¿Qué sustancias evitar para proteger nuestra salud hormonal?

Comencemos recordando lo que son los disruptores endocrinos: aquellas sustancias químicas capaces de alterar nuestro organismo, por su capacidad de “imitar” el comportamiento de nuestras hormonas de manera artificial, generando un desequilibrio.

Por Dra. María Graciela Morales
Medica especialista en medicina Familiar, del deporte y tocoginecología

Comencemos recordando lo que son los disruptores endocrinos: aquellas sustancias químicas capaces de alterar nuestro organismo, por su capacidad de “imitar” el comportamiento de nuestras hormonas de manera artificial, generando un desequilibrio.

Como hemos visto, los EDCs (por sus siglas en inglés) pueden afectar tanto a personas como animales. Y de hecho, fueron descubiertos gracias a malformaciones y alteraciones genéticas en animales de zonas hiper industrializadas: exceso de peces de sexo femenino, ranas con penes pequeños y sistemas reproductores alterados que aceleran la extinción de las especies son solo algunos de los ejemplos de este fenómeno. ¿Qué podrían estar produciendo entonces en nosotros, los seres humanos?

Si bien no se conoce todavía una enorme amplitud de estudios estadísticos sobre las consecuencias exactas que nos generan, está comprobado que los disruptores endocrinos envían mensajes confusos a nuestro organismo, lo cual provoca disfunciones.

Pero, ¿dónde y cómo los identificamos?

“Si hay tantos EDCs en los ecosistemas, es porque son ampliamente utilizados en la composición de muchos productos de uso habitual, como cosméticos, juguetes, champús o muebles, formando parte de las piezas de plástico, conservantes y también los plaguicidas”.

Fundación Vivo Sano

En alimentos: los pesticidas.

Es un hecho que la mayoría de los alimentos que consumimos, incluso frutas y verduras “frescas” que conseguimos en el mercado o la verdulería del barrio, contienen residuos de pesticidas y plaguicidas que en su mayoría presentan disruptores endocrinos. 

Algunos de sus nombres son: Bisfenol A, ftalato, dicloropropeno, mancozeb, o carbendazim. 

Sin embargo, el problema es que en primer lugar, las frutas y verduras que compramos normalmente no traen una etiqueta que especifique cómo fueron cultivadas, y qué sustancias podrían contener.

La única garantía con la que podemos contar, es confiar en que se respeten las regulaciones estatales respecto de las cantidades “seguras” de residuos de estas sustancias en alimentos. De más está decir que eso generalmente no sucede, ya que las regulaciones nunca son demasiado estrictas.

Y además, aquí se presenta otro problema: es que incluso las cantidades estipuladas como “seguras” de residuos de EDCs en alimentos, no son seguras. Ya que no se está tomando en cuenta para esos casos el efecto cóctel.

¿Qué es el efecto cóctel? Se trata del aumento de los riesgos que presenta la combinación de estas sustancias en nuestro organismo. Porque si bien un producto específico podrá contener “bajas cantidades”, no será el único al que estemos expuestos. Y esta acumulación y mezcla significa otros efectos aún desconocidos. 

 

Ante eso, mi consejo es: para los alimentos, siempre elegir orgánico y frutas/verduras de estación. Con esto nos aseguramos de saber qué estamos consumiendo exactamente.

En objetos del hogar: los plásticos.

Muebles, plásticos y papel film que envasa nuestros alimentos, tuppers plásticos, latas de conservas, botellas plásticas, son solo algunos de los objetos con los que tenemos contacto día a día. Y presentan disruptores endocrinos como policarbonato (PC), cloruro de polivinilo (PVC), bifenol A (BPA) o ftalatos.

Juguetes, lentes para gafas, CDS Y DVDS, electrónica, electrodomésticos, automóviles y hasta chupetes para bebés siguen siendo ejemplos de lo mismo. La lista es demasiado larga como para poder evitarlos completamente, ya que estamos expuestos constantemente. Pero reducir el consumo de plásticos puede ser un buen primer paso.

En elementos de higiene: los productos cosméticos.

Protectores solares, pasta de dientes, perfumes, maquillajes, jabones, cremas de limpieza o hidratantes, esmaltes y quitaesmaltes de uñas. Muchos de estos productos que se ofrecen en el mercado también contienen EDCs. Por eso es importante leer las etiquetas y registrar que no contengan metales como aluminio, o sustancias como parabenos, ftalatos, benzofenona, bromo, cloro, acrylamide, o acrylate. 

Y como siempre, me gustaría terminar esta nota con algunos consejos para su día a día, con el fin de reducir la exposición a los disruptores endocrinos que, como vimos, pueden llegar a tener graves consecuencias para nuestra salud.

Recomiendo:

  • Comprar alimentos orgánicos. Es la única forma de evitar pesticidas en nuestra comida.
  • Si no pueden ser orgánicos, por lo menos elegir frutas y verduras de estación.
  • Reducir el consumo de plásticos: sobre todo en alimentos envasados, y recipientes para conservar comida en la heladera. Es mejor el vidrio.
  • No utilizar papel film en general, pero menos aún al momento de calentar en el microondas.
  • Para bebés, elegir chupetes libres de BPA.
  • Leer las etiquetas de productos cosméticos, y evitar las sustancias mencionadas anteriormente (parabenos, ftalatos, benzofenona, bromo, cloro, acrylamide, o acrylate).
  • Pelar frutas y verduras antes de consumirlas.

¿Pensás que podrías aplicar alguno de estos consejos en tu vida cotidiana? Te invito a intentarlo.

 

  • Dra. María Graciela Morales –Medica especialista en Medicina Familiar, del deporte y tocoginecología – Actualmente orientada hacia la Medicina Funcional Integrativa – Docente de la UNC cátedra de Obstetricia – Directora del Centro de Medicina Estética Viesaine – ( www.viesainecordoba.com.ar )
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