Llaryora apuesta a la saturación para potenciar armado e imagen

El llaryorismo busca potenciar su armado territorial y la imagen del intendente -dentro y fuera de Circunvalación- con un shock de gestión y presencia en las seccionales.

Por Felipe Osman

La cuenta regresiva que empezó a girar el 10 de diciembre de 2019 es una alarma que nunca deja de sonar en los oídos de los sub-50 del peronismo de Córdoba. Juan Schiaretti asumió entonces su tercer y último mandato al frente de la Provincia, y en simultáneo largó una carrera de posicionamientos con meta de llegada en 2023. El ganador, imaginan los competidores, se hará con la plataforma de lanzamiento de una administración cuya aceptación, en los últimos tiempos, nunca baja de 50 puntos (aunque tiene picos de más de 75) y con el envión de 24 años ininterrumpidos de éxitos electorales.

La zanahoria es grande. Pero tiene una condición: hay que alcanzarla en cuatro años. De lo contrario todo se complica. El “ciclo virtuoso” se interrumpe y la oposición bien podría encontrar tierra fértil en un electorado encandilado por los misteriosos dones de Juntos por el Cambio.

En ese escenario, real o figurado, tejen planes y sacan cuentas quienes se perfilan como favoritos para liderar la sucesión peronista. Y a la cabeza de todos ellos, el intendente Martín Llaryora.

El problema es el tiempo. Hacer cumbre en el Centro Cívico, dicen los que saben, es dos veces difícil si se marcha apurado. Y en cuatro años no sobra el espacio para separar la campaña de la gestión.

En ese entendimiento, seguramente, es que la gestión municipal avanza con velocidad, incluso a riesgo de trastabillar, y en simultáneo avanzan la construcción territorial del llaryorismo, que necesita músculo propio en la Capital, y una suerte de campaña para esculpir en el electorado una imagen de Llaryora-gestor equiparable a la que el propio gobernador ha sembrado durante sus años a cargo de la Provincia.

Todo, desde luego, acompañado de una fuerte campaña en redes sociales para lograr el pleno conocimiento del intendente en toda la provincia, meta que no debiera representar un obstáculo mayor para quien ya carga con tres campañas provinciales en sus espaldas (Diputados 2013, vice-gobernación 2015, Diputados 2017).

En ese “sprint” de cuatro años el llaryorismo va al abordaje del territorio desde distintos frentes, todos vinculados a la gestión, y en cada uno de ellos cultiva la imagen que el intendente necesita cosechar antes de que llegue el 2023.

Desde la Secretaría de Salud, comandada por Ariel Aleksandroff, la Municipalidad impulsa el programa de contención sanitaria “Nos encontramos en tu barrio”, que a partir de hoy se duplicará instalándose simultáneamente en dos locaciones que irán rotando para alcanzar a todas las seccionales cada quincena.

Desde Participación Ciudadana Juan Domingo Viola recorre las seccionales de Córdoba llevando fondos a Centros Vecinales y siguiendo la marcha de las Juntas de Participación Vecinal, destinadas a canalizar los recursos que provienen del Presupuesto Participativo Barrial con los objetivos centrales de sumar al vecinalismo a la gestión crear vasos comunicantes entre él y el llaryorismo. La desconcentración de las áreas operativas ofrece una herramienta más para la consecución de tales propósitos.

Desde la Tamse y el COyS se llevan adelante un amplio abanico de tareas que hacen llegar la gestión al territorio, como la erradicación de micro y macro basurales, la instalación de luminarias y hasta algunas pequeñas obras de bacheo.
Desde la Secretaría de Desarrollo Urbano se ejecuta tal vez el plan que más desvela al intendente: el de bacheo, para cuyo avance el Palacio 6 de Julio ya estaría negociando la llegada de fondos extraordinarios de la Provincia.

A todo esto se suman las Unidades Ejecutoras y entes de distinta naturaleza conformados por la actual administración y, desde luego, la estructura de los CPC. A excepción de éstos últimos, donde el viguismo conserva alguna predominancia, el resto de los espacios son ocupados en su gran mayoría por llaryoristas que llegan a las seccionales con recursos y se abocan a la construcción territorial por medio de la gestión, desarrollando programas que no solo entablan vínculos directos entre el llaryorismo y el territorio, sino que además crean oportunidades para que el intendente se muestre en toda la ciudad, ocasiones que son a la vez replicadas en la redes sociales sin descanso.

Así el llaryorismo concentra todo -gestión, construcción política y campaña- para llegar al 2023 en condiciones de montarse sobre el capital político del actual gobernador y tomar la posta en una jugada que no está exenta de riegos, pero que se vislumbra como una oportunidad imposible de dejar pasar.