Con visto bueno de Llaryora, todos arman en capital

El Palacio 6 de Julio exige energía y resultados en la gestión, pero no objeta que ninguno de los espacios que integran el peronismo de la capital salga a armar en la ciudad, y todos lo hacen.

Por Felipe Osman
[email protected]

Mientras se acercan las elecciones, el metabolismo del PJ se acelera y su actividad política/territorial cobra vigor.

Es que hay mucho por definir. Aunque se sabe que el peronismo replicará su sistema de coordinadores en la ciudad, no se sabe a ciencia cierta quiénes coordinarán cada seccional. Aunque ya es un secreto a voces que la campaña será dirigida por una mesa de conducción y hay varias versiones que coinciden al apuntar que en esa suerte de “conducción colegiada” de las actividades proselitistas habrá lugar para seis dirigentes, aún no se sabe quiénes ocuparan esos asientos. Aunque se sabe que el peronismo tiene pendiente renovar sus autoridades, no se sabe quiénes quedarán, quiénes saldrán, ni quiénes llegarán a cada uno de sus cargos partidarios.

En una situación ordinaria, todas esas interrogantes sin respuesta ya serían suficientes para que cada espacio dentro del PJ empiece a elevar sus pulsaciones y a prepararse para la carrera. Si a eso se agrega que la proyección política del intendente no pasa por repetir al frente del Palacio 6 de Julio y que la del gobernador esta (fatalmente) puesta más allá de las fronteras de Córdoba, queda bien claro que nadie puede pedir una calma exagerada a las distintas vertientes que componen el peronismo capitalino. No sólo porque cierta exaltación es inevitable, sino además porque es necesaria para impulsar al oficialismo hacia los ambiciosos objetivos que se ha propuesto.

Martín Llaryora lo sabe, y por eso no objeta a nadie que salga a armar. La única premisa innegociable es no desatender la gestión. Fuera de ello, todos tienen vía libre para construir. Y si además deciden hacerlo desde la gestión, no les faltarán herramientas.

Por otro lado, la perspectiva de que el sillón principal del Palacio Municipal quede en juego en 2023 despierta la atención de todos. De hecho, antes de que el actual intendente se definiera formalmente a ir por ese asiento, en los albores del 2019, dos dirigentes que ahora tienen gran presencia en la gestión depusieron sus aspiraciones al mismo despacho para apuntalar su camino. Hablamos, desde luego, del vice intendente Daniel Passerini y el secretario de Gobierno Miguel Siciliano.

A la zaga también hay otros dos funcionarios que -a más de que se comente cobijarían el mismo interés-ocupan lugares expectables, de los cuales podría nacer, con tiempo, esfuerzo y fortuna, un candidato: el secretario de Participación Ciudadana Juan Domingo Violay el presidente de la Tamse Marcelo Rodio.

Siciliano, desde una cartera de central importancia, siempre cuenta con presencia en el territorio y en repetidas oportunidades actúa como un vocero de la gestión, presentando las nuevas iniciativas de gobierno o defendiéndolas llegado el caso. Construye en las seccionales con total anuencia del Palacio 6 de Julio, que sólo pide reducir las fricciones que en ocasiones existen con las demás secretarías.

El vice intendente también se muestra activo. Desde la Presidencia del Concejo Deliberante lo estabiliza, manteniendo dialogo con todos los sectores del peronismo y con la oposición, y mostrando su presencia en la gestión. Cuando puede, también lo ubica en lugares protagónicos, y recorre las seccionales junto a los concejales. A través de las Juntas de Participación Vecinal, que empiezan a entrar en actividad y que integran también los ediles, es probable que el Concejo gane terreno en distintas iniciativas a desplegarse en el territorio.

Viola, por su parte, está al frente de una cartera con un enorme desarrollo territorial, por tener a cargo 13 CPC desplegados en toda la ciudad, y además -con la inclusión de la Dirección de Centros Vecinales bajo su órbita- juega un rol central en la articulación con estas organizaciones. Contener al vecinalismo y sumarlo a la gestión es una misión clave puesta en cabeza del funcionario. Armar, en su caso, es un imperativo.

Rodio, finalmente, preside la Tamse, que ha ampliado su objeto social para diversificar sus funciones. Ahora, lejos de agotarse en el transporte, también abarcan el bacheo y la instalación de luminarias. Y aunque sus competencias pueden parecer menores comparadas con las glosadas anteriormente, hay un factor que potencia su capacidad de construcción: es el único llaryorista puro.