Fiesta y protocolo en la ciudad colonial (Segunda Parte)

En 1639, la llegada, estadía y partida del Visitador de la Real Audiencia de Chuquisaca, don Juan de Palacios, enciende una maquinaria ceremonial en el cabildo de la ciudad.

Por Víctor Rames
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Ilustración de Guaman Poma de Ayala que retrata a la Real Audiencia de Lima, 1615.

La venida a la ciudad de figuras principales de la autoridad civil colonial ponía en marcha una serie de acciones muy ajustadas al protocolo. La autoridad misma de la corona, intangible por sí misma, lejos del centro de poder e inscrita en una dispersión geográfica y territorial, se ponía en juego en cada instancia de exteriorización simbólica y ceremonial. De esa representación pública del poder dependía la construcción y reproducción del orden colonial.

En el acta del cabildo del veinticinco de enero de 1639, los capitulares leen una carta firmada en Santiago del Estero por Don Francisco de Avendaño y Valdivia, quien era Gobernador Capitán general de las provincias de Tucumán, Diaguitas y Comechingones. Dicha autoridad informaba a los cabildantes cordobeses que el visitador don Juan de Palacios, enviado por su Majestad para la real audiencia de Chuquisaca, el más alto tribunal de apelación de la Corona española sito en dicha ciudad (hoy Sucre, Bolivia), pasaría por Córdoba viniendo desde Buenos Aires, y solicitaba que se “hagan las demostraciones justas por lo que se debe a tal persona (…) en lo que toca a esa ciudad y su jurisdicción, haciendo las buenas demostraciones que me prometo de tal principal cabildo y vecinos nobles que tiene esa república”.

El anuncio echa a andar las disposiciones para cumplir con el pedido. Se prepara una sucesión de complejos protocolos adecuados para agasajar la investidura de don Juan de Palacios, Visitador de la real audiencia de la Plata (nombre conque también se designaba a Chuquisaca). El cabildo reúne a los oficiales militares para establecer sus obligaciones y dispone que una comitiva saldrá a recibir “al Sr. Visitador hasta la rinconada, camino del puerto veinte leguas de esta ciudad, y adonde le alcanzare le vendrá sirviendo hasta llegar al río Segundo, adonde le dará aviso a esta ciudad, y saldrá el sargento mayor Pedro de Ledesma y desde allí le vendrá sirviendo hasta esta ciudad. Y cuando salga de ella le irá sirviendo hasta Guanosacate y desde allí el capitán don Félix (de Zúñiga y Cabrera) le irá sirviendo hasta que salga de la jurisdicción de esta ciudad.”

El recibimiento del visitador en la ciudad, por su parte, daría lugar a entretenimientos públicos y, para la noche, un buen gasto de cera para iluminar la ciudad, incluido el “correr hachones”, referido a unas velas gruesas que llevaban ese nombre y tenían varios pabilos para encender. También se establece de dónde saldrá el dinero para pagar el agasajo al visitador.
“El capitán Miguel de Medina, regidor, ha de acompañar al sargento mayor Pedro de Ledesma, se han de jugar cañas y correr toros y la noche que llegare a esta ciudad ha de haber luminarias y correr hachones. El día que llegare ha de salir el capitán Pedro de Salas con la compañía de infantería española, hasta dos cuadras o menos de esta ciudad, y las guardias, modo y forma que ha de haber, queda a orden y disposición del capitán don Nicolás de Valdivia y Brizuela, justicia mayor. Los días que el Sr. Visitador asistiere en las casas de cabildo, a las fiestas que se le han de hacer, el cabildo le ha de dar colación, habiendo propios de ellos y, no habiéndolo, a costa de los capitulares, repartiéndolo entre todos y así mismo el gasto de garrochas. El alférez real Josef de Quevedo y Antonio Montero de Bonilla, alguacil mayor, quedan a cargo de hacer aderezar la plaza para toros y cañas y cercarle, hacer toril y que pongan arcos para la entrada repartiéndolo entre los vecinos y moradores. En cuanto a lo demás que es adorno de casa y en donde ha de posar el Sr. Visitador, queda a disposición de dicho capitán Don Nicolás de Valdivia, justicia mayor.”

Los meses corren desde aquellas disposiciones, y recién en septiembre de 1639 se concretará la visita de don Juan de Palacios a Córdoba. La misma tendrá lugar cuando la ciudad está también próxima a celebrar la fiesta de San Jerónimo, y sobre estos rituales trata la reunión de Cabildo. Se discute el reemplazo de Josef de Quevedo, alférez real, quien deberá ausentarse en esa festividad, como portaestandarte, y todos los capitulares decidieron por unanimidad nombrar en su lugar al sargento mayor Pedro de Ledesma, alcalde ordinario, quien estaría a cargo de los toros y garrochas.

A renglón seguido, el acta trata lo atinente al visitante ilustre que se halla en Córdoba:
“Por cuanto al presente está en esta ciudad el Sr. Doctor Don Juan de Palacios del consejo de su Majestad, visitador de la Real Audiencia de la Plata y se ha de hallar en los toros y fiestas que se han de hacer, se da comisión al dicho sargento mayor Pedro de Ledesma para que, de la plata que esta ciudad tiene, gaste en colaciones y demás necesario que fuere menester con buena cuenta y razón que todo se le pasara en cuenta de la dicha plata.”

La llegada y la estadía del Visitador ha sido un esfuerzo para la ciudad, pero queda por delante la partida del importante personaje, y a coordinar ese operativo se aboca el cabildo en su sesión del diecisiete de septiembre de 1639. Ya no hay tanto protocolo, quedan por resolver aspectos prácticos.
“Se trató que por cuanto el doctor Don Juan de Palacios del consejo de su majestad visitador de la Real audiencia de la plata está en esta ciudad de camino para la dicha real audiencia y no tiene avío para pasar de esta ciudad, de carretas, bueyes e indios y que para que pase y no se detenga se haga memoria de los vecinos que tienen carretas e indios para que cada uno dé una carreta aviada con bueyes e indios para que de aquí a la ciudad de Santiago del Estero, donde Su Señoría tomará otras y a cada uno se pagará lo que ordinariamente se debe dar por el flete de las dichas carretas de la plata del dicho Sr. Visitador y que lo cumplan, pena de doscientos pesos, la mitad para la cámara de su majestad y la otra mitad para gastos de obras públicas. Y este cabildo sirva de auto y el presente escribano lo notifique a los vecinos o en sus casas de manera que llegue a su noticia”.