Preguntas en los valles del cercano oeste (Primera Parte)

En 1870, el español Vicente Alcalde Espejo recorrió departamentos de Traslasierra y el norte, recogiendo información sobre productos naturales, cultivos y artesanías, fauna y riqueza mineral de esa región cordobesa.

Por Vïctor Ramés
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Horno de fundición de una mina en el noroeste argentino, por Espeche. 1875.

Mientras se preparaba la Exposición Nacional de Córdoba de 1871, el español Vicente Alcalde Espejo realizó una excursión a las sierras cordobesas, comisionado “para que trasladándose a los Departamentos del Oeste de la Provincia, haga en ella los estudios necesarios para que coleccione objetos del reino animal, vegetal y demás materias de industria y arte que por su importancia deben figurar en la Exposición Nacional”. El comisionado recogió datos e información extensa sobre productos minerales y su explotación, la riqueza del gran herbario natural, o de los cultivos humanos, y también los productos de la incipiente industria o manufactura de los distintos departamentos visitados: San Javier, San Alberto, Tránsito (actual Cura Brochero), Pocho, Minas, Cruz del Eje, Ischilin.

Resulta muy rica la lectura de sus anotaciones, ya que Alcalde Espejo tenía una buena comprensión de los dones de la naturaleza, de la importancia de las labores, era capaz de recoger el saber popular en estado prácticamente puro. El uso de las hierbas naturales para distintos fines aparece en su plenitud. Cuenta la producción de las breves huertas que ve durante el recorrido, las costumbres que se filtran, casos, anécdotas, cosas curiosas que anota con ingenua prolijidad. Con celo honesto, el visitante busca las pruebas de lo que le dicen, aunque también acepta testimonios dudosos. Asiste a sus lugares de investigación con una mirada atenta y aguda. Anota cientos de especies, escucha relatos, va por sí mismo a cerciorarse, por ejemplo, de cómo un ciego ejerce admirablemente la carpintería, escribe referencias, cuenta el número de escuelas, calcula el de habitantes, y a menudo realiza acotaciones sobre la necesidad de promover la educación femenina, ya que en varios lugares encuentra, entre diversas clases de mujeres, a la mujer de actitudes “deshonrosas”, embrutecida, alcoholizada, prostituida. Alcalde Espejo también confía en el papel de la mujer como educadora de los hijos, guiándolos a que abandonen la dejadez y desarrollen trabajos productivos, honrados. Es un convencido sobre este punto, que retoma cada tanto.

Comparado con la mayoría de los viajeros que pasaron por Córdoba, y a excepción de unos pocos, el aporte de Alcalde Espejo se destaca por su detalle y extensión, ya que dedica un libro completo a los departamentos del oeste y parcialmente el norte cordobés. Su trabajo es más fino, hay una misión que cumplir, y es la de ver qué hay, qué se produce, qué usan los habitantes de esa región cordobesa, cómo viven.

Así registra su partida hacia las sierras, en compañía de un embalsamador, para que algunos especímenes de la fauna llegasen disecados a la Exposición de Córdoba.
“La digna Comisión de la Provincia de Córdoba para la Exposición hizo al que suscribe el alto honor de ratificar aquel nombramiento y agregar a la Comisión, al Sr, Arturo Burkhard, preparador y embalsamador; con cuyo auxilio debía ser más completo el trabajo que yo debía prestar a los fines antes indicados. En su consecuencia salimos de Córdoba el 20 del citado mes de Julio, dirigiéndonos hacia los Departamentos del Oeste, por el camino que cruza la serranía llamada «Malagueño».
Los terrenos Terciarios y Cuaternarios que empiezan en las embocaduras del Río de la Plata, abrazando el territorio Oriental, y todas las provincias de la Federación Argentina; no dejan duda a creer que por espacio de muchos siglos han sido la ocupación de un mar, cuyos límites no se conciben.
En el centro de ese vasto territorio de las pampas, inmenso como lo infinito, se halla la Provincia de Córdoba, parte integrante de aquella Federación. (…) Desde Córdoba a los estribos de la primera serranía, hay una distancia como de 20 kilómetros: en el paraje de nominado Malagueño, se tropieza ya con los primeros cerros; estos corresponden a los terrenos de transición.”

Emprendiendo el camino que trepa las sierras, junto a sus acompañantes, Alcalde Espejo toma nota del paisaje mineral y de sus potenciales riquezas.
“…Como ahora debemos ocuparnos de las sustancias minerales susceptibles de interesar a la ciencia, a la industria, o a la agricultura, es tiempo de decir algo sobre la importancia de los mármoles de aquel paraje; cuya explotación reserva a Córdoba un gran porvenir, el día no lejano en que las industrias y las bellas artes tomen el incremento a que están llamadas en esta localidad.
No es una necia lisonja hacia los cordobeses, el afirmar que nunca les faltará ni esquisita cal para sus necesidades, ni mármoles preciosos para la ornamentación y otros usos.”

Otra fuente de riqueza en ciernes, aun no bien explotada, es la que propone la abundancia mineral de la zona:
“Las regiones mineras que hemos visitado son las que se hallan enclavadas en los Departamentos de Minas, Pocho, y Cruz del Eje. La primera es sin comparación de mucha más importancia que las dos segundas.
Los puntos en que a la vista se presenta mineral son innumerables; puede decirse que por todas partes hay indicios de aquel agente de las industrias. Pasan de 1.500 los que hasta ahora se ha reconocido. Empero como la manera de ser del país, no ha reunido hasta hoy condiciones favorables para entrar en un régimen activo, exento de las trabas y obstáculos que engendran a la par que el monopolio, el empirismo. (…)
“¡Ocho a diez minas hay al presente en parodia de trabajo en aquel cantón industrial! Y decimos parodia de trabajo, porque en realidad no es otra cosa lo que allí se práctica y si hemos de ser francos diremos más, que lo que se hace es contrario a los intereses del país, a los de los dueños de las minas y al arte de este ramo que lo maltratan con semejante proceder.
(…)
Un pobre que contrae créditos para sacar un cajón de mineral y que tiene a la vista de dónde extraer otro tanto, se ve privado de continuar sus labores porque ha de esperar uno, dos, tres o más meses, para recibir el premio de su actividad. Se desanima porque no hay quien proteja sus afanes ni aliente sus esperanzas, y deja de ser minero.”