Crímenes en la antigüedad

La película “Ni un paso en falso” se remonta a mediados de los años cincuenta para redondear un thriller con todas las letras, que bajo la dirección de Steven Soderbergh nos corta el aliento durante casi dos horas y nos introduce en una red de lealtades y traiciones sin desperdicio.

Por J.C. Maraddón

De la misma manera que los tiempos han cambiado, también se han modificado las costumbres de quienes se dedican al accionar delictivo, tanto de los que lo practican de forma individual, como de aquellos que operan en bandas o se unen a grupos mafiosos. Las nuevas tecnologías han proporcionado elementos de seguridad que oponen dificultades a los malhechores, pero a la vez estos se valen de estos artilugios modernos para cometer sus fechorías. Si en todas las ramas de las distintas actividades se ha debido instrumentar una adecuación a esos prodigios de la ciencia actual, nada indica que la delincuencia tenga que quedar fuera de ese proceso.

Las cámaras web, los recursos con que hoy cuentan las pericias forenses y las innumerables variantes para rastrear información de los sospechosos a través de sus redes sociales o sus teléfonos, son hoy herramientas que colaboran con las investigaciones y que, por lo tanto, deben ser tenidas en cuenta en la planificación de un acto criminal. Que casi todos los antecedentes se encuentren cargados y estén disponibles online acelera la resolución de muchos casos y deja expuestos a quienes habitan el mundo del hampa, que antes se manejaban en el anonimato y aprovechaban esa condición.

Sin embargo, también los malvivientes disponen de novedosos métodos para procurar sus fines, sobre todo dentro de la rama de lo que se denominan “ciberdelitos”. Al operar a través de la web, los ciudadanos están expuestos a que se pueda acceder a sus cuentas bancarias o a documentación privada que, si cae en manos interesadas, quizás les ocasione un perjuicio económico sensible. Pero, además, esos mecanismos que la policía utiliza como modo de control, también pueden servir a quienes realizan inteligencia para perpetrar un atraco y obtienen de la red ciertos detalles que, sin querer, son puestos al alcance de todos.

Esta evolución ha transformado en antigüedades muchos relatos policiales de vieja data, que a esta altura carecen de realismo. Cuando a duras penas existían los teléfonos fijos, cuando el único correo que había era el postal y cuando las noticias circulaban con una lentitud angustiante, los que transgredían la ley tenían un comportamiento muy distinto al que se verifica en la actualidad. Y quienes cumplían la misión de perseguirlos, anotaban nombres en libretas de papel, revisaban las carpetas con expedientes y recorrían grandes distancias en busca de testimonios, costumbres que han ido perdiendo vigencia y, si es que fuera pertinente decirlo, le han quitado su encanto a ese metier.

Tal vez por eso la película “Ni un paso en falso” se remonta a mediados de los años cincuenta para redondear un thriller con todas las letras, que bajo la dirección de Steven Soderbergh nos corta el aliento durante casi dos horas y nos introduce en una red de lealtades y traiciones sin desperdicio. Con los protagónicos de Don Cheadle y Benicio del Toro, este largometraje que ofrece HBO Max no sólo viaja al pasado para ambientar su historia, sino que además rastrea en la estructura clásica del policial negro hasta encontrar allí sus mejores virtudes.

Que la asociación criminal en la que se involucran los protagonistas tenga vínculos con la flor y nata de la industria automotriz estadounidense, no es un dato menor pero sí un plus que el realizador le adosa a un producto que ya de por sí es elogiable, sin la necesidad de transmitir por detrás un mensaje antisistema. Ausentes las cámaras de vigilancia y los prontuarios digitalizados a los cuales temer, en “Ni un paso en falso” los hampones se manejan con una impunidad exasperante, que acrecienta el vértigo de la narración y nos obliga a recordar cómo eran las cosas en aquel entonces.