Los juegos del COVID

Con los militantes de los movimientos sociales pidiendo vacunas, ya casi no faltan áreas que no se crean esenciales. Quizás habría que ver de qué manera se pueden resolver esas disputas.

Por Javier Boher
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juegos covidAyer fue noticia que los movimientos sociales le reclamaron al gobierno unas 70.000 dosis de alguna vacuna que sirva para inmunizar a voluntarios y voluntarias en comedores populares, una forma de omitir que necesitan mantener a sus punteros en el territorio en tiempos de la segunda ola.

La idea de que los militantes de los movimientos sociales son esenciales es mínimamente risible. ¿A dónde están los cientos de trabajadores del “Estado presente”?¿haciendo home office? El planteo es exageradísimo, habida cuenta de que todavía hay docentes, médicos y futuros presidentes de mesa -o funcionarios judiciales abocados al operativo electoral- sin vacunar.

El planteo, además, es bastante poco ético, especialmente porque los funcionarios que pertenecen a -o tienen vínculos con- estos movimientos están tratando de desviar una política pública para beneficiar a los suyos. Es como si el expresidente Macri hubiese mandado a vacunar a todos los jugadores y dirigentes de Boca. Seguro, estos tipos hacen trabajo social, pero también hacen política a partir de recursos que son de todos.

Ya que todos se consideran esenciales -colectiveros, taxistas, sepultureros, meretrices, cajeros de supermercado o recolectores de residuos, por nombrar sólo a algunos- hay que resolver la disputa de alguna manera que sirva para tener a todos entretenidos cuando estemos todos encerrados otra vez en fase uno.

“Los Juegos del Hambre” es una saga de novelas distópicas escrita por Suzanne Collins que alcanzó un gran éxito en su versión cinematográfica. Allí, como en tantas otras novelas del estilo, el futuro es un lugar oscuro, en el que el autoritarismo caló hondo, instalándose como sistema de gobierno estable.

Como en todos esos relatos, existe una minoría dominante que monopoliza los beneficios del poder, mientras que el grueso de la población sufre de esa desigualdad sistémica. En “Un mundo feliz” o “1984” eso se ve claro, pero en esta saga hay un elemento diferente que permite legitimar el orden establecido.

Los juegos del hambre se representan como una representación del conflicto que dio origen a la desigualdad, en donde cada distrito -las provincias expoliadas por el Capitolio- envía a dos representantes a una lucha a vida o muerte para alcanzar la gloria, un simbolismo que no puede transformar la realidad de la verdadera distribución del poder.

Así, la petición de las distintas corporaciones para ser considerados población vacunable debería resolverse por medio de unos “Juegos del Covid”, en los que cada una deberá enviar a una pareja -con paridad de género, por supuesto- a que se enfrente a muerte por obtener el privilegio de ser considerados personal esencial.

Imaginen lo que podría ser eso, con los cordobeses atentos a la suerte de la pareja de colectivero y conductora de troles peleando a muerte por arrebatarle la posibilidad de la vacuna a los piqueteros que les cortan los puentes cada vez que pasa algo que no tiene nada que ver con las necesidades de la gente pero queda bien para el manual ideológico de progresista de la escuelita de ciencias de la información.

¿Con quién sería la alianza de las meretrices?¿qué estrategias usarían? No hay que caer en los estereotipos, pero seguro va a haber algún representante del indicalismo que caiga engatusado por los encantos de alguna señorita, listo para ser eliminado por caer en la tentación de la carne.

Eso sí, seguramente como siempre, pasando inadvertidos, ninguneados por tantos otros, los sepultureros estarán listos para hacer su trabajo y arrebatarle la posibilidad de la vacuna al resto. No es menor su dureza y lo de ellos es bastante más esencial que lo del resto, así que quizás haya que ponerles una ficha.

Simplemente hay que imaginarse los picos de rating que haría la emisión, que podría hacerse con una entrega semanal, manejando los tiempos y la emoción de la pelea mientras se trata de traer la vacuna cubana, ya que parece que del resto de las que se consumen en el mundo no hay ni noticias. Quizás esa vacuna polaca que inventaron los camporistas para cargar al resto de la sociedad empiece a ser militada como el premio -de mentirita, por supuesto-.

Lo que seguramente no cambiaría a lo largo de esa disputa es que los miles de vacunados VIP van a observar desde la comodidad de su casa, ubicada en donde reside el poder central. Como toda minoría que gobierna y monopoliza los beneficios de hacerlo, ellos ya están vacunados y no necesitan pelearse a muerte por un bien escaso. Disfrutan de la salud por la que hoy se pelea el resto.