Sin prerrogativas

A la usanza de la década del noventa, dos gigantes del mercado latino del entretenimiento han anunciado que se unen, en este caso para lanzar una plataforma de streaming. Tras haberlo desmentido con insistencia, la mexicana Televisa y la estadounidense Univisión admitieron que se fusionan.

Por J.C. Maraddón

En el ámbito de las comunicaciones, así como en el resto de las áreas de la industria, existen fuerzas centrífugas y centrípetas que tironean del mercado para hacerse su lugar y, si es posible, detentar una posición predominante. Apelando a diversas estrategias, los permanentes reacomodos le otorgan una particular dinámica al sector, que se ha visto conmovido con los avances de la tecnología. La irrupción de la virtualidad ha desatado un verdadero terremoto que puso en crisis a los medios tradicionales y que ofreció a las audiencias un abanico de alternativas que desestabilizó imperios comunicacionales a los que se creía indestructibles.

Lo que caracterizó a las últimas décadas del siglo veinte fue una desigual confrontación entre los titanes del entretenimiento y las iniciativas independientes. Mientras los primeros satisfacían la demanda masiva y se regulaban por los principios del comercio, las segundas estaban mucho más comprometidas con las necesidades de segmentos muy específicos de público, que no resultaban rentables para las empresas de mayor envergadura. Esa puja muchas veces se resolvía de manera cruenta, cuando la presión de las majors forzaba a las más pequeñas a vender sus acciones y así terminaban siendo cooptadas por el sistema de producción puro y duro.

Luego sobrevino la etapa de fusión entre las firmas más fuertes, a través de integraciones en las que complementaban sus funciones e intereses y montaban una estructura de poder que las volvía imbatibles. Este tipo de asociaciones buscaba consolidar una cadena de monopolios que diera por tierra con cualquier atisbo de competencia, algo que se suponía no debía ocurrir en una economía de mercado. Cuando empezó a vislumbrarse el potencial de la web, los pioneros de ese rubro confluyeron en estas fusiones con los pools de la vieja escuela, en su carácter de proveedores de un servicio que era la gran novedad.

Fue entonces que salieron a la cancha jugadores como Microsoft, Google o Amazon y las condiciones cambiaron de forma radical, hasta que el panorama se vio alterado sin retorno. Al haber adquirido preeminencia en diversas prestaciones vinculadas a internet, estos nuevos actores se encontraron con la sartén por el mango y pudieron instaurar sus propias reglas de funcionamiento, dentro de un esquema productivo donde lo virtual cobraba una importancia decisiva. La posterior aparición de nombres como los de Spotify o Netflix, que desde los márgenes pasaron al frente en cuestión de pocos años, dio la pauta de que ya nada era como antes.

La reconversión en plataformas de streaming de antiguos campeones como Disney o Paramount, es un síntoma de los tiempos que corren, con un modelo de negocios que varió de modo significativo. De fusionarse para noquear a los competidores emergentes, han pasado a encabezar iniciativas individuales, con la finalidad de aprovechar al máximo los contenidos propios, luego de habérselos cedido durante años a Netflix, con la idea de que ese material había agotado su vigencia. Ahora, tarde, descubrieron el error y pretenden enmendarlo sin tener en cuenta que estuvieron alimentando a su propio verdugo.

A la usanza de la década del noventa, dos dinosaurios del mercado latino han anunciado que se unen para promover sus propio emprendimiento en el streaming. Tras haberlo desmentido con insistencia, la mexicana Televisa y la estadounidense Univisión admitieron que formarán una asociación una vez que el proyecto sea aprobado por los entes regulatorio de sus respectivos países. Exitosas y taquilleras durante décadas, han resuelto encarar juntas una nueva etapa en la que no les sirve de mucho haber liderado la producción y distribución de contenidos audiovisuales para los públicos de habla hispana. El espanto de una debacle las insta a arriesgarse en un terreno donde no tendrán prerrogativas.