y ha sido de antaño el capitán de su propio barco. Llegó a la Intendencia de San Francisco cuando el peronismo se sentía muy cómodo con Hugo Madonna, y se subió a la política grande de Córdoba planteándole una interna al actual gobernador. En suma, su calidad de legatario del peronismo -si la consigue- no habrá sido resultado de una concesión graciosa.
Llaryora puede elegir a sus propios “enemigos” y marcar el tempo de sus confrontaciones.
Lo que subyace entonces es un juicio de conveniencia respecto de si es o no éste el mejor momento para buscar una confrontación directa con Balcarce 50. Ahí las aguas se dividen.
Hay quienes creen que el llaryorismo necesita quemar el resto en este segundo tramo de la campaña para disputar el voto de la clase media y prevenir que Luis Juez -en su afortunada alianza circunstancial con Rodrigo de Loredo- logre cosechar en las Generales números incluso mejores que los que consiguió en las primarias (48%), condicionando la proyección provincial del intendente. Y en Córdoba, en elecciones intermedias, sólo parece haber un camino al corazón de la clase media: confrontar con el kirchnerismo.
Sin embargo no está claro que este turno sea dirimente para el llaryorismo. En primer lugar, porque los cordobeses ya han demostrado más de una vez su capacidad para discernir entre comicios legislativos y ejecutivos, y no parece seguro admitir que un buen resultado en elecciones de medio término sea sinónimo de un posicionamiento sólido para elecciones ejecutivas.
Por otro lado, atacar al oficialismo nacional en búsqueda de rédito electoral podría no ser lo más prudente cuando restan aún (cuánto menos) dos años de gestión en la ciudad. Dos años en los que se hará necesario, si no resolver, al menos atenuar graves problemas en materia de subsidios al transporte, además de otros tantos asuntos para cuya atención conviene conservar una relación razonable con la Casa Rosada. Ni hablar de la unidad en el 2023.
Finalmente, y por sobre todas las consideraciones previas, vale preguntarse cuán lejos están los 22 puntos cosechados en la ciudad del techo electoral de Hacemos por Córdoba en la capital, en una elección nacional de medio término, y en un escenario de cruda polarización.