Respirador VIP, otro hito en el camino de la decadencia

Otra vez un político haciendo uso de sus privilegios de casta. Así es muy difícil evitar caer en el discurso de la antipolítica y el son-todos-lo-mismo.

Por Javier Boher
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El mundo es una fiesta, amigo lector, y mientras en todos lados andan con la serpentina y el espantasuegras, acá sólo nos ponernos el barbijo cuando nos piden apretarles el pomo. Hay países que ya van volviendo a la normalidad mientras a nosotros nos ponen más restricciones que a la compra de divisas.

Igual, hay que ser sinceros: casi, casi que estamos en la normalidad de siempre. Seguimos con una pobreza que no cede desde hace 40 años, la desocupación no se nota porque hay más planes que trabajo y la inflación hace que desde que viste el precio por Mercado Libre hasta que lo fuiste a comprar a un negocio ya te pegó un salto más inesperado que el tigrense taimado cambiando de partido.

Cómo será que estamos más o menos igual que siempre, que ahora resulta que también hay respiradores VIP. Los mismos políticos que nos acostumbraron a celdas VIP cuando los detienen, vuelos VIP cuando están libres y vacunas VIP cuando todavía no había ninguna, ahora resulta que se aprovechan de los recursos de un hospital público para irse a atender a una clínica privada.

Resulta que el muchacho en cuestión es un tal Salvador Serenal, intendente radical de la ciudad con nombre de galletita y líder antiesclavista, Lincoln. Al final parece que los colores de los partidos importan poco cuando se trata de privilegios. Son casi como omnisexuales de la crítica y el repudio: hoy los del Frente de Tongos critican a los de Juntos por el Cargo, y mañana los de la Unión Geriátrica Radical cambian de rol para criticar a los del Partido Justificalista. Un ratito cada uno es la forma de que no se note el choripaneo.

La verdad, amigo lector, eso ya no sorprende a nadie. Todos arman un festival de la indignación que, igualmente, nunca trasciende de la agitación verbal. Son todos el “agarrame, que lo mato” de los adolescentes que cruzan improperios en la puerta del cheboli para hacerse ver frente a las féminas. Ninguno vale dos sopapos, pero les encanta hacerse los leones.

Ojo, que con esto no quiero decir que todos sean iguales, estimado, pero algunas veces se parecen demasiado. Haciendo un poco de memoria, no recuerdo ningún momento en la historia del radicalismo que haya decidido alinearse con los más malos del mundo, como ahora con Nicaragua. Qué quiere que le diga, me la imagino a la Cicuta del Calafate viendo El Zorro de chiquita, haciendo la barra por Montero y el Sargento García.

La verdad, estimado, a esta altura es más difícil ser optimista con el país que con Belgrano. Con tanto político VIP metido en cada recoveco del Estado, está más difícil salir del pozo que a un baile en pleno decretazo de cuarentena.

Tipos que cobran 10, 20 o 30 sueldos básicos hablando de igualdad social, justicia social y sarasa firulete. Es más difícil creerles que hacer dúo de karaoke con Julio Bárbaro. Tienen tantos privilegios que no los llegan a ver: se convirtieron tan progresivamente en los conservadores decadentes de la década del ‘20 que no se dan cuenta.

Le digo, estimado, que en algún unto la cosa me preocupa, aunque también un poco me ilusiona. Con tanto tratamiento VIP sin hacer bien su trabajo, no falta tanto para que la canasta básica sea también un lujo para los Very Important Politicians.

Hoy el sueldo promedio paga media canasta básica. Yo les recomendaría a los que toman decisiones que traten de mejorar esa proporción, porque sino la cosa se va a poner peluda. Si eso se sigue deteriorando, no creo que falte mucho para que la gente empiece a engrasar las sogas de las horcas VIP. El que nada tiene, nada teme. A esta altura, y como supuestos representantes del pueblo, bien deberían saberlo todos los políticos.

Tenga buena semana.