Un predicador diabólico

A los ya conocidos detalles de la biografía del ídolo, la serie documental “Elvis Presley: The Searcher”, que estrenó HBO en 2018 y que ahora está disponible en Netflix, le suma algunos datos sorprendentes, como su apropiación de ciertos gestos característicos de los pastores evangélicos.

Por J.C. Maraddón

Mucho se ha dicho sobre la importancia que tuvieron los coros y las agrupaciones de las iglesias en la evolución de la música afroamericana del siglo veinte y, a través de su influencia, cómo eso que se cantaba en los templos reaparece en la música pop como por arte de magia. A la notable cantidad de intérpretes que hicieron sus primeras armas en la música dentro de esas formaciones, se suma la trascendencia de géneros como el negro spiritual y el góspel, sin cuya expansión no hubieran existido varios de los estilos que nos acompañan hasta nuestros días.

Sin embargo, ha habido otra impronta que no fue tan potente en lo sonoro, aunque sí inspiró a algunos pioneros del rocanrol en cuanto a la manera de plantarse sobre el escenario ante el público. Los pastores del culto pentecostal, en su búsqueda de acrecentar la fe de sus fieles, no dudaban en realizar verdaderas performances durante las ceremonias, que incluían argumentaciones verbales acompañadas por espasmódicos movimientos corporales. Micrófono en mano, entonaban alabanzas junto a los coros y arengaban a la gente, dentro de un estilo parecido al de los animadores televisivos, pero también similar al de una estrella pop en un concierto.

La historia remarca que en sus mensajes desde el púlpito, ellos sindicaron al rocanrol como una música demoniaca e hicieron todo lo posible para apartar de ella a los creyentes, a través de campañas de boicot que se proponían sabotear a cualquiera que abordase ese repertorio. Sin embargo, en sus modos de cautivar al auditorio es fácil detectar algunos de los recursos que los propios ídolos musicales empezaron a utilizar en público, a los que les imponían un componente erótico irresistible, precisamente el detalle no menor que causaba espanto entre la grey evangélica.

Uno de esos ministros, que incluso llegó a hacer carrera como cantante, fue el reverendo Archie Dennis Jr., nacido en 1935 en Pittsburgh, quien hacia 1958 trascendió las fronteras de la comunidad religiosa para unirse a diversas formaciones vocales. La filmación de una apasionada intervención suya durante una ceremonia, en la que predica respaldado por un coro, luce como un excelente ejemplo de cuánto tenían en común esas expresiones de fe con los rituales paganos que giraban en torno a un artista que desde el escenario interpretaba sus canciones ante una multitud de seguidores que lo adoraban como si fuese una deidad.

Esa escena de archivo de Archie Dennis Jr. forma parte de la serie documental “Elvis Presley: The Searcher”, que estrenó HBO en 2018 y que ahora está disponible en la plataforma de Netflix. De modo contundente, la imagen demuestra cuánto aprendió el Rey del Rock de esas escapadas nocturnas en las que se colaba en las iglesias para impregnarse de una musicalidad que no era propia de su raza; y para adoptar ciertas herramientas gestuales que facilitaban la prédica de los pastores y que después él iba a aplicar para desatar la histeria de sus fanáticas cuando lo ameritase la situación.

Bajo la curaduría de su viuda Priscilla y la dirección de Thom Zimny, “Elvis Presley: The Searcher” toma como punto de partida un especial televisivo que el cantante protagonizó en 1968 luego de años de ausencia en cámara, para remontarse hacia atrás y repasar sus inicios. Y para individualizar los componentes de esa exitosa fórmula que en apenas tres años lo catapultó a la fama mundial. A los ya conocidos méritos que se le otorga a su capacidad para combinar elementos del country y el blues, este documental le aporta otros detalles sorprendentes, como ese nexo con un pentecostalismo que luego iba a crucificarlo por diabólico.