Córdoba asediada por el gobierno central

Por Javier Boher
Córdoba parece cercada. No se trata sólo de una percepción sesgada por el orgullo provinciano, sino también de una cuestión objetiva ante las negociaciones -o imposiciones- en diversos campos.
La situación delicada no alcanza exclusivamente a nuestra provincia, ya que la maltrecha economía intensifica los conflictos locales y los malestares de cada distrito. Sin embargo, cada tema que se debate en el plano nacional es absolutamente prioritario para la economía y la política cordobesas.
En lo poco que llevamos de año ya se han tratado tantos temas que casi no se los puede tratar a todos en extenso y en profundidad sin entrar en consideraciones que exceden lo meramente técnico. La política, los intereses partidarios y las devoluciones de gentilezas a ciertos grupos de poder parecen estar jugando un papel mucho mayor que el que cabría atribuirle normalmente a la clara dirección que siguen estas cuestiones.
Pensemos por un momento el tema de la hidrovía. Una provincia mediterránea como la nuestra necesita de algún mecanismo eficiente y económico para poder exportar su producción. Sin grandes ríos navegables la integración con el mundo a través del río Paraná es fundamental, como lo es también la cuestión sobre quién controla efectivamente dicha vía.
El ala dura del gobierno nacional plantea una estatización que -a juzgar por la calidad que han demostrado a la hora de administrar las empresas públicas- haría solamente daño a los intereses de la provincia, que correría el riesgo de quedar aislada del mundo como en aquellos tiempos en los que Buenos Aires imponía su voluntad a las provincias por estar sentada sobre la aduana.
El actor más golpeado sería el campo, ya elegido como enemigo número uno de un gobierno decidido a profundizar sus antinomias. El mismo actor sufriría también otro de los temas que ha acaparado la atención de los cordobeses, el de los biocombustibles.
Sobre este tema el gobierno nacional ha operado hábilmente para partir el bloque de las provincias productoras, con una salvaguarda discrecional para los cañeros del norte, donde tiene grandes intereses económicos uno de los financistas de la campaña electoral que puso al kirchnerismo en el gobierno, un gobernador que supo ser ministro de salud de la nación en otros tiempos.
La contraofensiva schiarettista es interesante, al menos en el plano discursivo. Hay que esperar a ver si tales medidas pueden ser implementadas bajo el asedio de los que no toleran ver a una Córdoba que se esfuerza por mantener su autonomía.
El tercer punto también se vincula al mismo sector. Las nuevas restricciones a las exportaciones y los rumores por nuevos aumentos de las retenciones afectan de manera directa a la provincia, que tiene gran parte de su economía integrada al campo. Es prácticamente imposible pensar que Córdoba podría aceptar mansamente medidas que la afectarían mucho más que a la mayoría de las provincias, que usualmente viven de la dádiva que el estado nacional reparte tras expoliar a los cordobeses con sus tributos.
Finalmente, siendo este el segundo distrito más importante del país, la economía provincial es de las más complejas, diversas e integradas del país. Muchas de las empresas más grandes de Argentina son de origen cordobés o tienen gran parte de sus operaciones en nuestro suelo. El aumento del impuesto a las ganancias para las empresas es otro síntoma de que desde el gobierno central no se trabaja en beneficio de todas las unidades subnacionales que mantienen andando la economía porque están comprometidas con generar riqueza, sino que lo hacen guiados por el chiquitaje de la política para acomodar amigos o para ganar elecciones en el corto plazo.
Córdoba está rodeada, amenazada también por parte de una dirigencia cordobesa que privilegia respetar las consignas bajadas desde el Instituto Patria antes que defender los intereses y resolver las necesidades del terruño. Los próximos meses serán cruciales para la autonomía provincial, así como también para los que pretenden proyectarse al plano nacional.
Los que habitan en esta provincia resisten, sin saberlo, el asedio de los que no toleran la diversidad ni la disidencia, los que no respetan la autonomía provincial y que -fundamentalmente- envidian el orgullo con el que los cordobeses defienden su tierra, su trabajo y su prosperidad. Cada batalla es silenciosa, pero crucial, para mantenerse erguidos mientras otros eligen arrodillarse.