Las vacunas VIP matan

Es notable cómo algunos no pueden relacionar ciertos hechos con sus consecuencias. Que el domingo haya fallecido Miguel Lifschitz por Covid tiene más que ver con Duhalde que con Macri.

Por Javier Boher

Existe en inglés un neologismo bastante interesante para definir una práctica muy extendida entre las personas que, un tanto arrebatadas, quieren ganar las discusiones sin detenerse mucho en los argumentos. El “whataboutism” (algo como “¿y qué sobre…?) es un tipo de falacia ad hominem en la cual se pretende relativizar la propia falla señalando una supuesta hipocresía de los otros.

Entre los internautas más identificados con el espacio opositor al gobierno se ha identificado un ejemplo muy claro de esto, una forma bastante simpática con la cual referirse a la permanente búsqueda de excusas con las que el kirchnerismo busca tapar su inoperancia señalando los errores del gobierno anterior, el famoso “Ah, pero Macri”.

Por supuesto que esto mismo vale para el otro lado, con un “ah, pero Cristina” cada vez que se señalaba algún posible caso de corrupción entre los funcionarios del anterior gobierno. La calidad de las gestiones hace que sea demasiado fácil echarle la culpa a los otros como para aceptar los errores propios.

Pese a ello, esto del “Ah, pero Macri” siempre encuentra nuevas formas de colarse, algunas incluso de lo más ridículas. Esta vez apareció, de imprevisto, cuando en un diario nacional señalaron que el ex presidente había viajado a Estados Unidos para ponerse la vacuna contra el Covid-19.

Por alguna extraña alquimia a decenas de personas le pareció un acto denostable, propio de un ser gris y egoísta, un Ebenezer Scrooge dispuesto a obtener -con placer- un beneficio al cual el resto de la población no puede acceder. “Él, rico y con posibilidades de viajar, se vacuna mientras nosotros estamos acá esperando nuestro turno”.

Leyendo entre líneas se puede ver el resentimiento ante tal situación, de gente que cree haber hecho mucho más mérito que nacer en una cuna de oro como para recibir la vacuna antes que el expresidente. Quizás tengan razón.

Lo simpático de todo esto es que esos mismos personajes, vacíos de toda capacidad de crítica real, es que parecen haberse olvidado de por qué el vacunarse es una suerte a la que no todos acceden. Parecen perder de vista que los responsables de asegurar la vacunación eligieron vacunarse entre ellos, algo que puede sonar simpático como chiste homofóbico, pero que en la realidad significa que abusaron de su posición de privilegio.

Los que apuntan a Macri parecen olvidarse del papelón de la vacunación del expresidente Duhalde y su familia. En aquella ocasión, el segundo de la actual ministra Vizzotti fue al domicilio particular del ex intendente de Lomas y -para no desperdiciar las vacunas una vez abierto el paquete- vacunó a más personas que las que estaban en condiciones objetivas de recibir el pinchazo.

Los padres de la ministra también estuvieron antes, así como las amantes de más de un ministro o intendente. ¿Cómo alguien puede creer que son privilegiadas chicas de veinticortos que han hecho mérito al ayudar a atribulados funcionarios a descomprimir las tensiones de mantenerse en el cargo durante una pandemia tan dura?.

Esa compulsión por señalar permanentemente hacia el otro lado -hacia alguien que hoy no tiene un cargo público ni responsabilidad alguna para con los ciudadanos- como mecanismo exculpatorio es de una bajeza absoluta, especialmente cuando cada vez está más claro que la corrupción en la administración de vacunas que pagamos todos le ha costado la vida a más de un argentino.

El domingo falleció por Covid Miguel Lifschitz, exgobernador de Santa Fe por el Partido Socialista. Independientemente de su gestión -que la mayoría de la gente coincide en poner en un buen lugar- lo que más llamó la atención fueron las amplias muestras de afecto y congoja por su partida. Desde todo el arco político señalaron su voluntad de diálogo y trabajo por el bien común.

Esos son los ejemplos de qué es lo que pasa cuando las vacunas se reparten entre militantes o entre amigos. Se pierden vidas como las de un dirigente que se encontraba en alta estima de los ciudadanos sobre los que gobernó.

No fueron pocos los que señalaron que no quiso usar su currículum ni sus contactos para acceder antes a una vacuna, sino que prefirió esperar en la cola, con la humildad y honestidad que tantos le atribuyen a los socialistas democráticos (al menos a los santafesinos). A la luz de los resultados, ¿valió la pena su compromiso ético?.

Señalar con el dedo a los que no se adelantan en la cola para recibir su vacuna, sino que la buscan en otro lado, parece ser el mecanismo con el que el kirchnerismo quiere ocultar otro episodio derivado de su egoísta robo de vacunas. Premiar la lealtad de los propios con lo que es un bien escaso del que dependen muchas vidas es de una bajeza que supera incluso los mismos límites de cinismo que ha establecido el kircherismo.

Hay una verdad que nunca deja de confirmarse en este país: la corrupción mata. La mayoría de las veces las víctimas son anónimas para el grueso de la gente. Esta vez no lo fue. Pero lo verdaderamente importante parece ser que algunos pueden viajar a vacunarse, no que se roban las vacunas. Estamos condenados al éxito, dijo alguna vez un vacunado VIP. Estamos condenados.