Llaryora inaugura la gestión de la pospandemia

Tras un 2020 atravesado por la emergencia sanitaria y sus derivaciones, el intendente inaugurará hoy formalmente su segundo ejercicio a cargo del Ejecutivo Municipal, aunque el primero en el que -en una situación al menos próxima a la normalidad- se revelará la agenda real de la ciudad.

Por Felipe Osman

El Palacio 6 de Julio ya ha dejado trascender los ejes que guiarán el discurso que el intendente ofrecerá esta tarde para inaugurar un nuevo período de sesiones ordinarias en el Concejo Deliberante y, a decir verdad, no hay demasiadas sorpresas.

Se hará hincapié en el incipiente inicio de la desconcentración operativa como primer paso para profundizar la descentralización ideada por Rubén Martí; se pondrá en valor la reestructuración de los pasivos del municipio, la contención del gasto salarial y la cooperación con la Provincia para el desarrollo de infraestructura urbana; se resaltarán los aportes realizados por la Municipalidad y los CPC en la lucha contra el covid y se hablará de los avances conseguidos en materia de modernización y digitalización de los procesos de atención al ciudadano. Si acaso, se tocará también el tema de la creación de un organismo para incidir en la gobernanza del Área Metropolitana de Córdoba.

Tal vez la mayor novedad pueda llegar con el anuncio de cambios en distintos mecanismos de fiscalización y habilitación de negocios para agilizar los procedimientos y hacerlos más seguros pero, en rigor, lo central no estará en el balance del 2020, sino en el planteo de un 2021 en el que el peronismo deberá cimentar lo conseguido y afirmarse para comenzar un año que ya no estará incidido por la pandemia en la medida que lo estuvo el anterior.

En otras palabras, Llaryora inaugurará hoy el inicio de la gestión de la pospandemia, y con ella llegarán los problemas y las demandas propias de la normalidad. La verdadera agenda de la ciudad -muy distinta de las dificultades de la emergencia y la tolerancia de los vecinos en momentos de crisis- se revelará.

Con el comienzo del ciclo lectivo, ya presentado como un objetivo impostergable tanto por el Gobierno Nacional como por el Centro Cívico, el propio municipio tendrá que garantizar el funcionamiento regular de sus establecimientos educativos pero, mucho más importante aún, deberá poner a punto un sistema de transporte que empezará a soportar una demanda mucho más parecida a la de 2019 que a la de 2020.

Además, y aunque el Ejecutivo se haya reservado la facultad de prorrogar la emergencia dispuesta por la ordenanza 12.991 por un año más, ya no imperará una suerte de manto de tolerancia hacia los disfuncionamientos de los servicios públicos en atención a la crisis sanitaria. Los vecinos demandarán soluciones y el Palacio 6 de Julio no contará con la justificación de la pandemia.

Aquella crisis que el PJ supo transformar en una oportunidad para comenzar a redefinir la estructura de costos salariales del municipio empezará a quedar en el olvido y, con ello, el Ejecutivo no podrá postergar indefinidamente el regreso de una parte importante de los municipales a sus puestos. Los avances en la contención del gasto salarial deberán terminar de consolidarse con el retorno del Suoem al Palacio Municipal. En otras palabras, a sus puestos de “lucha y resistencia”, a los que suelen apelar para entorpecer las gestiones que no acceden a satisfacer sus demandas.

En suma, el peronismo ha logrado atravesar la emergencia con alguna suficiencia. El programa de Servidores Urbanos resultó clave para mantener a la gestión activa a pesar del profundo y extenso conflicto con el Suoem y las avanzadas sobre el sindicato le permitieron pactar para dar los primeros pasos hacia la desconcentración de las Áreas Operativas. Pero ahora el escenario cambia. Las demandas sociales serán las que imperan en la normalidad, la capacidad de presión del Suoem se recuperará y el Ejecutivo deberá encarar el segundo año de su gestión bajo condiciones bien distintas.