Expectativas… todo negativo

Por Gabriela Origlia 

Hay una crisis de expectativas que es un ingrediente más de los problemas económicos que enfrenta la Argentina. Hacia el futuro -según números de la Universidad Di Tella- están en terreno negativo, con datos sólo comparables a crisis como las de 2001/02, la devaluación de 2014 o el desmanejo de Juntos por el Cambio después de la derrota electoral. Las acciones y los discursos del Gobierno son la base de la imposibilidad de mejorar de la mirada a futuro. El punto se viene acarreando desde hace meses: nadie intuye la existencia de un plan económico.

La semana pasada cerró con Morgan Stanley (MSCI) reduciendo la calificación de la Argentina más de lo esperado, lo que empeora aun más el acceso al financiamiento. El país descendió dos escalones, directo a la categoría Standalone, según el índice que toma en cuenta miles de fondos de inversión; así pasó a ser parte de un grupo inferior, donde también están Trinidad y Tobago, Jamaica y Panamá

Cecilia Todesca dijo que sí existe ese plan económico pero “no es el que quieren” en Estados Unidos; así salió la funcionaria al cruce de un documento del Tesoro de ese país. Lo mismo afirmó el ministro Martín Guzmán ante empresarios el viernes.

Más allá de sus declaraciones, hay señales que alertan puertas adentro. Se cuentan, por ejemplo los mensajes que hablan -sin detalle- de una reforma del sistema de salud; las alineaciones internacionales; los avances en intentos de estatizar la hidrovía o los proyectos de cambios en la Justicia.

La inflación sigue siendo el gran tema de la Argentina; por ahora la única herramienta que usa el Gobierno es depreciar el tipo de cambio oficial al uno por ciento mensual, según definió el economista Fernando Marengo del estudio Arriazu y Asociados en una presentación ante el IAEF de Córdoba. La otra ancla es el retraso tarifario. Recién el mes pasado empezó a verse alguna ralentización en la evolución de los precios, pero la estimación es que rondará el tres por ciento mensual hasta fin de año.

Las miradas están puestas en si hay acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, que pedirá una convergencia fiscal (no un ajuste) y esa tendencia hasta el momento existe, aunque hay dudas de cómo seguirá por la cercanía de las elecciones. Además, se pedirían reformas estructurales.

Marengo, por ejemplo, cree que hay dos posibles acuerdos, uno en que no se reconozca el bimonetarismo argentino que incluiría un salto cambiario e inflacionario, un escenario parecido al de 2018. La otra chance es acordar con características similares a los del ’70, en el que se permite defender un tipo de cambio para tener un ancla cambiaria. El no acordar es el peor de los escenarios a criterio del economista.

“Lo que pase después de las elecciones estará marcado por cómo se resuelva con el FMI y, a la vez, esas negociaciones estarán signadas por el resultado electoral”, dijo.

El déficit fiscal de los primeros meses se redujo fuerte respecto del año pasado, y el Banco Central pudo aumentar sus reservas brutas por lo que hay expectativas sobre que podrá sostener el dólar oficial en valores nominales por debajo de la inflación. No pasa lo mismo respecto a la brecha con el blue.

Las proyecciones de los economistas son coincidentes en que hay presiones políticas internas en el Gobierno para aumentar el gasto de cara a las elecciones. En todas las administraciones las erogaciones crecen en años electorales.

Los números de mayo siguen reflejando el ajuste en marcha, a pesar de las decisiones para reducir el impacto de la segunda ola de coronavirus  (como fueron la suba de la Tarjeta Alimentaria, el bono a jubilados con la mínima, pensionados y titulares de AUH). Todavía en el quinto mes los ingresos subieron por encima de los gastos en términos interanuales.

l déficit fiscal primario – según la Oficina de Presupuesto del Congreso (OPC)- para los primeros 5 meses de 2021 fue de $ 118.000 millones. Equivalente a un 0,3% del PBI. Del lado de los ingresos, empujó  la recaudación el “Impuesto a la riqueza”  ($ 58.240 millones), el precio internacional de la soja que siguió por encima 560 dólares por tonelada y el incremento de la nominalidad producto de una mayor inflación a la presupuestada (cerca de 50% interanual vs 29% del Presupuesto 2021).

La incógnita es cuánto le durarán los recursos acumulados; si se impone la dinámica electoral y se da velocidad a la recuperación de ingresos de diferentes sectores sociales, es probable que la presión sobre la caja gane la partida.