Juicio abreviado para el affaire de Olivos

Es de imaginar que todavía un tercio del electorado nacional respalda al oficialismo. No al presidente, claramente, sino a Cristina. Hace tiempo que los votantes K han perdido el respeto por el primer mandatario. Para este sector, continuar apoyando al Frente de Todos es un acto de autodefensa, de preservación, independientemente de que, en algún sentido, Fernández sea el inmerecido beneficiario de esta lealtad.

Por Pablo Esteban Dávila

Dice la sabiduría popular en WhatsApp que “si hay foto, hay video”. La ahora famosa fiesta de Fabiola Yáñez en Olivos no podía ser la excepción. La gran pregunta era quién lo develaría.

Los estrategas del gobierno decidieron realizar un control de daños y difundirlo ellos mismos. Habían pensado en hacerlo a través de la Televisión Pública, cuyo manejo descansa en Rosario Lufrano -amiga personal del presidente- pero desde el instituto Patria les dijeron “nones”. La difusión efectivamente se haría, pero a través del portal multimedia El Destape Web, el house organ del kirchnerismo. El efecto sería el mismo; simplemente quedaría en evidencia quien manda en el asunto.

Fue así como el video fue presentado a la opinión pública por quienes habrían de continuar sufriendo el escarnio público. Si lo hubiera hecho la oposición, fue el razonamiento, los costos habrían sido mayores. En los hechos, consiste en una especie de juicio abreviado impulsado por los acusados con la esperanza de que se les imponga una pena indulgente.

Pero la premisa para justificar esta inmolación es discutible. Suponer que la auto difusión de una prueba semejante ocasionaría disgustos menores es, cuanto menos, un acto de voluntarismo. De momento, el video no ha hecho otra cosa que prorrogar la exasperación que las fotos del evento ya habían producido. Todo indica que este estado de crispación colectiva se prolongará algún tiempo más, con las consecuencias electorales que se imaginan. Y ni hablar si se continúan conociendo -como se supone que sucederá- nuevas imágenes de la celebración clandestina.

Lo paradójico del asunto es que estos mazazos llegan en el preciso momento en que, finalmente, aparecen algunas buenas noticias para la Casa Rosada. Hoy dos insoslayables: la primera, que se advierte una marcada desaceleración de muertes y contagios por coronavirus gracias a las campañas de vacunación que se están llevando adelante; la segunda, que la actividad económica creció 9,7% en el primer semestre de 2021 en comparación del año anterior. Que se trate de un rebote no importa demasiado; para muchos electores esta bien podría tratarse de una mejoría palpable, lejos de cualquier análisis macro.

Estos datos esperanzadores resultan imposibles de ser capitalizados por el Frente de Todos, al menos por ahora. El escándalo de Olivos es, simplemente, mucho más fuerte que cualquier buena noticia. Además, la economía en su conjunto tiene tantas dificultades que cualquier mejoría requiere de pedagogos entrenados y, fundamentalmente, creíbles. Ninguna de esas cualidades parece abundar en el equipo que rodea al presidente.

¿Cómo impactará, al final de la película, el affaire protagonizado por la primera dama y consentido por Fernández? Es la pregunta del millón. Según el analista Ignacio Zuleta, no provocará una fuga masiva de votos; no obstante para Carlos Pagni, quizá uno de los periodistas más influyentes, el asunto terminará costando al Frente de Todos un drenaje electoral imprescindible para mantener la actual relación de fuerzas.

El sentido común obliga a darle la derecha a Pagni. No es posible imaginar que alguien pudiera salir bien parado de esta situación. Y, sin embargo, Puceiro podría tener un buen punto. ¿Alguien se imagina que el núcleo duro del kirchnerismo se alejará del espacio solo por la transgresión de la pareja del presidente? Si resistió a los bolsos de López, la ruta del dinero K o a las sospechas de lavado de dinero que giran en torno a Hotesur… ¿Por qué habría de desfallecer frente a un simple fiesta que, para mayor alivio, ni siquiera contó con la presencia de alguna de las espadas de Cristina?

Es de imaginar que todavía un tercio del electorado nacional respalda al oficialismo. No al presidente, claramente, sino a Cristina. Hace tiempo que los votantes K han perdido el respeto por el primer mandatario. En este sentido, continuar apoyando al Frente de Todos es un acto de autodefensa, de preservación, independientemente de que, en algún sentido, Fernández sea beneficiario de esta lealtad inquebrantable.

Puede suponerse que el 30% de los votos no alcanzan para ganar. Es así. Pero al menos sirven para no perder. La de noviembre es una elección legislativa y, a estas alturas, al presidente y su vice solo les importan mantener la misma cantidad de legisladores. Además, las PASO puede que sean peores que las generales, lo cual permite alimentar el mito de la resurrección. ¿O acaso Mauricio Macri no logró recortar en diez puntos la distancia que el propio Fernández le sacó en las primarias de 2019? Si los ecos de Olivos se diluyen con los meses y se refuerza cierta idea de reactivación económica y el final de la pandemia puede que la cosas no terminen tan mal para el oficialismo, al menos desde la actual coyuntura.

Tal vez sea este el pensamiento tenido en miras al llevar adelante el juicio abreviado que se está consumando frente la opinión pública. El escándalo está instalado; ya nada puede hacerse. Es todo lo horrible que parece. Frente a esta realidad, Cristina apuesta (con la aquiescencia del presidente) a que su núcleo duro resista y que las semanas y los meses que restan arrojen un paño de olvido sobre tantos errores grotescos cometidos por su propia tropa. Es una estrategia endeble pero, al menos, es una estrategia. Peor sería continuar confiando en la sagacidad del presidente, un atributo del que ya nadie se atreve a endilgarle.