La lluvia seguirá cayendo

El sábado pasado, a los 78 años de edad, falleció el cantante estadounidense B. J. Thomas, víctima de un cáncer de pulmón. Su voz quedó unida para siempre al tema “Raindrops Keep Fallin' on My Head”, que grabó para la banda sonora de “Butch Cassidy And The Sundance Kid”.

Por J.C. Maraddón

Se tiende a creer que, hacia finales de los años sesenta, el rock era ya el género favorito de las mayorías, sobre todo después de 15 años de una evolución constante que había engendrado un movimiento cultural cuya repercusión iba mucho más allá de la música e influía de alguna forma en los acontecimientos sociales. Con los Beatles y los Rolling Stones como máximos referentes, la sonoridad rockera se hacía cargo de las expectativas juveniles y bien podría pensarse que quedaba allí muy poco espacio para los intérpretes que no se avenían a involucrarse de lleno en ese espíritu de la época.

Sin embargo, no todos se habían contagiado de esa fiebre y existía un amplísimo mercado que prefería otros estilos. De hecho, más allá de que el rock se encontrase en la cresta de la ola, quizás la mayoría de la población (sobre todo el público adulto) no se identificaba con esa contracultura y, por el contrario, prestaba mayor atención a un cancionero más apegado a la vieja escuela. La raza de los crooners, esos cantantes de voz acaramelada y siempre en tono, distaba mucho de extinguirse y sus grabaciones aún conmovían a esa masa anónima de personas que luego compraba sus discos.

Por ejemplo, el primer número uno de 1970 en el Hot 100 de la revista Billboard, fue un single publicado en octubre de 1969, como tema principal de la película “Butch Cassidy And The Sundance Kid”, estrenada ese mismo año con los protagónicos de Paul Newman y Robert Redford. La pieza compuesta por Burt Bacharach y Hal David, que llevaba el título de “Raindrops Keep Fallin’ on My Head” (Gotas de lluvia caen sobre mi cabeza), estaba destinada a transformarse en un clásico de todos los tiempos y, más de 50 años después, se sostiene en esa categoría.

El que canta en esa versión original es B. J. Thomas, un vocalista que había empezado como intérprete de góspel y que llegó hasta Bacharach gracias a una recomendación de Dionne Warwick, para quien el famoso orquestador había compuesto “I Say A Little Prayer”. A regañadientes, Burt Bacharach convocó a Thomas al estudio y le hizo grabar una toma tras otra hasta que recién después de siete intentos quedó conforme. Lo insólito es que al momento de esa sesión, el cantante padecía de laringitis y, pese a todo, pudo salir a flote de un desafío con semejante nivel de exigencia.

Estrellas como Bob Dylan y Ray Stevens habían rechazado la invitación de Bacharach para entonar esa canción en la banda de sonido de “Butch Cassidy And The Sundance Kid”, lo que dejó a B. J. Thomas ante la gran oportunidad de su vida. Venía de asomarse al éxito un año antes con “Hooked on a Feeling”, un single que fue un suceso de ventas y que tenía la particularidad de que en él se utilizaba el sitar eléctrico. El músico, oriundo de Arlington, Texas, logró de este modo inscribir su nombre en la historia de la música pop.

El pasado sábado, a los 78 años de edad, B. J. Thomas falleció víctima de un cáncer de pulmón. Aunque en 1975 obtuvo una enorme repercusión con el tema country “(Hey Won’t You Play) Another Somebody Done Somebody Wrong Song”, su voz quedó unida para siempre a “Raindrops Keep Fallin’ on My Head”, cuya interpretación le reportó un prestigio que perduró a lo largo del tiempo. Mientras el rock de aquellos años se proponía cambiar el mundo, otros artistas tan sólo buscaban entretener y conmover a quienes escucharan sus obras. Por haber alcanzado ese objetivo, Thomas será recordado cada vez que esa canción vuelva a sonar.