Desafíos y oportunidades para Carasso en la UCR

Una lectura de su discurso de asunción. Difíciles tareas les esperan al nuevo presidente de la UCR: la unidad y una proyección ganadora hacia el 2023

Por Alejandro Moreno

El salón Macario Carrizo de la Casa Radical es donde los correligionarios festejan, padecen y se ilusionan. También es un enorme panteón: sus paredes están repletas de retratos y bustos de los próceres partidarios. Nadie es del todo dirigente de la primera división de la UCR hasta que habla allí.

El lunes por la noche, Marcos Carasso se paró detrás del atril y enseguida, como quien espanta algo incómodo, comenzó su primer discurso tras asumir en el Comité Central enfrentando su principal debilidad: la desconfianza que podrían sentir muchos radicales por el enorme salto que dio desde la agenda de Mario Negri a la presidencia de la UCR. “Sé muy bien dónde estoy y el valor que tiene hablar en este salón como presidente de la Unión Cívica Radical”, aclaró.

Incluso algunos de sus aliados de Convergencia –con la prudencia del off the record- insinúan que la presidencia del Comité Central podría ser un trofeo excesivo para el intendente de General Cabrera. Carasso no fue la primera opción ni siquiera para su referente, Mario Negri, quien al acordar una alianza preelectoral con Ramón Mestre (o sea un particular acuerdo para que no haya internas) ofreció a los opositores (y ex aliados suyos en Sumar, valga la aclaración que solo confunde más) a dirigentes como Alfredo Blanco o Juan Jure, entre otros. Recién cuando esos caminos se cerraron, y como Mestre no estaba en condiciones de reclamar más que contener la Capital para su grupo, Negri recurrió a Carasso.

De todos modos, el dirigente del sur provincial puede presumir que ganó la elección del 14 de marzo a Rodrigo de Loredo. El proceso electoral estuvo plagado de circunstancias dudosas que llenaron de recursos el escritorio del juez federal Ricardo Bustos Fierro, pero finalmente Carasso fue el vencedor y el lunes pudo tener su acto de asunción, sin la pompa ni el boato que caracterizan a estos episodios, por las restricciones sanitarias. “Hay un millar de radicales siguiendo el acto por Zoom”, dijo más o menos el presentador, esforzándose por transmitir algo de la mística radical. Faltaron los duelos de barras, que podrían haber sido por lo menos intensos después de todo lo que pasó en la interna.

En su discurso, Carasso se definió como un militante y destacó que proviene del interior. Tales características las expuso como virtudes humildes: un militante, es decir que no forma parte de la superestructura partidaria que tantos cuestionan; y del interior, porque probablemente abone la teoría que en la UCR suele repetirse desde hace años acerca de la pureza de los radicales no capitalinos, pese a que hay sonados ejemplos como para dudar de que vivan en un estado de naturaleza roussoniano.

Esa distancia de la rosca histórica parece que será el diferencial que pretenderá exhibir el nuevo presidente para lograr el objetivo de sentar a una misma mesa a tantos protagonistas como tiene la UCR. Claro que el destino le hace un guiño y una trampa: si Negri es candidato a senador nacional, y logra una banca, Carasso accederá por ser el primer suplente a la Cámara de Diputados. Ya le dirán, algunos, que sus esfuerzos no son desinteresados.

Carasso insistió con la necesidad de que ahora estén todos “juntos”; varias veces repitió esa palabra. La unidad parece que será su tarea principal. De todos modos, algunas frases estudiadamente ambiguas pueden haber removido ya las aguas del partido. El presidente dijo que el futuro de la UCR se edificará “pensando colectivamente, anteponiendo el interés común al individual para que, sin renunciar a aspiraciones que puedan ser legítimas, seamos capaces de articularnos en una empresa común”. ¿Para quién son esas palabras? ¿Acaso significan que debe trabajarse por una lista común para las PASO, cuando hay tantos que se frotan las manos por la posibilidad de medirse en el generoso escenario de las internas abiertas subvencionadas por el estado? O sea, ¿habló para que escuchen los aliados de Sumar, especialmente Rodrigo de Loredo? ¿Liga eso con lo que dijo en el programa Realidad 2021, acerca de que sería una buena idea que Negri encabece la lista de senadores y De Loredo la de diputados? También proclamó que “no hay partidos sin dirigentes, pero tampoco dirigentes sin partido”, y avisó que nadie salga con la ambulancia a buscar heridos en la UCR, otro mensaje que podría apuntar a los esfuerzos que podría hacer Luis Juez para conseguir aliados radicales que le ayuden a regresar a la “hamaca paraguaya”, como le llamó una vez a la banca que ocupó en el Senado. Y apareció la sombra del multipartidario Gustavo Santos (cuya condición de ex funcionario del peronismo cordobés es lo más incómodo de su currículum) cuando Carasso advirtió que debe “quedar claro” que la UCR será una opción al peronismo “en cualquiera de sus diferentes nombres o sus distintas estéticas”.

Carasso convocó a trabajar para derrotar al kirchnerismo en 2021 y al peronismo de Córdoba en 2023, empresas que necesitan de una alianza con otros partidos políticos, para “recobrar potencia electoral”. La vocación aliancista de la nueva conducción partidaria previsiblemente quedó confirmada y nadie la va a discutir, aunque después habrá tironeos entre los socios de Convergencia porque los alfonsinistas promueven una alianza “progresista”.

El cabrerense prometió que el Ente de Intendentes tendrá sus reuniones en la Casa Radical y no en rancho aparte, situación que reflejaba la tirantez entre capital e interior. Además, anunció un proceso de reforma de la Carta Orgánica, algo que la última interna tornó urgente (se la debe adaptar a los tiempos y, por qué no, redactar mejor para evitar malos entendidos).

Menuda misión la de Carasso. Preside un Comité de 18 miembros de los cuales él y dos más son negristas, por lo que deberá hacer muy reales sus promesas de diálogo y amplitud. Y si bien los integrantes de Convergencia son 10, ¿cuánto puede durar esa coalición, si es que aún tiene vigencia?

Para su suerte, le toca transitar un período particularmente novedoso, porque la salida de escena de Juan Schiaretti en 2023 abre una ventana a la UCR para disputar la provincia en el momento del recambio peronista, justo cuando la interna radical desmontó el escenario de los últimos veinte años e incorporó nuevos protagonistas a la mesa del poder partidario. Es tan grande el desafío como enorme el premio para el nuevo presidente.