Cristina juega con las tazas

Desde la primera minoría presentaron resultados de una encuesta realizada a 400 vecinos de la ciudad y adelantaron que proponen trabajar en un “Código de Seguridad”. Aunque niegan que se trate de una cuestión electoral, desde el oficialismo consideran que este tópico recobraría fuerza durante los períodos de campaña.

Por Javier Boher
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Llegó la hora de los cambios en el gabinete. Como no podía ser de otra forma, el peronismo encontró la manera de trasladarle toda su interna a la ciudadanía. Lo que debía servir para relanzar la credibilidad del gobierno se convirtió en una guerra a la vista de gente que en dos meses tiene que elegir si va a apoyar a los candidatos de este gobierno o si se va a inclinar por la oposición.

En esta maniobra del jihadismo cristinista, la decisión de vaciar de poder al presidente es lo más temerario que se podía esperar. El escenario para noviembre es de un gobierno que, quebrado económica y anímicamente, vaya a tratar de retener su segundo lugar en las elecciones, con la posibilidad de ver achicarse su caudal electoral al dejar de ser una alternativa de poder. Nadie habrá pensado que un oficialismo saliendo tercero -como le pasó a la Alianza en 2001- se iba a poder repetir en un país que recreó un bipartidismo coalicional.

La maniobra del cristinismo es como lo enunció la economista Diana Mondino: quieren el 100% del poder o el 0% de la responsabilidad. En el país en el que el kirchnerismo hizo un culto de echarle la culpa a los otros, esta derrota no puede ser para ellos una excepción, aunque deban señalar hacia adentro de su alianza.

No hay que confundirse sobre el ala dura del kirchnerismo. Que renuncien algunas caras visibles no significa que dejen el poder. Hay innumerable cantidad de funcionarios políticos que seguirán respondiendo a Cristina Fernández y a su vástago, dispuestos a trabajar como partisanos saboteando vías de comunicación y políticas dentro de la estructura del poder ejecutivo nacional.

La voluntad de las cabezas del kirchnerismo de permanecer en lugares institucionalmente relevantes es una muestra de que esto pretende torpedear al presidente, que no podrá afrontar los dos años que le quedan por delante si no empieza a conducir, algo que no hizo ni siquiera en el pico de popularidad que tuvo a los comienzos de la pandemia.

Como tatas veces antes, este tipo de movimientos no deben distraer el ojo atento. La calma y velocidad con la que se presentaron los resultados el domingo deben ser interpretadas en el mismo tono que lo que pasó hoy. Por eso no hay que distraerse mirando las tazas en busca de la pelotita. Porque el truco, se sabe, siempre está en la mano del mago que las mueve.