Peronistas eran todos

Por Javier Boher
El peronismo es un bicho extraño. Durante décadas muchos han tratado de explicarlo, pero sin mucha suerte. Siempre mutando, a cada momento ha sabido redefinirse para no perder su centralidad, leyendo los tiempos históricos para adelantarse a los cambios. Ahora eso no parece estar tan claro.
Por una tendencia poco sana al esencialismo suelo buscar recurrencias y procesos que van más allá de lo observable, como si las historias se repitieran por la propia naturaleza de cada fenómeno. Así, el peronismo como movimiento político debería seguir un derrotero similar al de su antecesor como voz del pueblo argentino, el radicalismo.
Hace un par de años, cuando el peronismo dividido cayó derrotado, fue fácil aventurar que entraba en crisis. La elección de 2019 desmintió que la crisis fuese fuerte o duradera, porque la unión electoral permitió superar los traspiés acumulados desde 2013.
Sin embargo, el resultado del domingo expone que la identidad peronista como movimiento nacional por encima de todo efectivamente está en crisis. Ya no todos aceptan ubicarse debajo del paraguas del sello art-decó del justicialismo, porque la práctica política del PJ parece girar exclusivamente sobre el conurbano bonaerense. Como alguien ironizó hace un tiempo, parece haberse convertido en un partido vecinalista de la franja que rodea a la Capital Federal.
Aunque eso es exagerado, los alrededor de 75 años del peronismo se parecen bastante a los 75 de sus primos rojiblancos, que a mediados de los ‘60 vivió una crisis que los dividió fuertemente y de la que no lograron reponerse por completo. Sólo un liderazgo movimentista como el de Alfonsín logró unirlos por un tiempo, pero ya para la elección presidencial de 1995 estaban agotados definitivamente como exclusivo contrapeso justicialista.
Juan José Amondarain, ex senador y diputado bonaerense por el PJ, se preguntó sobre qué va a pasar de acá a unos meses en el peronismo cuando haya que elegir autoridades. A su entender, para saber si queda una gota de peronismo en el PJ de la PBA hay que esperar para ver si a fin de año nombran a Máximo Kirchner presidente del PJ. Gran manera de explicar la dilución del peronismo.
El hecho de que en los barrios populares y ciudades más pobres el kirchnerismo haya perdido las elecciones habla de un partido que se olvidó de la calle para irse a la universidad, que se olvidó de los más humildes para actuar de pobres y marginales en redes sociales o que se olvidó de que la mejor manera de retener el poder es mejorarle la vida a la gente. ¿Cuántos militantes de base prefirieron seguir con su tarea para otros espacios, como los peronismos provinciales? A la luz de los resultados, muchos más que los que se imaginaban.
Hay que esperar para ver cómo seguirá la historia del peronismo, un movimiento que dejó de serlo al perder su identidad pragmática. Como partido, el PJ no ha encontrado formas de procesar sus disputas internas, al no haber mecanismos claros para dirimir disputas y liderazgos de manera democrática, siendo renuentes de armar elecciones competitivas.
El verticalismo ha dejado de ser negocio desde el momento que los empujó a apoyar a un presidente que no lidera el espacio, y que tras el domingo está casi vaciado de poder institucional a la mitad de su mandato.
Definitivamente el peronismo no está terminado, pero probablemente se haya terminado la época en la que peronista designaba, de manera más o menos unívoca, a un tipo de dirigente y a un cierto espectro de ideas. Ahora que peronistas son todos, casi que ninguno puede llamarse peronista.