El apoyo nacional a Perotti, blindaje frente al eje Córdoba-Sta. Fe

El respaldo ofrecido por CFK al gobernador santafecino en la interna peronista que lo enfrenta a Agustín Rossi tiene una explicación que alude a Córdoba: desde la Casa Rosada entienden que es mejor contener a Perotti antes de que cuaje un proyecto nacional conjunto con Schiaretti hacia el 2023.

Por Felipe Osman

Nadie que frecuente la política puede dudar de la fidelidad de Agustín Rossi hacia el kirchnerismo. El (aún) ministro de Defensa integra de antaño la guardia pretoriana de Cristina Fernández, y por eso ha hecho tanto estruendo la decisión de la vice-presidenta de apoyar a Omar Perotti en la interna santafecina, desligándose de la boleta de Rossi y llegando incluso a pedirle que la baje por intermedio de Máximo Kirchner.
Perotti votó, cuando senador, a favor de que la Justicia allanara el domicilio de la ex presidenta, algo que Rossi no se cansa de mencionar. Y el ministro, por el contrario, no sólo ha sido un férreo defensor de Cristina Fernández, sino que además aceptó mansamente bajar dos veces su precandidatura presidencial, en 2015 y en 2019. ¿Por qué respaldar entonces al primero y dar la espalda al segundo?
Se trata, sin lugar a dudas, de otra muestra del pragmatismo de la ex presidenta, que en lugar de elegir obsecuencia prefiere decidir en atención a cómo ve configurarse el tablero nacional, teniendo en cuenta no sólo el próximo turno electoral, sino también el siguiente.
El Instituto Patria advierte que, a diferencia de lo que sucedía en 2019, cuando tanto Juan Schiaretti como Gustavo Bordet (Entre Ríos) estaban habilitados para reelegir, en 2023 tanto el cordobés como el entrerriano estarán obligados a hacer una apuesta nacional, por el simple hecho de verse inhibidos de prolongar sus estadías al frente de cada Ejecutivo Provincial. Esto se conjuga además con la situación de Perotti, que gobierna una provincia cuya Constitución local no habilita reelecciones consecutivas.
En resumen, las tres provincias de la zona centro, gobernadas todas por peronistas disidentes o, cuanto menos, no íntimamente alineados con el kirchnerismo, enfrentarán procesos de renovación, y sus mandatarios deberán elegir entre el retiro o el juego nacional, única variante que les permitiría testar políticamente en sus jurisdicciones.
Las negociaciones entre el rafaelino Perotti (el gentilicio no es un dato lateral de esta crónica) y Rossi terminaron de colapsar cuando, negándose a resignar el primer lugar, el mandatario santafesino decidió sostener en la cúspide de la fórmula para Diputados a Roberto Mirabella, senador, mano derecha del gobernador, y su encomendado para llevar adelante la creación de Hacemos Santa Fe. El sello tiene un nombre demasiado sugestivo como para no pensar al respecto.
El Frente de Todos tiene serios problemas para cosechar fidelidades en la región centro. Tiene su fuerte en el conurbano bonaerense, al que dedica el grueso de los recursos nacionales, y administra fondos suficientes como para granjearse la obsecuencia de los mandatarios de las provincias del norte, que dependen irremediablemente de los fondos nacionales para subsistir. Pero buena parte de esos fondos salen de las provincias agro exportadoras, cómo Córdoba, Santa Fe, el interior de Buenos Aires y, en menor medida, Entre Ríos.
El peronismo que encarnan Schiaretti y Perotti ha construido una alianza estratégica con el campo. En el caso del cordobés esa alianza se ha consolidado con el pasar de los años, aunque si hubiera que reducirla a un episodio bien podría recordarse el posicionamiento del gobernador frente a la resolución 125. Perotti, por su lado, sostiene una alianza más reciente con el agro, pero que quedó a la vista en el caso Vicentin.
El oficialismo nacional ve estas señales y decide (a contramano de lo propuesto por Rossi, que adivina una próxima “traición” de Perotti) salir a contener al gobernador santafesino por dos motivos. El primero, necesita de los votos que éste pueda acercarle en la tercera provincia más grande del país. De lo contrario, las chances de conseguir el tan ansiado quórum propio en la Cámara Baja podrían empezar a difumarse. El segundo, debe mantenerlo cerca para evitar que, condicionado por las circunstancias, termine embanderado detrás de una alianza estratégica con Juan Schiaretti, constituyendo una tercera vía que, de no lograr las adhesiones suficientes para convertirse en una alternativa real de poder en el 2023, consiga al menos ser dirimente en la disputa.