Oficialismo atento a los “cazadores furtivos” del 2024

Surgen pequeñas señales en la estructura interna del oficialismo que fuerzan el debate sobre la carrera por la sucesión del proyecto llamosista. Aunque permanezcan enfocados en el eje sanitario y económico, comienza a percibirse cierta incomodidad.

Por Gabriel Marclé

En días donde la pandemia y el amortiguamiento de la crisis económica ocupan la mayor parte de la agenda municipal, llamaron la atención algunos gestos políticos que circularon por el interior del Palacio de Mójica. Mientras los nombres más importantes del equipo municipal insisten en no darle entidad a estas señales, el rumor general dentro de la estructura oficialista parece enfocada en señalar a los avances discretos de algunos actores específicos en el PJ.

Estos gestos distan mucho de traer paz y tranquilidad en un Gobierno que todavía lucha por tapar los huecos que dejaron exabruptos como el del falso médico del COE. Cada uno de ellos parecen señalar un clima de cacería furtiva, esa que transcurre fuera de temporada y de manera casi ilegítima. Los cazadores, todavía ocultos entre la maleza, parecen tener un objetivo claro: Meterse de lleno en la carrera que definirá al sucesor de Juan Manuel Llamosas en 2024.

En la mañana del pasado miércoles, mientras el intendente se encontraba transitando un raid de gestión en diferentes puntos de la ciudad, sus allegados analizaban el impacto que generaría una enigmática publicación en redes. El autor de esa acción era Mauricio Dova, tribuno de cuentas que aun dentro del oficialismo sigue generando ruido entre sus “compañeros”.

“Se vienen cosas nuevas”, posteaba en sus redes el otrora confidente del jefe municipal, acompañando sus palabras de lo que parecía un logo digno del lanzamiento de una campaña política. Sus iniciales, M.D., daban forma al logo y encendían los comentarios entre sus correligionarios, tanto en los seguidores como en sus detractores. ¿Cosas nuevas como cuáles? El comentario de los más desconfiados apuntaba a la teoría del lanzamiento de un proyecto con vistas al 2024, una alternativa entre las tantas que se dirimirán la sucesión peronista.

Aunque fuentes consultadas del entorno de Dova negaron la teoría de un abrupto lanzamiento político -aducen que son simples cambios gráficos en sus redes-, el tono enigmático y el sorpresivo timing plantearon preguntas respecto a la estrategia del tribuno de cuentas, caracterizado por tener una personalidad bastante particular cuando se trata de intervenciones políticas.

Aunque hoy le toca ocupar un rol institucional que relega su protagonismo en la cotidianidad del Ejecutivo, Dova continúa metiendo fichas a su figura como referente político dentro de un llamosismo que lo parece haberlo exiliado de la mesa chica que supo integrar en otros momentos. “No se puede quedar quieto”, comentaba al respecto un atento seguidor de su desempeño en las canchas del oficialismo.

Pero la sensación de cacería no se encendió solo con el caso de Dova, sino que también se ubicaba en otros lugares del peronismo. Los rumores generados tras el llamativo video de turismo en Río Cuarto lanzado días atrás desde la secretaría municipal comandada por Agustín Calleri, dio lugar a sendas especulaciones entre “los muchachos” del PJ local. Entendían que era un adelanto del proyecto que creen el ex tenista tiene preparado para aspirar por la intendencia.

Más allá de estos dos ejemplos, que sucedieron en menos de una semana, la sensación de un oficialismo como blanco de cacería se viene acrecentando con el paso de los días. Como se ha visto, no es algo que atañe a la insistencia confrontativa de la oposición, sino que crece desde el interior del propio oficialismo; aunque todavía desde un plano subrepticio.

Desde la Municipalidad, allegados a la mesa chica del Gobierno aseguran que estos hechos carecen de trascendencia, que lo que algunos venden como munición gruesa son en realidad pequeños balines. Esto no significa que la cacería fuera de temporada no haya generado molestias entre los dirigentes más cercanos al intendente. Es que el plan del presente sigue enfocado en lo sanitario y la crisis económica, algo que ha transmitido a todos y cada uno de sus funcionarios. Si no cumplen con la comanda, surgen los problemas.

La sensación que predomina en algunos sectores es que, mientras la mayoría se centra en cazar el Coronavirus, hay otros que están mirando para adelante (muy adelante) y priorizan las agendas propias. Ese adelante es 2024, de aquí a tres años, lo que alimenta la preocupación del Ejecutivo por aquellas acciones que “aparecen a destiempo” pero tiene mucho tiempo para desgastar una gestión que todavía no se recupera.

Algo de estas diferencias de criterio comenzaron a olfatearse en el 2020, cuando la peor parte de la pandemia azotaba Río Cuarto y entre los integrantes del gabinete surgían roces por la entrega, por quién transpiraba la camiseta y quien no. Al comienzo del segundo mandato continuaron los cruces internos, algunos de los cuales motivaron salidas abruptas. El liderazgo de Llamosas y la mesa no pudo frenar que, a poco de arrancar una nueva etapa, ya se empezara a hablar de sucesión.

Aunque la cabeza del Estado municipal no le dé entidad a las por ahora pequeñas irrupciones de los proyectos 2024, llegará el momento en el que se pasen los humos de la pandemia y se deba volver a la organización política de los propios. De no frenar los chispazos, nada le garantiza a Llamosas que su equipo no termine más centrado en los objetivos individuales que en los logros generales de su gestión. Después de todo, esto también será puesto en consideración a la hora de evaluar si está lista para dar el salto a las grandes ligas.