El reverendo Zahm al sur de Sudamérica (Tercera Parte)

El padre John Augustine Zahm transmite sus impresiones sobre los estudiantes de Córdoba, trata a la figura del Dean Funes con especial admiración y, por último, se despide de la ciudad junto al expresidente Teddy Roosevelt, de cuya comitiva formaba parte.

El padre John A. Zahm fotografiado en su estudio, entre libros.

Durante su visita, el reverendo Zahm tuvo ocasión de ser conducido a la Escuela Nacional de Agricultura, que en 1913 funcionaba en el predio que hoy ocupa la Ciudad Universitaria.
“Yo estaba muy interesado en las instituciones educativas de la ciudad, muchas de las cuales tuve el privilegio de visitar. Entre estas se contaba una escuela agrícola completamente equipada en la que encontramos un buen número de jóvenes inteligentes y ambiciosos que se preparaban para el trabajo en las grandes estancias de la República. Existen muchas escuelas de este tipo en Argentina, y en todas ellas el trabajo realizado es merecedor del más alto elogio.”

Zahm recorre luego algunos colegios religiosos y ofrece un positivo juicio de valor sobre los estudiantes:
“Mi mayor sorpresa, sin embargo, fue conocer las escuelas de los conventos, por cuya labor la ciudad fue reconocida desde antiguo. Son numerosas y están bien patrocinadas. Y lo mejor es el espléndido entrenamiento que las monjas dan a las alumnas confiadas a su cuidado. Maestros y estudiantes contribuyeron sin duda mucho a la reputación de que Córdoba ha disfrutado largamente como Ciudad Docta.
Rara vez me he encontrado en un lugar a estudiantes más brillantes o entusiastas que los que me saludaron en las aulas de conventos de Córdoba. Sus rostros irradiaban inteligencia y la demostración que me dieron de sus logros fue más que satisfactoria. Pero creo que más me impresionaron sus modales suaves y refinados que su amor por el estudio y su competencia en el trabajo de clase. De un vistazo pude comprobar que la formación hogareña de las muchachas se había perfeccionado con el ejemplo y enseñanza de los devotos religiosos que dieron muestras de un interés particularizado en todas y cada una de las jóvenes a su cargo. Muchas de las chicas eran descendientes de conquistadores o de antiguas familias españolas, y prolongaban de manera marcada los bellos y nobles rasgos de carácter que distinguían a sus antepasados. Su dulzura, gracia y delicadeza hablaba de generaciones de cultura y refinamiento, así como de siglos de años de trabajo intelectual sostenido por la ciudad culta, de la que son los adornos más exquisitos.”

Al hacer algunas acotaciones históricas sobre Córdoba y sobre el proceso de separación de la corona española se detiene Zahm, con especial respeto en tanto escritor católico, en la figura del Dean Funes:
“El más eminente de los hijos de Córdoba, gloria de su iglesia y de su patria, fue sin duda el sacerdote y patriota Gregorio Funes, más conocido en la historia argentina como el Dean Funes, porque durante años fue decano de la catedral de su ciudad natal. Luego de recibir el doctorado de teología en la Universidad de Córdoba, fue a la Universidad de Alcalá en España, donde se graduó en derecho civil. Posteriormente, como era la costumbre en esos tiempos, fue admitido para ejercer en Madrid. Tan profundo fue su conocimiento, tanto en teología como en derecho, que pronto se convirtió en abogado en los consejos reales. Al poco tiempo regresó a Córdoba, donde fue nombrado vicario general de la diócesis, y, a la muerte de su obispo, se convirtió en su administrador durante la vacante de la sede. Unos años después fue elegido rector de la Universidad, e inmediatamente se puso a trabajar para ampliar el plan de estudios estableciendo varias cátedras nuevas, entre ellas la de matemáticas y física experimental. La importancia que tal innovación representaba en aquel momento se puede apreciar por el hecho de que estas ramas eran entonces prácticamente ignoradas en algunas de las universidades más célebres de Europa.
(…)
El Dean Funes se convirtió en el hombre del momento cuando se proclamó la revolución más grande de la historia: una revolución que fue el preludio de la independencia de un continente entero. Él era un líder nato. Pero era más que eso. Su profundo conocimiento de la teología y el derecho, su sentido de la justicia, y su devoción al deber lo hicieron siempre un guía confiable y seguro, en momentos en que todo el tejido del orden social sufría una amenaza de total destrucción.
Ningún escritor de su tiempo tuvo una pluma más lúcida que el Dean Funes, y nadie contribuyó más que él a formar a la opinión pública durante los primeros años críticos de la emancipación. En varias ocasiones fue editor en jefe de diversas publicaciones periódicas, incluso dos de los más importantes órganos del gobierno.”

Ya al filo de su visita a Córdoba, Teddy Roosevelt y John Zahm fueron homenajeados por el gobernador Garzón Maceda y la Municipalidad, con una espléndida cena en el Plaza Hotel, donde se alojaba la comitiva del expresidente. Previo a la comida hubo un preludio musical a cargo de un octeto de instrumentos; luego vendrían los discursos, donde se hablaría de destinos de dominación.
“Era cerca de la medianoche cuando salimos de Córdoba, después de un elaborado banquete que nos ofreció el gobernador, en el que estuvieron presentes representantes de las principales familias de la ciudad sagrada, así como todos los altos funcionarios del gobierno.
También estuvieron presentes los profesores de la Universidad con toda la fuerza. Esto nos dio una mejor oportunidad de reunirnos muchos hombres y mujeres encantadores a quienes no habíamos visto en otras reuniones de la ciudad y de escuchar, también, la ferviente elocuencia de varios oradores cordobeses. No hay personas en el mundo con mayor facilidad para hablar que los latinoamericanos, y nunca su expresión es más fluida o su discurso más apasionado que al dirigirse a un invitado de honor en un discurso después de la cena. Porque es, de hecho, con bastante frecuencia un verdadero discurso, particularmente cuando la ocasión, como la referida, da al orador una oportunidad para explayarse sobre las glorias de dos grandes naciones como Argentina y Estados Unidos y para enfatizar la suprema importancia de mantener la mayor vínculo perfecto de unión entre dos países cuyo destino es dominar el hemisferio occidental.”