Habilitaciones Online, veto gremial y un antecedente positivo

Mientras el sindicato articula una resistencia contra la implementación de las Habilitaciones Automáticas, el pasado ofrece una ventana hacia un futuro posible y las ventajas que traería su efectiva puesta en funcionamiento: la ‘Casa del Emprendedor’ que ideó (y ejecutó) Kammerath.

Por Felipe Osman

Dicen, los que saben, que no hay mejor manera de adentrarse en el futuro que estudiar el pasado. Que la mayoría de las veces no es necesario ‘innovar’ en los estrictos términos de la palabra, sino que resulta más provechoso -y seguro- buscar respuestas en las experiencias pretéritas que ya han pasado por el laboratorio de la historia.
Cuesta saber a ciencia cierta cuánto empeño pone la actual gestión en nutrirse del archivo, aunque siendo el peronismo un partido de poder, cabe presumir que conoce al menos su historia reciente.
Sea o no éste el caso, si hablamos del proyecto de Habilitaciones Automáticas anunciado por el intendente en su discurso de apertura de sesiones parece un paso previo obligado hablar de otro proyecto, que lo precedió por largo en el tiempo, y que arrojó resultados ampliamente positivos: el de la Casa del Emprendedor ideada y llevada adelante durante la gestión de Germán Kammerath.
Puede sorprender a algunos que, tras dos décadas, se pretenda buscar en aquella administración solución a problemas del presente, pero la verdad es que no debería ser así. El principal problema del Palacio 6 de Julio es hoy el mismo que entonces: el Suoem.
Entre 2000 y 2003 Kammerath implementó en Córdoba la ‘Casa del Emprendedor’, una oficina que funcionaba fuera del Palacio Municipal en la que cualquier comerciante podía realizar, en una ventanilla única, todas las gestiones necesarias para iniciar un emprendimiento de cualquier tipo (comercial, industrial o de servicios) mediante un formulario único respaldado por un sistema informático que centralizaba toda la información necesaria para tales menesteres.
Quien haya leído el proyecto de Ventanilla Única del mestrismo o conozca los trazos gruesos del que el peronismo tiene hoy en carpeta se sorprenderá por las similitudes, aunque hay entre la Casa del Emprendedor y la Ventanilla Única de Mestre una diferencia crucial: mientras la primera fue una realidad, la segunda sucumbió ante un Suoem que terminó defenestrándola por vía reglamentaria.
Ex funcionarios de la gestión Kammerath comparten con dirigentes del Suoem que transitaron aquel experimento un diagnóstico: fue exitoso. Esto resulta llamativo, pero tiene una explicación. Aquella gestión supo apoyarse en empleados jerárquicos del municipio que tenían afinidad con el peronismo y una relación distante con el oficialismo gremial para llevar la iniciativa adelante. Quienes aportaron el ‘know how’ fueron premiados incluso con algunos lugares en los equipos de gobierno. Un dato que el PJ podría apuntar.
Los resultados que los ideólogos de aquel experimento muestran son esperanzadores. Los emprendedores pasaron a realizar en un único lugar un trámite que antes requería de la intervención de al menos siete oficinas -con todos los ‘riesgos’ que ese trajín implica- y la municipalidad creó registros más centralizados y seguros.
En 1999 -aseguran- se formalizaron alrededor de 1.450 certificados de habilitación, mientras que entre 2000 y 2003 se tramitaron, en promedio, 4350 habilitaciones por año. Antes de la implementación de la Casa del Emprendedor, una habilitación de complejidad media insumía entre 90 y 180 días. Luego de ella esas cifras bajaron a un mínimo de 10 días y un máximo, para casos excepcionales, de 90 días.
Analizar la actual gestión municipal a través de un prisma tan pequeño como el funcionamiento de la Dirección de Habilitaciones es, desde luego, incurrir en un reduccionismo imprudente si se pretende, a partir de ello, elaborar conclusiones generales. Sin embargo sí resulta oportuno prestar atención a su capacidad para implementar mecanismos que modernicen el sistema de fiscalización y, más aún, de imponer cambios a una habitual resistencia gremial que pretende transformar al Palacio Municipal en El Castillo kafkiano.
Con los resultados a la vista y la receta en el archivo es esto, en fin de cuentas, lo que se debate. La determinación de una gestión para conseguir el mentado ‘final del cogobierno’. Una lucha que, para ganarse, debe librarse todos los días.