La psicópata perfecta

Por si le hiciera falta algo más para coronarse como reina del horror, Sarah Paulson protagoniza en “Run” a una madre desesperada por proteger a su hija, a tal punto que de esa obsesión derivarán estremecedoras secuencias de suspenso y situaciones escalofriantes.

Por J.C. Maraddón

Hay actores y actrices que, a lo largo de extensas carreras, se han ganado en buena ley una reputación que, en reiteradas ocasiones, los pone por encima de la propia película en la que actúan. Cuando los espectadores retienen el nombre del protagonista y olvidan el título del filme, significa que estamos en presencia de una de esas estrellas que tienen reservado su lugar en las primeras filas de las ceremonias de entrega de los premios Oscar. Con sólo verlos aparecer en los créditos, se extiende una especie de garantía de que no saldremos defraudados, al menos no con su talento.

Dentro de esa pléyade, encontramos los casos de quienes se han hecho acreedores del prestigio a partir de su ductilidad para afrontar los más diversos papeles. Son aquellos que tanto han brillado en la comedia como en el drama; esos profesionales que en un largometraje descuellan como bondadosos héroes dispuestos a todo en procura de ayudar al prójimo, mientras que en otro se hacen odiar por los espectadores como pérfidos malvivientes a los que su resentimiento lleva a cometer las peores atrocidades. Lo que se admira en ellos es esa capacidad de adaptación tan extraordinaria, con la que nos deslumbran en cada uno de sus trabajos.

En el otro extremo están aquellos que logran la popularidad por el camino opuesto: aceptan encasillarse en un clase particular de roles, de la que jamás pueden escaparse porque el público ya se acostumbró a identificarlos de esa manera. Aunque hay excepciones, los comediantes suelen pertenecer a esta categoría. Es muy difícil ver a alguien que nos ha hecho desternillar de risa, en la piel de un personaje que no haga el ridículo o que no pronuncie frases en tono de broma. Existe una predisposición a no tomarlo en serio que conspira contra su desempeño dentro de un registro dramático.

También padecen este encierro aquellos que, por su expresión facial, son convocados una y
otra vez para encarnar a personas malditas, esos “malos de la película” que son el blanco del odio de la gente, casi siempre mal predispuesta contra el que sólo se propone causar daño.

Como parte de estos clichés, otros que están condenados a repetir sus performances son los villanos de las películas de terror, efectivos en su labor de provocar miedo pero, por eso
mismo, estancados en un mismo rictus que pasa de filme en filme como si hubiese una
continuidad.

Después de haber integrado durante años el elenco estable de la serie “American Horror
Story”, el rostro de Sarah Paulson quedó asociado a ese género que tantos cultores tiene en todo el mundo. Sin embargo, su excepcional actuación como la fiscal en la tira “The People v.

O.J. Simpson: American Crime Story” pareció extraerla de ese estereotipo con el que se la
había identificado. Su posterior interpretación de la enfermera Ratched en la serie del mismo nombre, volvió a regresarla al punto de partida: su mueca enajenada y sus ojos inquisitorios le posibilitaron mantener absorta a la audiencia.

Por si le hiciera falta algo más para coronarse como reina del horror, Sarah Paulson
protagoniza en “Run” a una madre desesperada por proteger a su hija, a tal punto que de esa obsesión derivarán estremecedoras secuencias de suspenso y situaciones escalofriantes no aptas para almas sensibles. Otra vez Netflix nos permite apreciar el lucimiento de esta actriz que, debido a su habilidad para componer una psicópata perfecta, se ve privada de asumir otros desafíos en los que pueda exponer sus dotes para otros géneros. Y es que, a veces, hacer las cosas demasiado bien puede traer consecuencias no deseadas.