JpC: todos ganaron, ¿ganaron todos?

Los principales candidatos terminaron donde querían estar. Pero hay demasiadas heridas abiertas.

Por Alejandro Moreno

Los principales protagonistas del domingo 12 de septiembre en Córdoba serán los aliados de Juntos por el Cambio, que divididos en cuatro listas animarán las PASO. La pelea de fondo será entre las listas que encabezan Mario Negri y Gustavo Santos, por un lado, y Luis Juez y Rodrigo de Loredo, por el otro. Completan la cartelera Javier Bee Sellares y Laura Sesma, y Griselda Baldata y Dante Rossi.

Hasta la medianoche del sábado hubo un interminable intercambio de presiones y operaciones para conseguir los mejores lugares en las listas de candidatos a senadores y diputados nacionales (con precisión, precandidatos, porque de las PASO surgirán las nóminas definitivas).

El plazo venció y Juntos por el Cambio alumbró cuatro listas. De la lectura de las mismas, curiosamente, puede concluirse que los primeros actores de la alianza deberían manifestarse satisfechos de haber alcanzado los objetivos que se habían planteado al comienzo de la faena.

Mario Negri, aunque jugaba con sus exasperantes silencios, quería ser candidato a senador nacional para, de mínima, cerrar con un broche de oro su muy larga carrera en el Congreso de la Nación y, de máxima, ser el compañero de fórmula presidencial de Horacio Rodríguez Larreta. Lo logró.

Gustavo Santos aspiraba a renacer en la política cordobesa a partir de encabezar la lista de candidatos a diputados nacionales, para lo cual contó con la polémica bendición de Mauricio Macri. Lo logró.

Luis Juez extraña la “hamaca paraguaya” del Senado y desde el inicio del juego planteó que iría como primer candidato. Aunque perdió la gracia de Macri, cerró un acuerdo con Rodrigo de Loredo y enfrentará a Negri. Lo logró.

Rodrigo de Loredo batalló por lo que siempre creyó merecer: el número uno de la lista de candidatos a diputados nacionales. El binomio radical-radical no fue posible, y prefirió a Juez antes que a sus socios de Sumar para ubicarse en ese sitio. Lo logró.

Ramón Mestre parecía caerse del escenario electoral, pero finalmente tomó posiciones de fuerza y estará en la lista final en un lugar expectable, al igual que Soledad Carrizo, que es de su sector interno; y si gana Negri, Liliana Ruetsch reemplazará a Soher El Sukaria en Diputados, con lo que sostendrá las tres bancas que ponía en juego. Lo logró.

¿Y la alegría?

A pesar de todo ello, nadie estaba contento ayer en los campamentos de Juntos por el Cambio. Había bronca y un sentimiento de oportunidad perdida, por la que cada uno culpa a otro.

Las relaciones entre los partidos que componen la alianza quedaron deterioradas como nunca, y la célebre mixtura de las listas expresa menos coincidencias que diferencias. Peor aún es el estado de los vínculos entre los dirigentes.

Negri y Mestre quedaron aliados pero se miran de reojo, como siempre. A Gustavo Santos lo aceptaron porque no tuvieron más remedio, pero debe recordarse que de las usinas de operaciones de ambos radicales siempre se señaló al multipartidario poeta como un caballo de Troya del fantasmagórico y real acuerdo histórico entre Mauricio Macri y Juan Schiaretti.
Juez y De Loredo tienen en sus archivos descalificaciones y acusaciones para animar las charlas de café en los descansos de la campaña que se avecina. Seguramente ninguno de los dos espera que el pacto al que arribaron dure demasiado tiempo.

De Loredo recibe el rencor inconmovible de Mestre y, ahora, de Negri. Y él mismo considera que ellos dos son parte del pasado de la UCR, partido que aspira a renovar aliado, paradójicamente, a Juez. Además, los sobrevivientes de la Liga Sumar, Los Javieres Bee Sellares y Fabre, se sienten traicionados por el actual concejal, con quien compartieron la épica de una interna contra el dúo Negri/Mestre en la que perdieron pero sentando bases firmes para un movimiento político que ahora debe rehacerse o que desaparecerá.

Los macristas, a su vez, quedaron divididos en las listas que encabezan Negri y Juez, ahondándose entre ellos heridas que también costará cicatrizar, y que ahora son más notables porque los dañan las esquirlas de la interna nacional del PRO, partido que hasta hace un par de años estaba subordinado solo a la cabeza de Macri.

Este equipo de desconfiados dirigentes tendrá que atravesar las PASO tratando de minimizar el costo de la confrontación, y si es posible buscando aprovechar que las canastas disponibles van desde el liberalismo hasta el progresismo de los alfonsinistas que lidera Dante Rossi.

Juntos por el Cambio ganará con mucha comodidad las PASO y las elecciones generales, si no hay una sorpresa mayúscula que nadie observa en el horizonte. Pero dentro de la coalición habrá, el lunes 13 de septiembre, ganadores y perdedores, y mienten los que dicen que el 2023 no está en el cálculo de este año.

¿Quiénes saldrán engordados para el desafío provincial del ’23? Si ganan Negri y Santos, el entrerriano será presionado para intentar por tercera vez la Gobernación, aunque no esté en sus planes, mientras que el ex ministro se abrazará a los resultados, ignorará las encuestas, y pretenderá cumplir la misión encomendada por Macri. Y Mestre ya se asumirá reivindicado y peleará por una nueva chance.

Si ganan Juez y De Loredo, el jefe del Frente Cívico irá por lo que algunos le oyeron considerar, con demasiado dramatismo, su última oportunidad provincial. Y De Loredo mirará el Palacio 6 de Julio con ojos confiados. Pero todos ellos, absolutamente todos ellos, sabrán que tendrán en los aliados a sus primeros adversarios.