Lo fácil, lo difícil y lo innecesario en la gestión Llaryora

Este año va a encarar la descentralización operativa que presentará como un perfeccionamiento de la desconcentración administrativa que hace ya 30 años encaró Martí con su red de CPC. Tiene otros designios, ocultos o no tanto, igualmente loables para la ciudad, cualquiera sea la motivación. El Alto, enclavado en barrio Observatorio, es un verdadero Macondo, núcleo duro del poder de fuego del gremio y epicentro del despilfarro y la arbitrariedad de las así llamadas áreas operativas.

Por Gabriel Osman

Amortiguados, aparentemente, los efectos de la pandemia, el ciclo que inauguró ayer el intendente Martín Llaryora será, propiamente, su período de gestión. No es que no haya medidas de carácter, para nada. Pero las hizo al “amparo” de la cuarentena. Le permitió, nada menos, que acotar los gastos en sueldos de su poblado e improductivo plantel de empleados. Enfrentarse al prepotente Suoem sin esas condiciones especiales y semi desmovilizado por el largo encierro, hubiera sido más difícil si no imposible.

Llaryora es un político con suerte, a no dudarlo. Además de la pandemia, llegó al municipio con las tres jurisdicciones alineadas en el peronismo, al igual que Ramón Mestre y, en parte, Rubén Martí. La nacional tiene graves problemas internos pero, a manera de compensación, la provincia está alineada casi monolíticamente en torno a los designios de Juan Schiaretti, su mentor.

Ahora, sin pandemia o en vías de estarlo, se podrá ver a Llaryora al desnudo. Es decir, sin ese escudo para justificar excepcionalidades y con responsabilidades en educación y en transporte, por ejemplo, mucho más demandantes. Es decir, deberá verse la silueta de su gestión según la célebre máxima de Juan Perón a los intendentes: barrido, limpieza, alumbrado y otros servicios esenciales.

Este año va a encarar la descentralización operativa que presentará como un perfeccionamiento de la desconcentración administrativa que hace ya 30 años encaró Martí con su red de CPC. Tiene otros designios, ocultos o no tanto, igualmente loables para la ciudad, cualquiera sea la motivación. El Alto, enclavado en barrio Observatorio, es un verdadero Macondo, núcleo duro del poder de fuego del gremio y epicentro del despilfarro y la arbitrariedad de las así llamadas áreas operativas.

Está dotando a los CPC con equipos y vehículos para hacer efectiva la capacidad operativa de estos enclaves del municipio distribuidos en la mancha urbana. Deberá tener en cuenta dos cuestiones para este equipamiento.

1) Lugares para colocar estos vehículos y herramientas, algo que hasta la fecha no está resuelto.

2) La anterior dotación de vehículos y maquinarias para las áreas operativas fue realizada por Germán Kammerath hace ya 20 años y terminó muy mal: los muchachos que lo utilizaban los malversaban dándole uso particular a los equipos, lo que llevó al ex intendente a dotar a los vehículos de un sistema de seguimiento con GPS y un contrato de concesión. Los empleados del Suoem si algo aborrecen es que los controlen y luego, con la complicidad de Luis Juez se armó la causa llamada de “radio aviso”, la única de las decenas que le armaron sus sucesores que no cayó y que se encuentra apelada en la Corte Suprema

Menuda tarea la de hacer trabajar a los municipales y, además, que lo hagan con algún nivel de eficiencia y honradez. Allí están los recuerdos de Tamse-Colectivos, que en los años de Luis Juez en la Intendencia generaba pasivos anuales equivalentes a todos sus activos, unidades, inmuebles y otros bienes muebles incluidos. Claro, reequipó a la Tamse con unidades nuevas que en su mayoría eran camiones Volkswagen carrozados que abundan en Córdoba. Es decir, la demanda de sus repuestos es altísima y sus talleres y playas de estacionamiento se incendiaban misteriosa y periódicamente para borrar el sistemático robo de esos repuestos.

Los tres años que le quedan de mandato a Llaryora son suficientes para acometer con iniciativas que pueden ser emblemáticas de su gestión, como lograr la transferencia de cientos de hectáreas desparramadas en la trama urbana. Puede con estos predios transformar a Córdoba en una ciudad verde, con módicas inversiones para espacios recreativos o emprendimientos con más pretensiones con el concurso del sector privado, siempre y cuando los términos de la transferencia de estos terrenos –crecientemente tugurizados- se lo permitan.

Lograr la desconcentración operativa y terminar de sellar los términos del nuevo “contrato” con el Suoem, son tareas necesarias pero complejas. Gobernar marcando la ciudad con obras emblemáticas para retener el municipio en 2023, puede ser ocioso para quien tiene puesto El Panal entre ceja y ceja para ese turno electoral. Recuperar el  trazado e instalaciones ferroviarias abandonadas, es más sencillo, realizable y sin mayores desprendimientos de un Estado nacional con muchas limitaciones económicas.