Diez años de una provincia fuera de la grieta

La grieta es una hechura política de Cristina, producto de su abrumadora victoria en 2011 (54%) y la inauguración del “vamos por todo” lanzado en Rosario al pie del Monumento a la Bandera. Estos son los diez años en los que Alfil desarrolló sus propósitos editoriales. Sobrevivir en esta década azarosa ha sido la modesta hazaña que aquí celebramos.

Por Gabriel Osman

Muchas cosas han sucedido en Córdoba durante la primera década de Alfil. Para nosotros, obvio, es el cumpleaños, pero para los lectores del diario, verdadero soporte de nuestra existencia, estos diez años han estado repletos de acontecimientos realmente importantes. Es difícil la sola mención. El más importante, sin dudas, es el menos mencionado: Córdoba es quizás la única provincia sin grieta (la otra podría ser Mendoza), una categoría que tal vez expresa alguna simplificación periodística que pasa por alto dos siglos de historia.

Que Córdoba esté fuera de la grieta es un enorme activo político, porque la confrontación de la dialéctica sustitutiva del kirchnerismo es todo lo contrario: un pasivo de enormes costos por los sacudones pendulares en el gobierno central, que destruyen cualquier política de Estado que requiere estabilidad y consensos básicos. (Accesoriamente, digamos que es toda una paradoja que a ese activo institucional lo haya instalado un partido proto constructor de la presunta grieta, allá por la década del ’40, como lo fue el peronismo que inauguró el coronel Perón).

El peronismo cordobés cumplirá en 2023 un cuarto de siglo en el poder. Se podría decir que este largo ciclo desmiente o pone en dudas aquel aserto. Pero el otro partido y su tortuosa deriva luego de que se apagara la estrella de Eduardo Angeloz, ha sido uno de los principales “electores” del PJ. Por mencionar solo el episodio más reciente, en las elecciones del 12 de mayo de 2019, la diferencia de 40 puntos que le sacó Juan Schiaretti a Mario Negri fue porque el partido de Alem se quebró en dos ofertas electorales. La simple adición hubiera indicado que es un partido competitivo.

Sobre esta certeza hay inminentes confirmaciones: en seis días las PASO y posteriormente las legislativas del 14 de noviembre. Hasta el más atrevido de los adversarios de Juntos por el Cambio admite que la alianza que integra de manera preponderante la UCR ganará esos comicios, probablemente obteniendo más del 50% de los votos.

Alfil ha sido en estos 10 años lo que se propuso en un breve editorial de su primer ejemplar, el 5 de septiembre de 2011: un diario de análisis e interpretación, bajo el supuesto harto verificado de que, en el imperio de Internet, ya no hay espacio para el periodismo de texto –soporte digital o papel- para las noticias, fundamentalmente si éstas no incluyen su desmenuzamiento, antecedentes y ulterioridades.

El siglo se inauguró, no solo con la zaga reciente de la aparición de Internet, sino también con el acontecimiento de la destrucción, el 11 de septiembre de 2001, de las torres gemelas (World Trade Center), un episodio que radió al planeta y que se transmitió on line al mundo. La imagen y difusión inmediatas es un súper dato de que la noticia es hoy lo más barato. El diferencial que le queda al periodismo de texto son su interpretación y barruntar, entonces, sus tremendas consecuencias.

Lamentablemente, este periodismo ha tenido en Córdoba en estos 10 años dos bajas, entre otras, muy importantes, como lo han sido los fallecimientos de Mario Pereyra y Daniel Salzano. Cierto que aplicado el criterio de interpretación a asuntos no necesariamente ceñidos a la política, pero de genuino análisis al fin sobre asuntos cotidianos o trascendentes.

No ha sido fácil sobrevivir en estos diez años con los vaivenes políticos y la declinación del país de esta década. Hay una modesta victoria porque todo fue remar contra la corriente, por lo que el triunfo contiene también una dimensión cualitativa. Máxime si se tienen en cuenta muchas aventuras editoriales que, en un contexto de bonanza, abortaron muy prematuramente.

Entre las zozobras que colmaron estos años deben computarse las políticas pendulares de la Nación, que la Provincia tuvo que deletrear como verdaderos jeroglíficos para poder adaptarse.

Los conceptos de esta nota suponen la tesis –de riesgo, claro- de que la década de la grieta comenzó, casi con exactitud, en el segundo mandato de Cristina de Kirchner. El ciclo inaugural del kirchenrismo fue el de 2003-2007, con Néstor en el liderazgo y en el poder formal, y rasgos de relativa moderación que se extendieron más allá, llegando hasta su fallecimiento en 2010. Desde Córdoba esto se vio hasta en la crisis de la resolución 125.

En este conflicto con el campo debe recordarse que, a mediados de 2008, con Cristina en la presidencia y Néstor Kirchner en las sombras, Schiaretti recibió a la Mesa de Enlace, precedida la recepción de sus referentes por un tractorazo que llegó hasta la misma Casa de las Tejas, entonces sede del Ejecutivo antes de la mudanza a El Panal. Aun con la “irreverencia” del gesto, el gobierno nacional se avino a renovar la cobertura del déficit con la Caja de Jubilaciones, su principal pasivo. Lo hizo ajustándose a la ley, pero lo hizo, porque el ex gobernador Eduardo Angeloz había cedido “graciosamente” el 15% de su coparticipación con esa contraprestación.

Pero tras la muerte de Néstor Kirchner, Cristina ignoró la ley vigente, y José Manuel de la Sota debió judicializar el reclamo presentando un recurso ante la Corte Suprema. Con mucha “cintura”, la Corte lo resolvió a favor de la Provincia, pero tres años después, tras el triunfo de Mauricio Macri.

Por eso, la grieta es una hechura política de Cristina, producto de su abrumadora victoria en 2011 (54%) y la inauguración del “vamos por todo” lanzado en Rosario al pie del Monumento a la Bandera. Estos son los diez años en los que Alfil desarrolló sus propósitos editoriales. Sobrevivir en esta década azarosa ha sido la modesta hazaña que aquí celebramos.