El reverendo Zahm al sur de Sudamérica (Segunda Parte)

En 1913, un sacerdote católico norteamericano recorrió la ciudad de Córdoba durante una breve estadía, y le dedicó un capítulo a la Docta en su libro “Through South America’s Southland”, publicado en 1916.

El Padre John A. Zahm fotografiado en Roma, 1896.

John Augustine Zahm viene en tren de Tucumán hacia Córdoba (junto a él viajaba el expresidente Theodore Roosevelt) y describe el paisaje. Tras maldecir el polvillo que se colaba en el coche, motivo de fastidio para los visitantes, el sacerdote norteamericano se admira a su paso por las Salinas Grandes entre Santiago del Estero y Córdoba.

“Hubo, pese a la incomodidad soportada durante el viaje, una compensación en la oportunidad que tuvimos de estudiar una de las características geológicas más interesantes de esta parte de Argentina. Estábamos pasando por la región de las salinas, depósitos de lagos salados, que constituyen el borde oeste de lo que fue, hace incontables miles de años, el gran mar pampeano.”

De allí en adelante observa Zahm cómo se produce un cambio de paisaje a medida que la formación se interna en territorio cordobés y se revela la feracidad de su suelo.

“A medida que uno se acerca a Córdoba observa un gran cambio en la apariencia del país. Gracias a un clima más propicio y a un abundante suministro de agua, uno ve por todas partes en las inmediaciones de la ciudad extensos acres de trigo amarillento y maíz verde mar, junto al lino de flores azules y la alfalfa de flores violetas.
Este maravilloso cambio en el paisaje ha tenido lugar en poco más de un cuarto de siglo. Pues hace algunas décadas la tierra de Córdoba era considerada estéril y absolutamente inútil para fines agrícolas. Incluso un hombre de ciencia tan eminente como Herman Burmeister había declarado que la Pampa no era apta para la labranza, y por muchos, su juicio fue aceptado como definitivo. Pero en este caso el experimento demostró ser más confiable que la teoría. Porque solo unos años después de que se hiciera pública la opinión de Burmeister, se demostró de manera concluyente que la Pampa es una de las mejores regiones productoras de cereales del mundo.
Desde entonces el desarrollo de los recursos agrícolas de la provincia de Córdoba ha sido extraordinario, para sorpresa ante todo de los propios habitantes que hasta ahora habían considerado incluso sus estancias mejor regadas solo aptas para pastoreo.. Ahora sus productos agrícolas se sitúan junto a los de las florecientes provincias de Buenos Aires y Santa Fe.”

Ya en la docta capital, el viajero muestra su admiración por su fundador, y por la estirpe de los conquistadores.
“La ciudad de Córdoba, cuya población actual es de aproximadamente ochenta mil, fue fundada por Jeronimo Luis de Cabrera, que había sido nombrado gobernador de la provincia de Tucumán por el famoso virrey del Perú, Don Francisco de Toledo. Cabrera, como Diego de Rojas, el primer gobernador de Tucumán, fue uno de esos famosos conquistadores cuyos logros contribuyeron a dar glamour a sus historias novelescas en toda la América española. Nadie ha sido jamás más criticado o vilipendiado que estos atrevidos aventureros, pero incluso sus mayores enemigos están obligados a admirar su valor y heroísmo.”

El viajero estadounidense sopesa el equilibrio inestable de la capital entre su matriz antigua y la fuerza de la modernidad que puja por romper la estanqueidad de los siglos.
“Apenas uno entra en contacto con la gente de Córdoba se da cuenta de que está tratando con los dignos descendientes de sus ilustres fundadores. Hay en todas partes un ambiente de delicado refinamiento, de verdadera cortesía y caballerosidad españolas que es una delicia descubrir.
Las mujeres de las familias mayores de Córdoba son, como sus hermanas de Lima, distinguidas por una gracia peculiar y dulzura propia, mientras que los hombres se caracterizan por una dignidad y cortesía verdaderamente castellana. Esto es esperable si se consideran las relaciones estrechas que tanto tiempo existieron entre Córdoba y la casa de los virreyes. También hay en las familias más exclusivas de Córdoba algo de esa noble aristocracia que era una característica tan llamativa de la capital peruana durante la época colonial, y que aún persiste, pese a todas los tendencias democráticas que han sido tan dominantes desde que el tribunal virreinal de Lima se cerró para siempre.
A diferencia de Buenos Aires y Rosario, que son tan modernos en su aspecto, Córdoba tiene todo el aspecto de una vieja ciudad colonial. Hay el mismo techo plano, casas de un piso, con amplios patios adornados con flores y arbustos como los de Granada y Sevilla. Las iglesias y los monasterios son del mismo estilo de arquitectura que los de edificios similares en todas las partes de América Latina.

Algunos de ellos son estructuras nobles con una decoración interior que es realmente hermosa. Esta declaración es particularmente cierta en lo que toca a Santo Domingo, el preciado santuario de Nuestra Señora del Rosario, conocida como “La Virgen del Milagro”. Santo Domingo no es solo la iglesia más

suntuosa de la República, sino también es uno de los santuarios favoritos visitado anualmente por innumerables peregrinos de todas las partes del país. Pero aquí, como en otras partes de Argentina,

el antiguo estilo colonial de construcción está siendo reemplazado por otros de un carácter completamente diferente, con el resultado que la ciudad va asumiendo paulatinamente un aire de modernidad.
Como Tucumán, está bien provista de luz eléctrica, líneas de carruajes, calles pavimentadas y obras hidráulicas.”

Un motivo de atracción para los visitantes lo constituye el grandioso Dique San Roque:
“Uno no puede estar mucho tiempo en Córdoba sin que le pregunten: “¿Ha visto el Dique San Roque?” Si la respuesta es negativa, le dicen inmediatamente: “Ah, debe ir a ver el Dique. Es el cuerpo de agua más grande que jamás se haya almacenado por el hombre”. La presa fue construida por ingenieros franceses y contiene casi nueve millones de pies cúbicos de agua. Este enorme embalse y las inmensas plantas de luz y energía que opera muestran un marcado contraste con la tranquila ciudad vieja que conserva muchas de las características peculiares que la han distinguido desde los primeros tiempos coloniales.”