Llaryorismo, al abordaje del territorio por medio de la gestión

El espacio que lidera el intendente elabora un plan gradual para colonizar las seccionales. Ahora, con sus equipos asentados y habiendo pacificado al Suoem, se prepara para potenciar a los propios en el territorio, y erigirlos como “puertas de entrada” a sus huestes.

Por Felipe Osman

En este escenario, como se preveía, el llaryorismo quedó obligado a hacer equilibrio entre la necesidad de contar con el respaldo del PJ Capital que conduce la diputada nacional Alejandra Vigo y la perspectiva de crear en el territorio una musculatura propia sobre la cual montar un proyecto político que tiene la vista puesta más allá del Palacio Municipal.
La situación demandaba paciencia y lectura de las oportunidades para empezar a cultivar en las seccionales una estructura propia. Y así obró.

Tras su llegada a la Intendencia Llaryora ubicó, en un puñado de secretarías, a hombres y mujeres de su estrecha confianza, y cedió el resto a las otras vertientes del peronismo con estructura propia en la capital.

Libró primero una batalla dialéctica con la gestión que lo antecedió, para garantizarse un margen de tolerancia entre la ciudadanía, un plazo de gracia antes de quedar obligado a mostrar resultados. Después dio una segunda lucha, esta vez contra el Suoem, crucial para viabilizar al municipio reduciendo las desbocadas partidas salariales que desde antaño lastran a la ciudad.

Leyó la pandemia como una oportunidad y la aprovechó para tejer, en simultáneo, tres acuerdos: con el Surrbac, con la Uta y con la conducción del gremio municipal. El primero fue sencillo por el estado del sindicato, el segundo llevó más tiempo pero resultó también exitoso, el tercero es -en principio- el más inestable, pero tiene una ventaja: Rubén Daniele no puede volver al sindicato sin el visto bueno de la Justicia sumado a la aquiescencia del municipio. Luego, se renegoció la deuda con acreedores externos.

En todo el interín, jugadores de estrecha confianza del intendente fueron poblando las segundas líneas de las secretarías que no lideran funcionarios íntimamente llaryoristas, al tiempo que se reforzaron lazos con aquellos.

Hoy el llaryorismo ya tiene jugadores propios en cada área del municipio. Abraham Galo, en la sub secretaría de Gobierno; Juan Manuel Rufeil, en la sub secretaría de Participación Ciudadana; Leonardo Lewylle y Marisa Gamaggio como segundas líneas de una secretaría de Salud también liderada por un puro, Ariel Aleksandroff; Juan José Tuninetti, en la sub secretaría de Infraestructura; Mauricio Romero (director de Intervención Social), Gustavo Trigueros (sub secretario de Promoción del Empleo) y Nadir Nifury (director general de Cooperativas y Mutuales), en Políticas Sociales; Constanza Mías (sub secretaria de Gestión Ambiental) y Enzo Cravero (presidente del ente municipal BioCórdoba) en la secretaría de Gestión Ambiental que comanda el también llaryorista Jorge Folloni; María José Viola (directora general de Aprendizaje) en la secretaría de Educación, que lidera otro llaryorista, Horacio Ferreyra.

Todos se suman a otros funcionarios llevados a sus cargos por Llaryora desde el inicio de su gestión: el secretario de Economía Guillermo Acosta, el presidente de la Tamse Marcelo Rodio, el titular de la Justicia Administrativa de Faltas Juan Manuel Araoz, el secretario de Movilidad Urbana Marcelo Mansilla y los cuatro concejales que se reportan directamente al intendente Marcos Vázquez, Ileana Quaglino, Nicolás Piloni y Pedro Altamira Zarazaga.

A partir de ahora -según apuntan, en estricto off de record, distintos partícipes de los equipos de gobierno- se buscará que estos funcionarios ganen protagonismo en la gestión mostrándose cerca del intendente, y que, a partir de allí, sienten los cimientos de lo que será la estructura territorial propia del llaryorismo.

Con el tiempo, la expectativa es que algunos de ellos empiecen a ser percibidos en las seccionales como referentes del llaryorismo puro a los que puede acudirse para integrarse al armado territorial que impulsará el proyecto político de Llaryora.

Desde luego, no serán los únicos. Los directores de CPC llaryoristas, dueños de una posición privilegiada para construir territorialmente, también compartirán la tarea. De entre todos, se espera, surgirán los arquitectos del llaryorismo en las seccionales, que deberán respetar una única consigna: no llevar las tensiones con el viguismo a un punto de conflicto.