La historia oscura de la Facultad de Odontología

En la causa por venta de exámenes en la Facultad de Odontología hay cuatro imputados y, en apariencia, dos gruesas omisiones: la ex decana Carmen Visvisian y la denunciante Silvia López de Blanc.

Por Gabriel Osman

Visvisian, Lutri, López de Blanc y Luis Olmedo.

Coincidencia o no, después del ’83, la Facultad de Odontología de la UNC comenzó a aportar cuadros importantes a la política de Estado. Por sus cátedras han pasado dos profesores que fueron intendentes de la ciudad de Córdoba, Ramón Mestre y Rubén Martí (curiosamente los mejores, sin discusión, desde el retorno a la democracia), amén de legisladores nacionales y provinciales, y otros cargos de menor jerarquía.

Uno de ellos fue Beatriz Leyva de Martí, esposa de quien fuera jefe comunal y adjunta de la cátedra de Microbiología de su entonces marido. Estaba todavía al frente de esa cátedra Beatriz Leyva cuando ya sonaba en los pasillos de la Facultad la existencia de irregularidades en la cátedra de Microbiología, hoy a cargo de Luis Olmedo, como lo ha denunciado La Voz del Interior. La investigación está radicada en la justicia federal y a su cargo se encuentra el fiscal Maximiliano Airabedian.

Dicho en forma concisa, la denuncia contra Olmedo y otras dos personas (también por omisión de la decana Mirta Lutri) es por el presunto cobro de dinero para poder aprobar la materia, a través de un sistema triangulado por una academia que “preparaba” alumnos para sortear las difíciles exigencias que este profesor ponía para aprobar el examen. Miles de alumnos han pasado a lo largo de más de dos décadas por la referida academia y miles de pesos les habrían cobrado para esta “preparación especial”, por lo que se habla de cifras notoriamente importantes (algunos se animan a poner cifras en millones de dólares).

Nunca estos comentarios trascendieron los pasillos. Primero en la larga estancia de Nazario Kuyumlian en el Decanato y tampoco en los dos primeros años de sus seis de su sucesora, Carmen Visvisian quien, antes de llegar a este cargo, revistó como secretaria Académica, nada menos. No obstante, el presunto negocio de la referida academia marchaba con viento de cola.

Los alumnos que pasaban por la academia y que luego aprobaban el riguroso examen eran víctimas pero también parte del presunto fraude, por lo que si ofrecían su testimonio quedaban expuestos. Eso sí, los rumores crecían y luego decrecían siguiendo el pulso de los ritmos electorales, particularmente el que marcaba cada tres años la elección del decano. Una curiosidad: en las últimas cuatro elecciones ha sido candidata, sin suerte, la denunciante de este caso Silvia López de Blanc.

Pero este silencio se rompió finalmente. El consejero Nicolás Tillar de la agrupación JPO (Juntos por Odontología) presentó en 2010 en sesión del Consejo Directivo de la Facultad (existen pruebas taquigráficas) una denuncia formal en el debate, sin lograr que se tomara medida alguna. ¿Omisión de la decana Visvisian? Misterio. Pero hay más. En 2019, López de Blanc presentó un informe, que tampoco nunca formalizó en denuncia. En ambos casos cabe preguntarse si no ha existido omisión de deberes de funcionario público.

Esta actitud contenida, primero de Kuyumlián, luego de Visivisian y finalmente de López de Blanc, después no fue necesaria cuando tomó el tema el fiscal Airabedian y las redes sociales hicieron su trabajo de multiplicación.

Hay otros dos imputados en la causa que instruye Airabedian, además de Olmedo y la decana Lutri aunque ella –otra curiosidad- fue la única que hizo algo al crear una cátedra paralela de Microbiología, acotando el presunto negocio de la academia.

El fiscal actuante es un funcionario prestigiado por su labor en la justicia federal, por lo que debe descartarse cualquier solidaridad de colectividades con Kuyumlian y Visvisian. Y probablemente requiera próximamente las actas taquigráficas en las que están pintadas las huellas digitales de López de Blanc y Visvisian. Que Kuyumlian y Leyva de Martí descansen en paz.