Cuenta regresiva para “fórmula” contra natura de Macri

La disposición de Macri para interferir contra su principal aliado impulsando las candidaturas de Santos y Juez, parece ser una pulsión inmanejable para el ex presidente, salvo que se trate de una actitud deliberada con propósitos oscuros o inconfesables que preferimos omitir. Es obvio que esto ha sido siempre beneficioso para el partido en el poder en Córdoba desde hace 22 años, el peronismo.

Por Gabriel Osman

Mauricio Macri ya no es presidente y sus posibilidades objetivas de influir en el desarrollo de los procesos internos de la alianza –como lo hizo en 2019- son o debieran ser mínimas. Esto tiene registros, números: en muchas encuestas es el referente nacional de Juntos por el Cambio que peor mide. En el arco político completo de los “partidos” de poder no ocupa el último peldaño porque lo salva Alberto Fernández.

Pero aún en estas condiciones, podría llegar a tener capacidad de daño. Porque su pretensión de impulsar dos dirigentes no radicales en las boletas al Senado y a Diputados, Luis Juez y Gustavo Santos. Digamos con precisión que Santos es un radical nominal porque ha peregrinado por cargos públicos de relevancia desde hace 14 años, habiendo integrado en forma sucesiva desde 2007 los gabinetes de Juan Schiaretti, José Manuel de la Sota y Macri. Ocho años con el partido de oposición a la UCR en la provincia, para ser reclutado en 2015 como ministro de Turismo.

Santos fue funcionario desde su misma afiliación, en 2003, aunque en cargos de menor jerarquía al comienzo –plena era de Eduardo Angeloz- para ser promovido después al staff de Rubén Martí para distintos puestos.

Esta disposición de Macri para interferir contra su principal aliado parece ser una pulsión inmanejable para el ex presidente, salvo que se trate de una actitud deliberada con propósitos oscuros o inconfesables que preferimos omitir. Es obvio que esto ha sido siempre beneficioso para el partido en el poder en Córdoba desde hace 22 años, el peronismo. Tanto que debe computarse como altamente probable que la UCR hubiera retenido la Municipalidad en 2019 sin ruptura del radicalismo, conjetura que surge nítida de la simple adición de los votos cosechados en las dos boletas.

En las elecciones de 2019 impulsó gravosamente la candidatura de Mario Negri, al punto que la UCR se quebró y determinó que Schiaretti, más allá de los méritos de su administración, le sacara 35 puntos porcentuales de diferencia.

La verdad que como socio electoral, Macri es lo peor que le podría haber pasado al radicalismo mediterráneo, llevándolo, en términos electorales, a consecuencias similares a la pos debacle en 2001, con Fernando de la Rúa, cuando pisó los umbrales de su extinción con el 8%.

Pero ahora parece haber perfeccionado su mencionada pulsión al promover la candidatura de Santos y Juez. Ambas promociones son revulsivos perfectos para un radicalismo adormilado, digamos. Santos por sus incursiones extrapartidarias y Juez porque es, por su propia decisión, un denostador serial de la UCR (habría que acotar aquí que a quién no ha denostado públicamente el ex intendente de Córdoba).

El refinamiento de Macri para contra la UCR de Córdoba se advierte también si se comparan estos comicios en ciernes con su equivalente, en 2015, cuando Córdoba renovó su representación en Diputados y también en el Senado. Finalmente, aquella vez la “fórmula” fue mixta: Negri a la Cámara Baja y el hombre del Frente Cívico para el Senado. Claro que después Juez se bajó aunque su lugar lo ocupó el único referente de peso que aún revista en sus filas, Ernesto Martínez.

La declinación fue casi en pleno acto comicial, al punto que no hubo tiempo para rediseñar la boleta electoral para competir por la Intendencia en sociedad con su archi enemiga Olga Riutort, perdiendo por paliza. Aquella fue, también, una sociedad contra natura. Pero aquí no caben reproches porque este ideólogo de la nueva política –ofrecida como redentora en 2003- ha exhibido este estilo ampuloso y pendular como invariable.

Otra verdadera curiosidad es que esta embestida de Macri no es para darle espacio a algún dirigente del PRO. Finalmente, sería casi natural que el jugara a favor de sus conmilitones, pero ni Juez ni Santos lo son.

Ya en la recta final y con un cronograma electoral que fija las últimas dos fechas para las PASO (14 de julio, inscripción de listas y 24 de julio, inscripción de nómina de candidatos), el fantasma de otra ruptura vuelve a sobrevolar la ya escabrosa interna radical. Hay un paso pendiente para mañana y que todos dan como un trámite: la sesión virtual del Congreso Radical para ratificar la alianza. Pero todas las versiones indican que “saldrá con fritas”, según describe el argot gastronómico de los principales referentes de la UCR.