Incertidumbre sobre qué decidirá el Gobierno en materia económica

Los mercados financieros celebraron la derrota del oficialismo nacional. Conviene ser prudentes a futuro. Hasta noviembre seguramente el oficialismo seguirá presionando sobre el gasto público y emitiendo para financiarse. Sólo está la “maquinita” para conseguir recursos.

Por Gabriela Origlia 

La derrota del kirchnerismo en las PASO es un golpe fuerte. En materia económica el Gobierno nacional hizo un esfuerzo poniendo plata en el bolsillo de la gente desde hace unos meses para tratar de paliar los efectos inflacionarios pero no le alcanzó. Perdió incluso en lo que eran bastiones K y donde dominaban sus aliados provinciales. El golpe es asimilable al que tuvo en 2017.

Hacia adelante -más allá de la euforia inicial de los mercados- los desafíos económicos se mantienen. Todavía no está claro cuál será la reacción del Gobierno, cómo se traducirá en medidas el “algo no habremos hecho bien” del presidente Alberto Fernández. Peligra la mayoría oficialista en el Senado y la primera minoría en Diputados.

El mundo económico se pregunta si el Gobierno logrará resolver las peleas internas que arrastra hace casi dos años y que minan la confianza. El resultado del domingo muestra que no hay más espacio para la agresividad, para redoblar apuestas frente a las críticas como una forma de demostrar quién tiene el poder.

Del discurso del domingo de Fernández no quedó nada en claro respecto a lo que viene. Seguramente se mantendrá la presión sobre el gasto público de cara a noviembre con medidas similares a las que se vinieron tomando hasta ahora. Financiamiento no habrá; la emisión es la única forma que tiene el Tesoro de hacerse de recursos. No hubo, no hay y no aparecerá otra.

El acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) es inexorable. La Argentina no tiene ninguna posibilidad de pagar los vencimientos comprometidos y el default es una opción descartada por las cabezas del Gobierno.

¿La emisión puede traer más inflación? Es un factor que presiona, indudablemente. En esa línea las tarifas seguirán pisadas para que frenar por un lado lo que, por el otro, se acelera. Ya hay estimaciones de que entre el mes pasado y diciembre la emisión rondará los $1,2 billones.

Si la demanda de dólares se mantiene en línea con la registrada en las últimas semanas -hay expectativas de que se modere algo por la derrota del oficialismo- el Central tendrá que recurrir a más limitaciones ya que los funcionarios insisten en que no habrá una aceleración de la devaluación ni una suba de tasas para absorber pesos por ese lado. Claro que frenar importaciones golpea la producción, como ya lo viene haciendo.

El ministro Martín Guzmán lleva semanas diciendo que tienen “restricciones” para poner en marcha la política que querrían. Esas limitaciones no cambiarán. Esta semana ingresará el proyecto de presupuesto para el año que viene; ya Guzmán adelantó que incluirá un recorte del déficit de 4,5% de este año. El crecimiento estimado rondará el cuatro por ciento y hay trascendidos de un dólar mayorista administrado por el Banco Central de $159.

No hay mucho detalle de cómo se gestionarán las tarifas de la energía; probablemente avance la idea que lleva meses dando vueltas de una segmentación mientras que en el caso del gas ya se puso en marcha el modelo de “zonas frías”. De la inflación, la única señal que dio el Ministro es que “empezará a bajar”; este año presupuestó 29% y el índice gira en torno al 45% anual.

En estos días las organizaciones agropecuarias decidirán la medida de fuerza a seguir como respuesta al cepo a las exportaciones de la carne que se ratificó hasta el 31 de octubre. La Comisión de Enlace de Entidades Agropecuarias viene manteniendo reuniones para tener una mejor percepción del clima existente; prefirieron postergar la decisión hasta después de las PASO. La pelea entre campo y kirchnerismo nunca terminó.

En Córdoba el gobernador Juan Schiaretti se anotó un tanto en ese segmento, el de la producción. Haber duplicado el caudal de votos del kirchnerismo fue evaluado positivamente por el peronismo local. Ya se dijo muchas veces que Hacemos por Córdoba comparte votantes con Juntos por el Cambio, una masa que los favorece -alternadamente- entre la elección del Ejecutivo provincial y las legislativas. Más institucionalidad y más empatía con los agentes productivos son dos factores que le ayudan al schiarettismo a mantener un núcleo duro de electores.