Los argentinos descienden de los aviones

Lo que dijo el presidente es irrelevante, una zoncera que puede decir casi cualquier argentino. A esta altura del partido, lo importante ya no es si descendemos de los barcos.

Por Javier Boher
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El presidente es una máquina de incontinencias, un dirigente que recuerda a Ronald Reagan, pero después de enterarnos de que sufría Mal de Alzheimer. Como una eficiente máquina de sandeces, va dejando una perlita tras otra, que debe atesorar en algún diario íntimo preparado para tal fin.

Prácticamente no deja pasar ninguna oportunidad para demostrar que el cargo le sobra por todos lados, aunque hay que reconocerle su universalidad: siempre se las arregla para ofender a algún colectivo en particular. A esta altura eso debería ser considerado alguna especie de don.

Ayer le tocó recibir al Primer Ministro español, Pedro Sánchez, el primer líder mundial en visitar la Casa Rosada desde su asunción. Allí pudieron pasear como en un museo, revisando un poco de la historia común de ambos países. Segurmente Fernández habrá estado emocionado de que finalmente alguien -que no sea para acercarle la lista de tareas que le mandan del Instituto Patria- haya decidido pasar a visitarlo, después de tanto tiempo sin compañía. Es que, como dijo Octavio Paz, “por las noches la soledad desespera”.

¿Cómo que esa frase no es del escritor mexicano?. Algo así le pasó al pobre Alberto, que creyendo citar al antedicho, citó a Litto Nebbia. El presidente, tratando de elogiar el vínculo entre Argentina y Europa, intentó decir que “los mexicanos descienden de los aztecas, los peruanos, de los incas y los argentinos, de los barcos”. Sin embargo, dijo que los mexicanos salen de los indios y los brasileros de la selva.

La frase le salió como cuando uno trata de copiar la receta que hicieron en la tele, pero solamente consigue hacer algo que no se le acerca en apariencia, gusto ni aroma. Aunque la frase no sea de él, sino de su amigo músico, parece poco atinado en estos tiempos en los que ni siquiera los más prolijos escribas oficialistas pueden tergiversar la palabra filmada.

El desliz es bastante zonzo, especialmente sabiendo que es un lugar común entre buena parte de la población argentina, que siente tener un vínculo más fuerte con sus raíces europeas que con los que tienen sus raíces en estas tierras. ¿Cuántos pueblos originarios quedarán en los 80km a la redonda de CABA para los que gobierna Fernández? Los pocos que hay deben ser implantados.

Macri dijo algo parecido en enero de 2018, salvo que en aquel momento la izquierda indigenista eligió estallar. Callar es hoy, para esos mismos, la salida más fácil.

Entonces, como ahora, la frase es una zoncera, con la única diferencia de que resulta, otra vez, ofensiva para los pueblos de otros países. Seguramente, en ese mismo diario íntimo en el que guarda sus perlitas diarias, hay un planisferio que va coloreando cada vez que suma otro papelón internacional. No va a parar hasta tenerlo decorado de punta a punta.

Lo verdaderamente simpático de la anécdota es que los que abrevan en ese tipo de progresismo patriagrandista (es decir, los propagandistas de la Patria Grande) eligen callar ante cada una de estas ofensas. La frase de Nebbia, en estos tiempos de ofendidos de cristal, deja a quienes la pronuncian en una posición un tanto incómoda.

Siendo generosos, ubica a los mexicanos en un plano de inferioridad, mientras a los brasileros los sitúa en una categoría casi de monos. Si dijera que los bolivianos salen de las minas, girando como los enanos de El Señor de los Anillos, que los mapuches son de pie grande como los Hobbits de la comarca y que nosotros somos brillantes como los elfos, los orcos que defienden cualquier barrabasada que pronuncia el edecán de la vicepresidenta Sauron encontrarían la manera de callar ante tamaña ignorancia.

Cada día que pasa el presidente deja en claro que no es la luminaria que nos quisieron hacer creer. No comete más errores que los que cometen tantos argentinos, que nadan en la ignorancia creciente de un sistema educativo que durante la pandemia nos enteramos que ya no es esencial.

Seguramente hay cosas mucho más importantes en la cabeza del presidente que vergüenza por esa frase. Ciertamente la gente tampoco se va a preocupar tanto por ofender al clásico rival de fútbol ni a los eternos hijos en mundiales, acaso lo único que importa a muchos que ni siquiera pueden decir el nombre de cinco ministros ni diputados de su provincia.

A esta altura, si los argentinos descendemos de los barcos, de los caballos o de los árboles es irrelevante. Preocupa más que muchos de los que entienden que lo que hace el presidente es peor que lo que dice hoy están descendiendo de los aviones. Eso sí, en lugares bastante alejados de esta realidad “americolatinista” (sic).