Para el schiarettismo es el turno del interior

Contrariamente a la tendencia centrípeta de la UCR –sus cuatro boletas para el 12 de septiembre están integradas en sus llaves casi exclusivamente con hombres o mujeres de Capital-, el peronismo mira hacia el interior para retroalimentarse. Y mirando siempre el poder territorial de sus referentes.

Por Gabriel Osman

Juan Manuel Llamosas (Río Cuarto), Eduardo Accastello (Villa María) e Ignacio García Aresca (San Francisco).

Dos hombres de Capital han tejido la trama de la política cordobesa en el último cuarto de siglo. Esto tiene su explicación, por supuesto. Primero: ningún dirigente del peronismo, ni antes ni ahora, ha tenido la talla de José Manuel de la Sota y de Juan Schiaretti. Segundo: ellos han pisado sobre el distrito electoral más importante de la provincia, que acusa una macrocefalia, en el contexto provincial, más acentuada aún que Buenos Aires, en el contexto nacional. Adicionalmente, el ciclo ha sido largo por virtuoso, por más que más de un capítulo de las seis administraciones sucesivas tengan varios capítulos por lo menos opinables.

Pero este protagonismo capitalino mostró los primeros indicios de ceder a favor del interior –sin declinar liderazgos- cuando en 2015 el gobernador eligió para vicegobernador a Martín Llaryora, su rival en las internas precedentes y prestigiado por su administración en la Intendencia de San Francisco. Fue, si se quiere, la reedición de la fórmula que usó De la Sota en 2003, cuando colocó a Schiaretti para su segundo mandato en 2003-2007. Luego el núcleo duro de su estrategia partidaria fue la alternancia en el poder, recluyendo sus disonancias internas, que efectivamente existieron, al recoleto ámbito de sus relaciones personales. Pero hacia afuera primó una prolija “cohabitación”, al punto que sus gabinetes casi no se tocaron.

Nada de esto ha sucedido en el radicalismo, perturbado por su alianza desde 2015 con el PRO e indigestada, de yapa, con el Frente Cívico y las rocambolescas tácticas de su mentor, Luis Juez. No es que haya que restarle merecimientos propios a la UCR que, tras la prematura “muerte política” de Eduardo Angeloz en 1995, no supo encontrar un reemplazo al arquitecto político de la hoy primera oposición, como no sea su remedo, Mario Negri, que ha sido el hombre que mejor ha medido sin llegar nunca a ejercer liderazgo alguno. Este ha sido el explicativo de lo que sucedió en la primera fractura en 2019 y en el flamante cuadriculado que exhibirá en la PASOS del 12 de septiembre, cuando cuatro agrupaciones disputarán con listas propias las bancas en juego en las próximas legislativas nacionales.

Es cierto que mucho más fácil es diseñar una grilla de candidatos con la estilográfica de un gobernador que ganó las elecciones con el 57% de los votos el 12 de mayo de 2019. Pero nadie puede olvidar el dedazo de Mauricio Macri para colocar a Mario Negri como candidato a gobernador, que el entrerriano aceptó mansamente y en beneficio propio. Ahora el porteño –nada menos- avanzó: quiso poner a casi a un extrapartidario, Gustavo Santos, en la punta de una de las dos boletas y a Juez en la otra, ignorando con arrogancia a su principal socio, el radicalismo.

Supone, erróneamente, que como aquí ha cosechado los mejores resultados desde 2015, esta provincia es macrista, cuando si existiera una categoría que la defina con nitidez es su antikirchnerismo. Es de esperar que en próximos eventos corrijan este equívoco.

Contrariamente a la tendencia centrípeta de la UCR –sus cuatro boletas para el 12 de septiembre están integradas en sus llaves casi exclusivamente con hombres o mujeres de Capital y en los realmente expectables totalmente-, el peronismo mira hacia el interior para retroalimentarse. Y mirando siempre el poder territorial de sus referentes. El segundo lugar de su lista de diputados lo ocupa el intendente sanfrancisqueño Ignacio García Aresca; si los resultados terminan compadeciéndose con los pronósticos, el tercer lugar de Claudia Márquez, es casi una “media banca”, como lo fue en 2017 tras la renuncia de Martín Llaryora al Congreso para asumir en el Palacio 6 de Julio; y el segundo lugar en el tramo para el Senado está el villamariense Eduardo Accastello.

Así las cosas, en los cuatro principales distritos electorales de la provincia está puesta la mira para el relevo para 2023, un difícil cruce de caminos para el peronismo en el poder. Dependerá, principalmente, del verdadero acertijo que es hoy el radicalismo; de que Llaryora mantenga el rumbo en la siempre difícil administración de la Municipalidad de Córdoba; y también de cómo termine su faena Juan Manuel Llamosas su intendencia en Rio Cuarto, el único –contando los distritos de relieve- que ganó su reelección en plena pandemia, un mérito nada desdeñable.