Con precios internacionales altos, la macro condiciona el nivel de mejora

En 2012 la tonelada de la soja alcanzó los US$650 mientras que ahora ronda los US$ 520. El impulso a la economía existirá pero será menos importante no por esa brecha ni por volumen de la cosecha, sino porque ahora hay déficit fiscal, cepo y no hay acceso al mercado para financiarse.

Por Gabriela Origlia 

En economía el gobierno nacional atraviesa una paradoja. El campo, el sector con el que tiene enfrentamientos cíclicos, es que el que le aporta las noticias positivas. Si los precios internacionales se mantienen como hasta ahora el presidente Alberto Fernández podría tener un tiempo similar al de Néstor Kirchner, entre 2008 y 2012 cuando el viento internacional le jugó a favor. La clave, siempre, es poder aprovecharlo.

Las situaciones son parecidas, no idénticas. En 2012 la tonelada de la soja alcanzó los US$650 mientras que ahora ronda los US$ 520. El impulso a la economía existirá pero será menos importante. El economista Juan Manuel Garzón del Ieral generó diferentes escenarios probables en base no sólo a los precios sino a los volúmenes de exportación.

Con embarques que alcancen los US$ 33.900 millones, un 34% por encima del año 2020, el aporte extra será de US$ 8.600 millones más. Hay escenarios más expansivos, aquellos que suponen ya sea mayores saldos exportables por mayor producción y/o mayores precios internacionales, en los que el aporte de divisas adicional al 2020 supera los US$ 10.000 millones, mientras que hay otros donde sucede lo contrario, los volúmenes enviados y/o los precios de exportación son más bajos y el aporte extra de divisas se ubica cerca de los US$ 5.000 millones (y menos aún). De todos modos, siempre es más que el año pasado.

La otra gran diferencia entre aquellos años y la actualidad es el contexto en que se dan los mejores precios internacionales. Kirchner tenía superávit externo, la Argentina contaba con crédito en el mercado internacional y el déficit fiscal era bajo. Además, el cepo cambiario no había desembarcado en el país. Hoy hay cepo, inflación más alta, el rojo fiscal es un problema importante y hay dudas de que se cumpla el 4,5% presupuestado por este año.

Respecto del frente comercial, luego del buen arranque del año, las perspectivas mejoran. En enero, según datos de Indec, las exportaciones crecieron 7,3% en enero respecto a igual mes del año anterior y las importaciones aumentaron 8,7%. La balanza comercial registró un superávit de US$ 1.068 millones.

La consultora Ecolatina proyecta que el superávit comercial alcanzaría los US$ 14.000 millones en 2021, superando largamente a los US$ 12.500 millones de 2020: “Aunque parte del avance obedecerá a los cambios de política, también habrá una recuperación genuina, en tanto las exportaciones crecerían no menos de 15%, impulsadas por la recuperación de los precios y la demanda internacional”. Entre los factores que colaboran aparecen la suba de los precios de las commodities y la recuperación de Brasil, principal socio comercial de Argentina.

Desde LCG sumaron que las exportaciones repuntarían cerca del 9%. Es claro que el punto de comparación es bajo. Advierten que “la posibilidad de que se atrase el tipo de cambio y una brecha cambiaria estabilizada en niveles altos podrían jugar en contra de los incentivos del sector”. Respecto de las importaciones, plantearon que también tendrían registros positivos, debido a bajas bases de comparación combinadas con la reactivación de la actividad, que aumentará la demanda de insumos. “Sin embargo, la evolución estará sujeta a que el Gobierno no refuerce las restricciones que ya rigen sobre las compras externas”, agregaron.

Respecto del impulso del campo, la consultora FMyA de Fernando Marull desarrolla un índice que mide el “viento de cola” de Argentina basado en el precio de la soja, en el tipo de cambio real multilateral del real brasileño y en el rendimiento de los bonos del Tesoro de Estados Unidos. El promedio del indicador se ubica en 120 puntos, sin embargo, actualmente está cerca de 130, el mismo nivel que en 2008.

El economista hace la aclaración correspondiente: la macroeconomía es diferente por el rojo fiscal y la falta de acceso a financiamiento por eso estima que el impacto “no será tan fuerte” como una década atrás. En el 2000 el rebote de la economía argentina era mucho más importante que ahora. Basta un ejemplo: después de una caída del 10% del PBI en 2020, este año el repunte sería solo de cinco por ciento.