Servidores Urbanos, de lo provisorio a lo constante

El peronismo pasa de las críticas al programa de Políticas Sociales, pone en marcha capacitaciones para los “chalecos celestes” y mejora sus retribuciones. Los Servidores Urbanos dejan de parecer una fuerza utilizada ad hoc para reconquistar el municipio y empiezan a asimilarse como una constante de la gestión.

La administración de Martín Llaryora al frente del Palacio 6 de Julio empezó con un reconocimiento del terreno. Por un lapso más o menos breve de tiempo la gestión se cuidó cabalmente de no entrar en disputas con el sindicato. Y recién después de que las primeras y segundas líneas pudieron hacer pie en sus reparticiones se evidenciaron con el Suoem los primeros roces, que rápidamente se convirtieron en un conflicto profundo y virulento en el que el Ejecutivo avanzaba día a día.

En los dos meses que siguieron a la sanción de la ordenanza que redujo la jornada municipal no hubo ninguna acción de la gestión que se adivinara improvisada. Y de entre todas ellas, la que menos pareció serlo fue la de dar al programa de Servidores Urbanos mayor envergadura y nuevas funciones. Aunque por entonces no se veía lo que se ve ahora.

En el inicio de su conflicto con el Suoem los Servidores Urbanos permitieron a la gestión mantenerse activa incluso con el grueso de los empleados municipales fuera de sus lugares de trabajo por imperio del distanciamiento social. En rigor, los “Chalecos Celestes” fueron útiles para desembarcar en un municipio tomado por el Suoem y dar los primeros pasos hacia lo que la gestión bautizó como “el final del cogobierno”, elaborando una suerte de epopeya sobre la “reconquista de Córdoba para los cordobeses”.

A decir verdad, nadie medianamente informado duda de que tal reconquista resultaba necesaria. De hecho, pocos espacios de control hubieran quedado a la gestión en la botonera si antes no hubiera removido de esos puestos de mando a alfiles del sindicato. Pero lo que empezó por verse como una fuerza ah hoc para retomar el poder real en la ciudad ha empezado a adquirir algunos rasgos de permanencia que, aunque previsibles, no dejan de entrañar algunos riesgos.

Más aún, lejos de acusar recibo de los cuestionamientos que la oposición ha lanzado en contra del crecimiento del programa, el oficialismo ha decidido avanzar concediendo un aumento a los “beneficiaros” de plan, que pasarán a percibir 15.000 pesos en lugar de los 10.000 que venían recibiendo, y dictando talleres y capacitaciones para formar a los “chalecos celestes” agrupados en las distintas cooperativas.

Estas capacitaciones estarían dirigidas, en alguna medida, a dotar a los Servidores Urbanos de las destrezas necesarias para prestar servicios en las Bases Operativas que la gestión inaugurará en las proximidades de cada CPC para dar el puntapié inicial a la desconcentración operativa. En otras palabras, los servicios de los Servidores Urbanos suplantarán, al menos en parte, a los que otrora prestaban las Áreas Operativas del Suoem.

En esta sustitución parcial las arcas del Palacio 6 de Julio saldrán ganando al desembarazarse de los altísimos costos que prevé el estatuto municipal. Pero al mismo tiempo ubicará a los Chalecos Celestes en funciones que ya no serán las tareas “de ocasión” que hasta el momento se los ha visto hacer, sino en actividades constantes y centrales del municipio, dándoles un rol de gran importancia en la gestión. Atiéndase: en la gestión, no en un pasaje inicial de ella.

A su favor, para resistir algún reclamo futuro de estabilidad bajo el mismo régimen de los empleados municipales, le gestión cuenta con la participación de las propias cooperativas, que como intermediarias no querrán perder su rol dentro del sistema. Y además, con los antecedentes generados durante los más de 12 años previos a su llegada al municipio. El programa se creó en 2007. Sin embargo, la cantidad de servidores urbanos ha incrementado ostensiblemente, y sus funciones también. Y esta contraprestación que ahora se exige a cambio del beneficio bien puede empezar a borrar, en los papeles, la línea que separa a un plan social de trabajo en relación de dependencia.

Por el momento, la gestión está decidida a dar juego a los “chalecos celestes” y convertirlos en una pieza central de la desconcentración operativa, aunque los efectos que a largo plazo pueda traer siguen siendo una incógnita.