El dólar blue alcanzó su valor más alto desde octubre

En medio de un importante fortalecimiento del dólar en el mundo y en la región, el dólar contado con liquidación (CCL) cerró en $166,25, mismo valor del viernes pasado. De esta manera, la brecha con el tipo de cambio oficial se redujo al 72,5%.  En cambio el blue llegó a los $180 para la venta, el valor más alto desde el 28 de octubre del año pasado.

Desde que comenzó julio, el dólar paralelo acumuló un alza de $12. Uno de los factores que le sumó presiones al blue fueron las nuevas restricciones sobre el dólar contado con liquidación (CCL) que anunciaron el Banco Central y la Comisión Nacional de Valores (CNV) el fin de semana pasado.

En el acumulado de la semana pasada el CCL registró un retroceso del 0,7% (-$1,10) mientras que el MEP exhibió su primera baja semanal en más de un mes. A partir de las regulaciones y el ingreso de divisas por exportaciones, el BCRA viene acumulando cada vez mayor poder de fuego para intervenir tanto en el mercado oficial de cambios como en la bolsa a través de la compra-venta de bonos.

La brecha entre el mayorista y el blue continúa posicionándose por encima del 86%. Hoy el dólar mayorista, cuya demanda está acotada por los controles cambiarios y el cepo que mantiene el Banco Central, se comercializa a $96,31, nueve centavos arriba con respecto al cierre del viernes (0,1%).

Ecolatina plantea en un informe que como el Central mantiene quietas las tasas de plazos fijos, el agite está en el dólar: “En mayo y junio, la inflación estuvo apenas por encima del 3%, de modo que la tasa de interés real (-0,2% promedio) se ubicó en niveles apenas menores a los niveles de octubre y noviembre pasados (-0,4%). Aunque la situación cambiaria es diametralmente opuesta a la de entonces, y la actividad no pareciera exigir un impulso adicional en un contexto de virtual desaparición de las restricciones de oferta y avance del proceso de vacunación, el 38% se mantuvo. En paralelo, el Tesoro Nacional siguió con un buen ritmo de colocaciones de deuda en pesos, en un escenario de bajas expectativas de devaluación en el corto plazo y calma en los dólares financieros. Sin embargo, otra vez, los ahorristas minoristas quedan con pocas opciones para ganarle a la inflación (por fuera del todavía poco conocido plazo fijo UVA), y el dólar no se corre de su cabeza”.

Añade que los períodos electorales suelen venir acompañados de políticas fiscales expansivas y presiones cambiarias. El atraso del dólar antes de los votos es una característica de la economía argentina, casi tan repetida como las correcciones posteriores. En este marco, se redobla la intensidad de la pregunta por la dinámica de la tasa de interés: “¿Se animará el Banco Central a mejorar el rendimiento de los plazos fijos, en un contexto de inflación transitoriamente a la baja, pero mayores tensiones cambiarias? El reciente endurecimiento del cepo invita a pensar que no, que los principales ajustes seguirán vinculados a los garrotes -complicar los caminos para ahorrar en dólares-, en lugar de a los incentivos -premiar a quien lo hace en pesos-. Sin embargo, el malestar que generan estas restricciones, en un contexto de prudencia fiscal -al menos, durante la primera mitad del año- y de rebote del nivel de actividad podrían descongelar al 38. No hay tasa que dure 100 años”.