Por qué se alteró la pax cambiaria

En las últimas dos semanas el dólar blue aumentó y la brecha alcanzó 70% nuevamente. Lo que está empujando la suba es que hay temor por la posibilidad de un nuevo cierre de la economía por el aumento de contagios de coronavirus. Eso implica presión sobre el gasto público que requeriría de más emisión para cubrir el rojo. Más dinero circulante es más posibilidades de alza del dólar.

dólaresEl dólar paralelo volvió a ser noticia. Hay demanda de inversores que vienen haciendo bicicleta en pesos ganando con la tasa de interés y que ahora perciben que es momento de cambiar ese dinero por dólares. Ayer siguió aumentando hasta llegar a $163 y bajar un peso. Desde la semana pasada, acumula un alza de $ 20, más de 14%. El precio del oficial sigue devaluando lento. El  mayorista cerró la rueda en $ 93,44, once centavos arriba del martes, mientras que el minorista se mantuvo en $ 98,50 en el Banco Nación y subió a $ 98,90 en el promedio de los bancos. Así, el “solidario” cotiza en $ 163 en promedio, un peso arriba del blue.

Salvo por el campo, a la Argentina no entran divisas. En marzo liquidó exportaciones, según las cifras de la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina (Ciara) y el Centro de Exportadores de Cereales (CEC), por US$ 2773 millones, y marcó un récord para la historia de esos meses.

Con esos recursos el Gobierno pudo armar un colchón para intentar corregir el comportamiento del dólar. En abril, según fuentes privadas, esa tendencia se mantuvo y entrarían unos US$2500 millones. En el primer trimestre las divisas que aportará el campo sumarán unos US$9700 millones.

En las últimas dos semanas el dólar blue aumentó y la brecha alcanzó 70% nuevamente. Lo que está empujando la suba es que hay temor por la posibilidad de un nuevo cierre de la economía por restricciones provocadas por el aumento de contagios de coronavirus implicaría una presión sobre el gasto público que requeriría de más emisión para cubrir el rojo. Más dinero circulante es más posibilidades de alza dl dólar.

Pesa también que la tasa de interés para los plazo fijo en pesos sigue en 37% anual para minoristas y quedó atrás de la inflación, resultando poco atractiva. Eso también explica el significativo crecimiento de los plazos fijos en UVA. No hay, por ahora, definiciones acerca de que el Banco Central vaya a aumentar la tasa.

La cuestión de fondo, una vez más, es la incertidumbre. Las dudas de en qué derivará el escenario político-económico-sanitario, qué decisiones tomará el Gobierno y hacia dónde irá. No hay avances en la negociación con el Fondo Monetario Internacional (FMI), un hecho que podría traer cierta calma en las expectativas.

Los indicadores de actividad también empezaron a ralentizarse, aun antes de las primeras limitaciones a la movilidad. Hay economistas que venían advirtiendo en ese sentido; la inversión sigue muy baja y la pérdida de poder adquisitivo se mantiene.

En el presupuesto nacional de este año la pandemia dejó de existir, no hay una estimación de gastos pensada para afrontar una segunda ola agresiva como es la que se está registrando.

Según datos de la Oficina de Presupuesto del Congreso, las últimas medidas (ampliación del Repro II, el bono en cuotas a trabajadores de la salud y el pago de $ 15.000 a beneficiarios de la Asignación Universal por Hijo y monotributistas de escalas más bajas de zonas afectadas por reducción de movilidad) implican una buena parta de lo asignado, quedan –por la ampliación aprobada a inicios de año- $ 72.000 millones hacia adelante.

El economista Nadín Argañaraz dimensiona el impacto presupuestario que tuvieron el año pasado los “gastos Covid”. Para la Administración Nacional implicó la realización de erogaciones por 3,4% del PIB*, equivalentes a la mitad del déficit primario nacional (que cerró en 6,5% del PIB). Más del 70% de las erogaciones fueron transferencias al sector privado: programas como IFE, ATP, FONGAR, FONDEP y transferencias alimentarias. Un 20% fueron asistencia financiera a provincias, y transferencias a otros entes del sector público como Pami.

No sólo un recrudecimiento de la pandemia generará más gasto público sino que también pesa la decisión de mantener frenadas las tarifas. Sin incrementos se requieren de más transferencias del Estado para que los servicios continúen. De sostener este esquema, ese ítem subiría del 1,7% del PBI al 2,5%. Por caso, la Secretaría de Energía –al comunicar que mantendrá el subsidios del 60% del costo del gas en boca de pozo- necesitará un extra de $ 56.087 millones sobre lo presupuestado.