Sexo, drogas y algún spot

Por Javier Boher
javiboher@gmail.com

La campaña de la antipolítica está más viva que nunca. La gente está con pocas ganas de ir a votar, a la vez que los políticos parecen esperar que la gente, como durante la cuarentena eterna, se quede en casa. El debate político no existe; todo ha sido corrompido por la apatía.

La falta de mensaje desde los candidatos es un síntoma de la época. La gente no le cree a los políticos de carrera, independientemente de su partido, porque en los años que llevan dando vueltas no han logrado revertir lo que se percibe como un declive lento y sostenido hacia una nueva crisis.

Así, incluso las figuras con algo de experiencia han caído en spots que contradicen un poco lo que se espera de la política. Todo se ha llevado a un barro, por momentos insoportable, de usar el camino de las urnas para medir la popularidad que antes se chequeaba a través de la participación en algún reality show.

La campaña se convirtió en una tribuna para exponer cuerpos o ideas sobre el goce, como si hubiese alguna posibilidad de que por la magia del onanismo político la gente vote por lo que dicen o muestran esas figuras.

La desafortunada frase de María Eugenia Vidal sobre la diferencia de consumir drogas en Palermo o en una villa (aunque se pueda hacer un esfuerzo por poner contexto y entender lo que dijo, no suena tan liberal de su parte) fue tomada por los defensores de la legalización de las drogas para proponer un modelo a los jóvenes -y no tanto-. Amplificar el goce de las drogas porque no hay goce en el día a día. Casi como en “Un mundo feliz”, de Aldous Huxley.

Por supuesto que una población alienada con narcóticos no era lo único que había en la novela del escritor británico. Allí también resaltaba la hipersexualización, desde edad temprana, de los súbditos de un régimen totalitario que no lo parece tanto. Control a través del placer, acaso lo que parecen proponer en esta campaña.

Hace apenas una semana fue Victoria Tolosa Paz, cabeza de lista del Frente de Todos en la provincia de Buenos Aires, la que armó un revuelo sobre la sexualidad. La candidata aseguró que “en el peronismo siempre se garchó”, redoblando la apuesta al decir que “nosotros vinimos para hacer posible la felicidad de un pueblo y la grandeza de una patria, y no hay felicidad de un pueblo sin garchar”.

Esa declaración abrió una puerta para que entraran todos los oportunistas de la campaña basura, la de tomar a las elecciones como un formalismo o un compromiso, y vender candidatos por dotes distintas a las políticas. A la luz de lo que vino después, parece muy lejano aquel momento de comienzos de la campaña cuando el spot de Florencio Randazzo ofendía por una imitadora de Cristina que decía malas palabras.

Así, en la última semana hemos visto algunas de las publicidades más desopilantes. Lejos de la escandalización por el indecoro, lo que resalta es la falta absoluta de propuestas, que empuja a algunos a vender un producto como si fuesen influencers buscando likes. Nada de una buena vida cívica, sino un puñado de cínicos que quieren darse la buena vida.

Hace tres días una precandidata santafesina, Carolina Losada, filmó un video que parece destinado a llegar a los grupos de hombres obsesionados con la autosatisfacción. Exhibiendo un generoso escote, juega con el doble sentido de la calentura por la política y por lo que muestra la pantalla. Su falta de propuestas fue pariodado, irónicamente, por exmodelos dispuestas a ser cosificadas y hoy devenidas en feministas furiosas.

El spot que se sumó el miércoles fue de Cinthia Fernández, que no dudó en exponer frente al Congreso las virtudes que la hicieron famosa, bailando muy bien ante las cámaras. Se sabe, además, que algunas personas llegan por buena suerte a ocupar una banca, diciendo “suerte” en el más cordobés de los sentidos.

No alcanzan los caracteres para abordar la gran cantidad de spots patéticos que abordan esta cuestión del goce y la exhibición de dotes físicos. La mayoría de los malos spots proviene de gente bastante menos agraciada que las señoras o señoritas mencionadas previamente, como es el caso de Guillermo Moreno.

El ex secretario de comercio interior tiene un spot en el que baila en increíble Hulk, otro musicalizado con la melodía de la icónica publicidad de Marolio y otro en el que se enorgullece de los compañeros que tiene, usando la canción de Los Palmeras para decir que lso de él son más que militantes.

Esperemos que todos estos anuncios sean apenas un mal rato de una campaña en un momento de gente hastiada de la política. Sea por posicionamiento o por una efectiva falta de propuestas (todos recordamos el spot que le permitió a Roberto Cucui pasar el filtro de las PASO 2013) si la tónica de la campaña se repitiera para las elecciones de noviembre, definitivamente merecemos que los políticos gocen con nosotros con su rutinaria y bíblica práctica de la sodomía.