La doble paritaria del Suoem (dentro y fuera de la mesa)

Mientras las bases esperan novedades de la paritaria, las reuniones formales tardan en comenzar. Sí se mantienen, por el contrario, conversaciones informales sobre temas varios, muchos de ellos indiferentes a la mayoría de los municipales, tales como un blindaje para los mandos medios, el pase a contrato de monotributistas y mayor rapidez en la tramitación de las pasividades anticipadas.

Por Felipe Osman

Vencido el plazo acordado en noviembre del año pasado entre el Sindicato Municipal y el Ejecutivo para empezar las tratativas que deriven en un nuevo reajuste salarial, y habiendo intimado el Suoem a la Secretaría General para iniciar esas conversaciones, ninguna de las partes ha informado que la negociación haya comenzado. Las bases del sindicato, que se preguntan sin demasiadas esperanzas el porqué de la demora, no reciben ninguna respuesta. Y no les sorprende.

En realidad la conducción -y particularmente la Comisión Salarial- del Suoem siempre ha guardado con celo sus conversaciones con el Ejecutivo, a tal punto que quienes conocen de cerca el modus operandi de Rubén Daniele aseguran que las “mesas de diálogo” no son mucho más que un decorado, una escenografía detrás de la cual se llevan adelante las verdaderas negociaciones con quien comande el Palacio 6 de Julio.

Más aún, desde la llegada del peronismo a la botonera de la ciudad esa opacidad de la comisión directiva se ha agravado, o al menos se ha tornado más notoria por un simple motivo: los éxitos no necesitan explicación, los fracasos sí.

Si antes la confianza en la conducción era grande no era porque todos los empleados del municipio creyeran férreamente en la probidad de sus representantes, sino porque confiaban en su eficacia para defender los intereses colectivos del gremio. Ahora que ese crédito -por obvias razones- se ha esfumado, a los municipales empieza a picarles más la curiosidad por saber qué es lo que sucede en las negociaciones entre el sindicato y los alfiles de Martín Llaryora y, llegado el caso, conocer cuáles son las variables de ajuste de esos acuerdo, en la sospecha de que podrían ser ellos mismos.

Para colmo de males, conocer la letra chica de los arreglos es harto difícil, por la simple razón de que el Suoem no negocia en una sola ventanilla, si no en todas las posibles. Y eso, que en algún momento bien pudo ser aplaudido por las bases como un mecanismo ingenioso para apretar en todas las líneas y sacar los mayores réditos posibles, ahora termina alejándolas todavía más de la posibilidad de conocer qué se juega y qué se reparte.

Expliquémoslo. La conducción del Suoem y los delegados fieles a la lista Verde dividen la estrategia de presión sobre el Ejecutivo desdoblando las negociaciones. Existe un ámbito montado para escena en el que la conducción “negocia” con el Palacio Municipal las grandes cuestiones que afectan a todos los empleados (la paritaria) o a un grupo medianamente representativo de ellos (por ejemplo, quienes aspiran a pasar de monotributistas a contratados, o de contratados a integrantes de la planta estable, o quienes esperan hacerse con los beneficios de la pasividad anticipada), aunque en realidad esos temas se negocian primero en reuniones mucho más reducidas para rubricarse después con las formalidades del caso.

Por otro lado, también existen negociaciones que se dan secretaría por secretaría y repartición por repartición. En ellas los protagonistas son los delegados y sus contrapartes los funcionarios de medio rango dentro de la estructura orgánica del municipio; y por su intermedio se consiguen otros beneficios, como horas módulo y -en otros tiempos- prolongaciones de jornada.

Desde la salida del radicalismo el sindicato también debe velar por otro colectivo algo más difícil de defender: los mandos medios interinos, empleados jerárquicos que en muchos casos no deben su posicionamiento escalafonario a su solvencia técnica o a la eficiencia con la que desempeñan sus funciones sino a su cercanía o con los anteriores moradores del Palacio Municipal o con los jerarcas del mismísimo Suoem.

Hasta el momento los únicos trascendidos que llegan desde el gremio apuntan que el objetivo será sellar un acuerdo que deje a los municipales empatados con la inflación durante el 2020 y que les asegure un reajuste cercano al 40 por ciento (dividido en tres tramos) para el 2021. Las bases -a las que tras repetidas pérdidas tampoco obnubila ese número- dudan aún de que aquel sea el propósito real del gremio, y al mismo tiempo se preguntan qué parte de ese guarismo podrá escurrirse velando por intereses que no son propios de todos los municipales, sino apenas de unos cuántos de ellos.